Embarques, en busca del tiempo perdido

Por: Silvia Naishtat

En el amplio piso con vista al puerto se transpira adrenalina. Del techo cuelgan pantallas con la cotización del mercado de Chicago y de Rosario. De pronto, un operador da el grito. La soja acaba de bajar 50 centavos, en medio de rumores sobre el comercio de granos. Las versiones nacieron en la Bolsa, crecen entre los ruralistas y el Gobierno no desmiente.

Allí, los escritorios tienen varios teléfonos y líneas punto a punto con Chicago, Rotterdam y Moscú. Es el centro de operaciones de una de las principales exportadoras, que puso como condición no ser mencionada. Un trader -como se los llama en la particular jerga del negocio- cierra ventas de aceite a granel a la India. Lo informa al sector logística y al de finanzas. Hay que conseguir la mercadería, el buque y la carta de crédito. Hace unos años podía llevar semanas. Ahora es cuestión de días.

En febrero de 2008 en la misma sala proyectaban hacia 2010 una cosecha de 120 millones de toneladas de granos y se agarraban la cabeza porque imaginaban cuellos de botella en rutas y puertos, pese a que Argentina titila en ese renglón como uno de los países más eficientes del mundo. La taba se dio vuelta. Ahora creen que en 2010 la cosecha arañaría 90 millones de toneladas. ¿Y los precios? "El mundo seguirá comprando alimentos pero pagará menos. La pérdida se siente: 30% en promedio, el último año", dice el CEO.

El comercio de granos se concentra en compañías de tamaño superlativo. Entre Cargill, ADM y Bunge facturan tanto como el PBI de la Argentina. La discreción es regla y los operadores tienen un afán detectivesco para averiguar desde los datos más extravagantes hasta qué mercado deja sin atender el competidor y anticipar el clima y su impacto en la cosecha.

Argentina lidera en el planeta en exportación de soja y girasol. Claro que el conflicto con el campo cambió las cosas y los importadores dudan si se puede cumplir con los embarques. Eso se traduce en un castigo en los precios. Afuera oscurece y llega telefónicamente la noticia del informante chino. Allá la sequía también hace estragos. La buena noticia es que Beijing demandará más de lo previsto.

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