El MPN se emepenizará

El proceso político neuquino está a punto de recuperar sus rasgos esenciales, después del relativo fracaso de una política “distinta”. El fracaso de la gestión K en el país incidirá en una emepenización del MPN, y en la inevitable consecuencia de la unidad (siempre conflictiva) opositora.
A un mes y medio de terminar el año, el gobierno de Jorge Sapag reacomoda su gestión, con la primera parte de su estrategia cumplida a medias, y con la necesidad de reimpulsar la mística partidaria que le permitió llegar al poder ejecutivo.

La estrategia de paz social y de “anticipación” a los conflictos resultó un paliativo que duró unos meses, pero que –es evidente- no solucionó la cuestión de fondo: esto es, la pelea por la renta y el poder entre el Estado y los sindicatos estatales permanece, y reconoce variables negociadoras o belicistas, según la coyuntura.

En este punto, el gobierno de Sapag chocó contra la evidencia de que no importa quién esté en el poder, el sindicalismo estatal lo que quiere es participar de ese poder, cogobernar lo más posible.

Esto es lo que está en los genes de la singular república que es Neuquén. Por eso, en realidad los sindicatos estatales luchan por ser más oficialistas que el propio gobierno. El que esté más cerca del poder es el que más condiciones podrá imponer y beneficios disfrutar.

Resulta llamativo, en este contexto, que ATE pugne ahora por participar del “negocio” de los créditos que recibió UPCN durante la gestión de Sobisch.

Sobre todo si se tiene en cuenta que antes de Sobisch, durante la gestión de Felipe Sapag, ATE tuvo su negocio en el mismo sentido financiero-crediticio, a través de un pacto que permitió descontar por planilla créditos a través de una financiera, en un sonado caso que tuvo sus derivaciones judiciales.

La estrategia de funcionar en “coordinación” con el gobierno nacional, que en la práctica fue un drástico cambio de enfoque político, de la confrontación anti-K de Sobisch, a la pro-K de Sapag, también ha funcionado a medias.

Hubo varias razones para este discreto desempeño, pero la principal de ellas fue sin duda que el gobierno de Cristina Fernández ha resultado un fiasco. Desde que empezó hasta ahora, no ha cesado de generar conflictos, perder popularidad, errar caminos económicos y acentuar el aislamiento de Argentina del resto del mundo.

En el último tramo del año, la crisis financiera y el principio de la recesión de la economía internacional afectó además el negocio de los commodities, con fuerte baja en los precios de granos y cereales, principales exportaciones argentinas.

Así, Neuquén obtuvo excelentes relaciones políticas, pero pocos resultados concretos. Si exceptuamos las promesas y la profusión de convenios para participar de comisiones o equipos interdisciplinarios (negocio de la burocracia política, pero pocos efectivos en la práctica de beneficiar a los ciudadanos) ni Neuquén ni ninguna otra provincia en Argentina (con excepción, tal vez, de Santa Cruz) ha ganado con los Kirchner.

Por el contrario, el cálculo de pérdidas relativas (es decir, plata que podría haber entrado y no entró) por mala coparticipación, por el manejo estatal abusivo de los precios del petróleo y el gas, supera holgadamente a los beneficios.

En el rubro de los beneficios, los planes de gas plus, petróleo plus y refino plus han marcado una mejora dentro de un contexto desmejorado, y un poco a contramano de la realidad del contexto internacional. Por esta contradicción, se duda de que provoquen una explosión de inversiones empresarias. Más bien, es posible que el desempeño siga siendo, en lo inmediato al menos, mediocre.

Así las cosas, lo que ha conseguido Neuquén ha sido fruto más que nada de su propia gestión. Es el caso de la renegociación de los contratos petroleros. No ha sido, sin duda, la mejor negociación posible. Pero es lo que se ha conseguido, y es plata concreta, a mano, disponible. Es, en realidad, lo que marca la diferencia entre Neuquén y otras provincias. Es el recurso al que se aferrará con fuerza el gobierno de Sapag para marcar lo mejor de su gestión, o lo que puede preverse como mejor: obra pública y financiamiento de la inversión privada, para alimentar el cambio de perfil productivo que desde hace años trabaja la provincia.

En esta gigantesca paradoja, en este impresionante batallar entre la retórica y la realidad, queda claro que el MPN en el gobierno gana cuando hace coherente su propia historia (con defectos y virtudes) y pierde cuando intenta cambios que en realidad no siente en sus propios componentes genéticos.

Por eso, y por imperio del devenir de su propia interna política, que ocupará buena parte de los desvelos de estos meses y el principio del año próximo, el MPN volverá a “emepenizarse”.

Si los políticos de la oposición esperaban en algún momento conseguir meter cuñas disimuladas, quintas columnas que propiciaran la fragmentación del partido provincial, podrán comenzar a ver –una vez más- el inicio de un fracaso.

La mecánica del proceso neuquino lleva inexorablemente a la reafirmación del MPN como partido-movimiento, y a la construcción multipartidaria de la oposición. Estos son los dos rasgos fundamentales, no de ahora, sino de los últimos 20 años.

En este contexto, a la oposición solo le queda perseverar en su experimento de gestión en la comuna capitalina.

Y al MPN, resolver su interna de la manera menos cruenta posible, sin que esto implique anular la competencia.

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