La Emergencia Sanitaria vive desde 2006 casi sin control

Por: Rubén Rabanal

uan Manzur asumió en el Ministerio de Salud con un pan debajo del brazo: Cristina de Kirchner le firmó el 3 julio un decreto haciendo uso de los superpoderes que le otorga el artículo 37 de la Ley de Administración Financiera por el que reasignó a su cartera $ 1.000 millones para ayudar a combatir la epidemia de gripe A. En realidad, no se explica por qué la Presidente acudió a los polémicos poderes especiales cuando la Emergencia Sanitaria, plenamente vigente en el país desde 2002, le otorga ya la posibilidad de tomar medidas sin requerir ninguna delegación de facultades del Congreso.

Hasta allí podría tratarse de una elección legal en el Gobierno sobre qué camino tomar para llegar a la misma medida. Pero las curiosidades de esta emergencia comienzan a aparecer cuando se vuelve a repasar su historia y la de la ley que reglamentó el control de los decretos de necesidad y urgencia, de la delegación legislativa y los decretos de promulgación de leyes, impulsada por Cristina de Kirchner en 2006 cuando presidía la Comisión de Asuntos Constitucionales. Allí queda claro que la Comisión de Control Parlamentario que se creó para auditar el uso de la Ley de Emergencia Pública sólo mantiene facultades para controlar el proceso de renegociación de contratos con empresas de servicios públicos privatizadas, tal como había sido fijado en 2003 cuando el Gobierno prorrogó por primera vez el plazo para renegociar esos contratos.

Así, el control de cualquiera de las otras «emergencias» pasó inmediatamente a la comisión de los DNU. Y en esa lista está incluida la Emergencia Sanitaria que Eduardo Duhalde promulgó por decreto en 2002 y luego quedó asimilada a la Ley de Emergencia Pública. De ahí que Manzur declarara, con toda lógica, que nunca fue necesario aprobar una emergencia sanitaria en el país porque simplemente esa declaración está vigente desde 2002. No se entiende, entonces, el papelón que debió sufrir el Gobierno en el Senado cuando, por pedido de Graciela Ocaña, se dispuso a aprobar la emergencia para atender con mayores recursos el brote de dengue. Esa votación fue interrumpida en medio de la sesión cuando un teléfono desde la residencia de Olivos le ordenó a Miguel Pichetto suspender la aprobación de la ley. El justificativo oficial fue luego que se pondría al país al borde de una declaración internacional de emergencia sanitaria con temibles consecuencias económicas. Ahora parece claro que el Gobierno no sabía que esa emergencia ya existía. O mejor dijo, que Néstor y Cristina de Kirchner no sólo siempre gobernaron en medio de la excepción económica, laboral, social y habitacional, sino también sanitaria.

En resumen: el control del uso de fondos para atender las situaciones de excepción en materia sanitaria quedó en medio de una nebulosa de controles que termina esfumándose en medio de la mayoría automática con que el Gobierno consigue ratificar en el Congreso todos sus decretos de necesidad y urgencia.

La diferencia es importante porque los $ 1.000 millones que el Gobierno le sacó a la Policía de Seguridad Aeroportuaria, a la Agencia Nacional de Desarrollo de Inversiones, la ONCCA, los subsidios a Metrovías, Trenes de Buenos Aires, la UGOFE, a Energía Argentina SA y al Ministerio de Producción, no entrarán ahora bajo el control de la comisión que debería supervisarlos en el Congreso, como tampoco cualquier otra medida que se tome para combatir la emergencia.

Así, la historia de la gripe A sirvió también para revelar que la ley que reglamentó el uso de los DNU avanzó en otras materias, además de liberarle el camino a Néstor Kirchner en 2006 para que todos sus decretos mantuvieran su vigencia los ratificara o no el Congreso en un plazo determinado.

Por el contrario, limitó los controles de la Ley de Emergencia Pública y por lo tanto redujo las funciones del Congreso en cuanto a la auditoría de todas las medidas que tomara el Poder Ejecutivo en uso de esa Emergencia que el Gobierno se resistió siempre a derogar y que Cristina de Kirchner siempre se negó votar.

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