Empezaron los controles en medio de un día muy agitado

Empezaron los controles en medio de un día muy agitado
Los inspectores de la Municipalidad de la Capital salieron a controlar esta actividad ilegal. Los vendedores, en respuesta, cortaron calles reclamando que los dejen trabajar.
En la mañana de ayer no hubo vendedores ambulantes apostados en las veredas del microcentro sanjuanino. Fue el resultado de la primera jornada del operativo de la Municipalidad de Capital que tiene por objetivo impedir la venta callejera ilegal. Y, como reacción, hubo protestas y cortes de calles en cinco de las intersecciones más transitadas.

Un grupo de 40 ambulantes se concentró ayer sobre la vereda de calle Laprida llegando a Tucumán. Ninguno se había atrevido a poner la mercadería sobre el piso, ni siquiera a sacarla de los bolsos, por miedo al decomiso. Sabían que desde las primeras horas de la mañana los inspectores municipales estaban recorriendo las calles para evitar que estas personas instalaran sus puestos, ya que es una actividad prohibida por ley, porque evade impuestos y representa una competencia desleal.

Media hora de deliberación concluyó con la decisión de hacer un piquete. Los vendedores se apostaron en los cuatro pasos de la intersección de Libertador y Tucumán, provocando un verdadero caos en el tránsito. "Es la única forma de hacernos oír", dijo una embarazada mientras que, junto a otros de los manifestantes, se puso por delante de un colectivo que pretendía retomar su marcha. Sólo un remisero recibió clemencia y el permiso para pasar. Llevaba una nena enferma al hospital.

Unos 15 minutos duró el piquete en esa zona. Pera la protesta no terminó. Los vendedores luego cortaron las esquinas de Libertador y Mendoza, Mendoza y Rivadavia, Mendoza y Mitre, para terminar en Laprida y Rioja. Pero con más ruido. A los aplausos y gritos sumaron algunos petardos que consiguieron en una distribuidora a la que aún le quedaban algunas cajas.

"Vamos a seguir con los cortes hasta que alguna autoridad del municipio venga a hablar y a darnos alguna solución", sostuvo Alejandro, vocero de los ambulantes. La respuesta del secretario de Gobierno de la Capital, Ricardo Pintos, consultado por este diario, fue más que contundente: "Los funcionarios no somos rehenes de nadie -dijo-. Si quieren hablar conmigo, los espero en mi oficina. Pero sólo será para informarles cómo conseguir la habilitación para trabajar dentro de la ley como lo hace el resto de los comerciantes que cumplen con todas los impuestos y demás obligaciones".

Mientras, Alejandro era el vendedor ambulante más preocupado de todos. Contó que hace unos días había pedido un préstamo en una financiera para comprarles útiles a sus cinco hijos. Y que si no podía seguir vendiendo en el microcentro no podría devolver el crédito. "La venta en las veredas es el único trabajo que tengo -sostuvo-. No tengo planes sociales ni otro tipo de ayuda, y tampoco la quiero. Sólo quiero que me dejen laburar. Además, al chico que vende anteojos en la Rivadavia el inspector le llevó todo sin siquiera hacer un acta de infracción o entregarle un papel donde se dejara constancia de qué se llevaba. ¿A quién le vas a reclamar lo que te pertenece?".

Frente a estas acusaciones, Pintos aclaró que en ningún momento se decomisó mercadería porque cuando los inspectores recorrieron el microcentro no encontraron ningún vendedor ambulante in fraganti.

Rosana, otra vendedora, dijo que su sector no representa una competencia desleal para los comerciantes que están habilitados y que tienen los impuestos al día. "Nosotros vendemos chucherías baratas que apenas nos alcanzan, cuando tenemos suerte, para la comida del día -dijo la mujer-. Y a veces le compramos a esos mismos comerciantes que se quejan, para revender. No le hacemos daño a nadie".

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