Emilio Pérsico, un peronista que suele andar a contramano

Por: Julio Blanck.

Emilio Pérsico, 60 años, nacido en La Plata, milita desde la adolescencia y siempre fue un pesado. Ayudado por su imagen inconfundible, la pelada notoria y la abundante barba entrecana, tiene el aspecto de un tipo que parece ir a contramano. Es más que la pinta: Pérsico va a contramano.

¿Un ejemplo? El sábado 19 de setiembre, once semanas después de la ruidosa derrota electoral del kirchnerismo, armó un acto en Congreso y desde allí proclamó a Néstor Kirchner candidato a presidente para 2011.

Tan a contramano como cuando en la presidencial de 2003 desde su agrupación piquetera llamó a votar en blanco. Recuérdese: había tres candidatos peronistas y uno de ellos, caballo del comisario, era Néstor Kirchner. Después, cuando se hizo kirchnerista, se hizo a lo bestia.

Su principal ejercicio de contradicción fue la renuncia de esta semana al cargo en el Ministerio de Desarrollo Social. Entiéndase bien: Pérsico renunció y se fue, cuando otros renuncian para quedarse (Guillermo Moreno le hizo media docena de veces el jueguito a Néstor y a Cristina). Y se fue para no causarle un costo político al gobierno y al proyecto al que sigue adhiriendo, a contramano de una clara mayoría social expresada en la eleción de junio.

Pérsico se fue porque a su hijo Pablo lo embocaron trasladando media docena de plantas de marihuana en una camioneta de Desarrollo Social. No había nada en contra suyo. Y se fue, sin echar una mirada atrás, de un Gobierno donde los acusados de corrupción se atornillan a su silla todo lo que pueden; donde los secretarios presidenciales se enriquecen en proporciones aún más descomunales que el matrimonio presidencial; y donde al dejar por fin la Secretaría de Transporte, Ricardo Jaime cosechaba 29 denuncias y 16 causas abiertas en su contra.

Pérsico acredita otra originalidad: de todos los jefes piqueteros kirchneristas es el único peronista de verdad.

Las otras vertientes del piqueterismo oficial vienen del cristianismo de base, del anarquismo o del ancho tronco marxista y alguna de sus múltiples derivaciones. Ese origen ideológico y la competencia que le presentan en la base social explica fácil la inquina sin disimulo que los intendentes peronistas y los caudillos sindicales sienten por esos incómodos compañeros de ruta con los que, suponen, más temprano que tarde terminarán enfrentándose.

Pero Pérsico es peronista desde siempre. En los años '70 fue militante secundario en la UES, después pasó a la Jotapé y se hizo soldado montonero. Anduvo exiliado en México y Brasil. Sus amigos cuentan que participó en la contraofensiva montonera del '79. Y que cuando se agotaba la dictadura se sumó a Intransigencia y Movilización, la cobertura partidaria que tomó el peronismo revolucionario.

Las decepciones que derivaron de la frustración peronista en el retorno democrático lo empujaron a dejar la política de superestructura y volvió a empezar desde abajo. Algún memorioso, hoy funcionario de la Casa Rosada, lo recuerda a Pérsico atendiendo una verdulería en la esquina de 7 y 32, en La Plata. Eso sí: con la foto de Evita bien grande y a la vista de todos. A contramano en pleno fervor alfonsinista.

Después fundó Quebracho, el grupo más anárquico y violento de los últimos tiempos. Y cuando no le gustó cómo se acomodaban las cargas en Quebracho y atropellaba la desocupación galopante del segundo menemismo, armó el MTD Evita, organización piquetera dura que es el antecedente directo del Movimiento Evita, al que creó ya en pleno kirchnerismo.

Hoy, el Movimiento Evita tiene presencia en todo el país, con más incidencia en Buenos Aires, Santa Fe, Santiago y Río Negro. En sus filas se anotan dos docenas de legisladores, centenares de concejales y de funcionarios provinciales y municipales.

A Pérsico hay cosas del Gobierno que no le gustan, aliados del kirchnerismo que le meten más miedo que cualquier opositor. Pero en público defiende con el mismo énfasis lo bueno y lo malo. No se permite fisuras, fiel a su formación ideológica blindada. Y empuja la candidatura de Kirchner, una empresa improbable, porque cree que así se levanta un muro "para proteger lo que se avanzó en estos años". Y porque "cualquier otra variante está a la derecha".

La noche que se fue, Kirchner amagó retenerlo, pero él rechazó el intento. Ya le había presentado la renuncia a su hermana Alicia, la ministra, que se la aceptó volando.

Pérsico sigue siendo kirchnerista. Y sigue viviendo en un barrio muy pobre de San Fernando. Siempre a contramano.

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