Empeora la situación de los ex trabajadores de Metalúrgica Moreno, tras 15 días de protesta

Aún no existen soluciones para los 12 cesanteados. Sin empleo, aparecen las dificultades para atravesar el día a día. Dos obreros atraviesan problemas de salud y no pueden costearse sus tratamientos médicos.
La situación de los ex trabajadores de Metalúrgica Moreno se torna cada vez más grave con el correr de las horas, según comentaron ayer los propios damnificados, al cumplirse quince días de la protesta.

Los obreros, desocupados desde el inicio de este mes por el cierre de la firma, continúan manifestándose en uno de los accesos a Metalúrgica Tandil, en la esquina de Pratt y Figueroa, a través de carteles y quemas de cubiertas, lo que motivó la queja de los vecinos.

La fábrica Moreno, en la que se desempeñaban los despedidos, dependía, para subsistir, de la planta ante la que emplazaron su protesta.

Entonces, debido al cierre de la empresa empleadora y la negativa de pagarles la correspondiente indemnización, los trabajadores decidieron pedirle respuestas a Metalúrgica Tandil.

La complejidad de la crisis le trunca las vías a una salida e impacta directamente en la vida cotidiana de cada una de las familias de estos 12 trabajadores cesanteados.

De las dificultades que se les presentan en el quehacer cotidiano ante la falta de un ingreso, hasta la imposibilidad de costearse medicamentos y tratamientos por problemas de salud, dialogaron con El Eco de Tandil, en el escenario en donde desde hace 15 días elevan su reclamo.

La única arma

El delegado de los obreros, Fabián Franchini, fue el que contó primero su historia: "Tengo tres hijos. Mi esposa no trabaja. Subsistimos con lo que nos dan el gremio y la gente. El último sueldo que cobramos fue en diciembre. Después estuvimos trabajando en el mes de febrero, pero ahora se cayó todo", señaló.

Franchini también se refirió a la ambivalente relación con los vecinos de la zona. Primero, destacó que les entregan mercadería para sus familias, y les dan yerba y facturas para ellos.

Sin embargo, no desconoció que "los vecinos más cercanos se encuentran molestos, porque no pueden tender la ropa, ni salir a la calle" y agregó que "algunos chiquitos tuvieron problemas (por el humo) y debieron acudir al Hospital".

"Cuando nos escuchan, entienden el problema que tenemos y se les va el enojo. Nosotros también los entendemos, porque pasa el tiempo, no hay solución y ellos se encuentran todos los días con la quema de gomas. Esta es la única arma que tenemos y hay que seguir", reflexionó.

La escuela

y la casa

En marzo, con el inicio de clases, los trabajadores de Metalúrgica Moreno ya sentían con fuerza los coletazos de la crisis, tras tres meses sin salarios por el parate. "Nos hubiese gustado mandar a la escuela a nuestros hijos como corresponde. Sólo les pudimos brindar una lapicera y un cuaderno para que puedan estudiar", afirmó el trabajador Víctor Ortiz.

La falta de casa propia es otro de los problemas con el que deben enfrentarse. La cuestión hace mella en todos los empleados medios de la ciudad, por el alto valor de las propiedades y las rentas, y el acentuado déficit habitacional.

"Acá hay familias que tenemos que costear alquileres e impuestos, y en este momento no podemos cumplir porque no tenemos nada. Algunas personas que nos alquilan nos entienden; y otras, no", contó Ortiz.

La situación de Federico Lavallén, uno de los obreros más jóvenes, no difiere de las antes expuestas: "Estoy casado y mi esposa está esperando mi primer hijo. Por una cuestión obvia, ella ahora no puede trabajar. Con la ayuda del programa que cobramos el mes pasado, fuimos tirando. El mes que viene no sabemos qué va a pasar. A medida que pasa el tiempo todo se pone cada vez más difícil", sostuvo, con preocupación.

Y las mismas dificultades atraviesa Jorge Strack, con un hijo recién nacido, una hija en edad escolar y un préstamo en el banco que, aseguró, se le hace "imposible" pagar.

"Quiero pedirle disculpas a la gente. Sabemos que esto es una gran molestia, pero es la única forma que tenemos de manifestarnos. Pido que entiendan nuestra situación. Queremos el trabajo que nos merecemos o que nos paguen la indemnización.", sintetizó.

El costo

de la salud

Los problemas económicos se vuelven más arduos de afrontar si alcanzan a la salud. Uno de los trabajadores, Domingo Rosas, está operado del corazón y necesita tomar medicaciones de por vida. "Tengo dos bypass –contó–, y sólo las pastillas para el colesterol salen más de cien pesos. Hasta ahora las iba consiguiendo, pero ya no sé cómo voy a hacer para comprarlas".

Strack, por otro lado, expuso el caso de otro de los obreros despedidos, Hugo Ferrari, "que tiene que viajar mañana –por hoy– a Buenos Aires, por un problema oncológico. Es muy difícil esta situación para él, más cuando se trata de una enfermedad de este tipo", señaló.

En el final, el delegado, Fabián Franchini, invitó a los vecinos a dialogar con ellos e "interiorizarse en el tema, porque se dicen muchas cosas, pero nada es concreto"; y Víctor Ortiz desmintió a quienes los acusaron de provocar disturbios. "Nos denunciaron por romper vidrios e insultar a la gente, y nada de eso es verdad –se quejó–. Nuestra protesta es pacífica. Peleamos por el pan de nuestra familia y queremos lo que nos corresponde para retirarnos de acá. Pasado el tiempo, sé que la vamos a ganar", concluyó. *

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