Empieza a dibujarse el mapa de la oposición.

Dentro de dos domingos, los porteños concurrirán a las urnas para elegir diputados nacionales y legisladores locales. Si bien se trata de una elección que a priori no parece muy compleja o determinante, sí lo es para Mauricio Macri.
El líder de Pro enfrenta su primer test electoral desde el sillón de Bolívar 1 y, a juzgar por los resultados de la encuesta realizada por Poliarquía Consultores para La Nacion, se empieza a dibujar un nuevo mapa político de la Capital. Un escenario que, de confirmarse estos guarismos, tendrá efectos determinantes en la construcción del mapa político futuro de la Argentina.

El macrismo aparece liderando claramente los sondeos con Gabriela Michetti al frente, que después de su largamente discutida candidatura, parece haber superado obstáculos propios y ajenos y encabeza la intención de voto para el domingo 28.

Michetti ratifica así dos cuestiones: que desde 2001 hasta hoy es una de las pocas figuras políticas en franco crecimiento (cuya proyección ya trasciende la Capital) y que se ha quebrado el mito de la volatilidad y la alta ideologización del voto porteño.

Con Michetti a la cabeza en la lista de legisladores nacionales de la ciudad, Macri ratifica la preeminencia electoral que tiene desde 2005, ganando una tras otra todas las elecciones. Múltiples factores explican estas cuestiones, pero el más evidente es que 18 meses después de asumir la Jefatura de Gobierno la dupla Macri-Michetti tiene aún crédito abierto y una evaluación positiva de su desempeño a punto de ratificarse.

El Acuerdo Cívico y Social, encabezado por el trío Prat-Gay, Gil Lavedra y Carrió, exhibe por ahora una retracción relativa en la intención de voto, que lo coloca en un distante segundo lugar. Habrá que esperar el transcurso de estas dos semanas para comprobar si su posicionamiento será el que hoy observamos o si logra optimizar su desempeño.

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El gran emergente por estas horas es, sin duda, "Pino" Solanas. Su proyección electoral debe ser analizada a la luz del reclamo social y el desinterés político que generan las opciones más taquilleras y consolidadas. Lo indudable es que se observa una franja creciente de la sociedad que canaliza su voto y su reclamo con una inclinación hacia un candidato que, si bien no asume un cariz antisistema, se presenta como una opción diferente y concita una adhesión considerable pese a la escasez de medios y recursos con los que ha contado para desarrollar sus propuestas.

A Carlos Heller le toca un papel difícil: en una ciudad que hace tiempo decidió darle la espalda al matrimonio gobernante, pelea su espacio y es considerado, por casi la mitad de sus votantes exclusivamente, el representante de Néstor y Cristina Kirchner en el distrito. Aníbal Ibarra aparece por ahora erosionado y muy desdibujado en este nuevo esquema electoral.

Pero este fenómeno no puede ser analizado sólo desde la perspectiva local. El impacto nacional de las figuras que participan del escenario porteño nos traslada al ámbito de la política nacional y del partido que, a futuro, cada uno de los frentes o candidatos está jugando. Macri, a través de Michetti, ratifica y consolida su liderazgo. Se le abre un abanico de posibilidades políticas que habrá que leer en función del resultado que Unión Pro obtenga en la provincia.

La suerte futura de Elisa Carrió también está inexorablemente ligada a los resultados que obtenga el Acuerdo Cívico, tanto en la Capital como en Buenos Aires. El mapa que se empieza a definir es el del rearmado político y electoral de la oposición. De la confirmación de estas proyecciones y del desempeño de todos los actores principales dependerá la dinámica del cambio de los tiempos políticos por venir en la Argentina.

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