Emanuel Ginóbili: "Uno sabe que es menos decisivo que antes"

Emanuel Ginóbili:

Un Manu recargado, en LA NACION , antes de volver a la NBA con 38 años: "No es que sólo juego por beneficencia, sino que siento que puedo darle muchas cosas todavía al equipo"

Manu Ginóbili es uno de esos tipos a los que es más usual que se les haga temprano en vez de tarde. El avión que lo trajo desde Bahía Blanca aterrizó con adelanto en Aeroparque y con algo de adelanto él llegó a la cita en la redacción de La Nacion, poco antes del mediodía, para el ritual de una entrevista que se repite desde hace más de una década. Junto con agosto empezaron sus actividades, después de unas vacaciones bien diferentes a cualquiera de las anteriores. Apenas "un mes y monedas" (como él mismo precisa) después del cierre de la temporada había tomado una de las decisiones más trascendentales de su carrera y, desde que lo hizo, desde que anunció que seguiría jugando al básquetbol un año más, se perdió en la intimidad del lugar donde más le gusta perderse: en su ciudad, con su familia, con sus amigos. Sólo después de ese respiro, de esa recarga, vuelve a poner la maquinaria en marcha. Entrenamiento, entrevistas, conferencias, todo lo que precede a una temporada que, esta vez sí, se supone, será la última.

Estira sus piernas cuan largas son hasta aprovechar al máximo el plató de "Conversaciones la nacion" y rápidamente se olvida que hay tres cámaras tomándolo. Las respuestas se desgranan con la misma naturalidad y claridad que en la charla posterior, que se extiende por una hora "y monedas". Es otro y es el mismo. Asume que está preparado para un nuevo rol, menos protagónico en minutos de juego, pero remarca que no se quedó en los Spurs para pasear por los Estados Unidos. Reconoce que son remotas las chances de volver al seleccionado, pero confiesa que no es capaz de cerrar la puerta definitivamente. Metódico y obsesivo, ordena una y otra vez las servilletas dispuestas sobre la mesa como lo hace con sus palabras para hablar del verdadero significado del triunfo y de la derrota, de LeBron y de Bryant, de Messi y de Tevez, de Scola y de Delfino. Deja claro que disfrutará lo que está viviendo y que disfrutará lo que está por venir. Animal competitivo al fin, lo suyo siempre es un desafío. Y nunca se le hace tarde para ir por más.

-¿Tenés más responsabilidades por continuar?

-No, tengo menos ahora. Más tienen (LaMarcus) Aldridge y (Kawhi) Leonard. Yo voy a estar más tranquilo, por lo que sucedió en los últimos años y por la natural decadencia en minutos, porque pasé de jugar 24 o 23; ya no puedo jugar 82 partidos de 30 minutos por más que quiera. Me considero importante en el equipo, en el armado y en la unión, pero no tanto en el juego. Uno sabe que es menos decisivo que antes y tiene menores expectativas. Gran parte de lo que hacía el equipo hace tres o cuatro años dependía de lo que hiciera yo. Ahora es como que. "Leonard, hacete cargo", o Aldridge, o Tony Parker, o quien sea. Cambia bastante.

-Pero tu incidencia puede ser mayor en la conducción.

-Lo de conducir sale más fácil. Si Popovich me pide que haga 20 puntos y juegue 30 y pico de minutos siempre, me parece que ya no estoy para eso. La otra parte es más natural. Después de 13 años conozco el sistema como Pop, como Tim (Duncan) o Tony, lo tengo muy adquirido. Ya sé cómo piensa Pop, por eso le puedo decir algo a algún jugador antes que se lo diga él. O en el momento que él está loco y está por decir algo fuera de lugar, me permito detenerlo y advertirle que ya le marcamos la idea o el error. Ese conocimiento hace que todo funcione.

-Hablaste con Popovich y con Duncan antes de tomar la decisión. ¿Podés contar qué te dijeron?

-De Pop, no. Pero lo de Tim, sí, porque es más o menos lo que hablé yo. Tim estaba más decidido que yo, dependía más de un tema familiar, para él era más importante eso. Para mis hijos todavía no es un problema esto, no saben bien qué está pasando, qué hago y por qué. Mis hijos piensan que jugar al básquetbol, salir en la tele o aparecer en un cartel es algo normal para un padre. Nacieron con eso. Vamos caminando por un parque y me piden una foto y lo ven natural. Incluso les pregunto: "¿Saben por qué me pidieron una foto?" Y me dicen que no tienen ni idea. No entienden que el deporte es algo tan selecto. Para ellos es natural que yo me vaya cuatro o cinco días, es así. Pero si se va mi mujer, es un caos todo.

-Intriga saber qué te dijo Pop.

--Nada del otro mundo. Al estilo Pop, seco y contundente.

-¿Pero ayudó a convencerte de seguir?

-Sí, claro. Porque si venía y me decía, como sé que les dijo a otros: mirá, creo que ya no estás para tal o cual cosa, o ya no sos el mismo de antes, lo mejor sería que busques otro horizonte, era todo diferente. Pero que me quiera tanto, que me haya tratado de convencer, fue un gran empuje.

-Con un entrenador tan especial, ¿pensaste en algún momento ser técnico?

-No. Me gusta mucho el básquetbol, la estrategia, lo mental que hay detrás de esto, pero es un laburo de locos. Hay que estar un poco loco para hacerlo. Y sí quiero tomarme un año de descanso. Esta gente no baja un cambio nunca, porque trabajan muchísimo. Nosotros vamos, jugamos, nos entrenamos y se acabó. Ellos están mucho tiempo a disposición, en el armado del equipo, la competencia, la pretemporada, el draft. Es realmente agotador.

-¿Tampoco te ves dentro de un grupo de trabajo?

- Algo con la franquicia puede ser. Pero con otra responsabilidad. Estoy en un momento de mi vida en el que valoro mucho mi tiempo más que otra cosa. No creo que esté dispuesto a trabajar de junio a julio. Algo con menor responsabilidad o más temporario, tal vez lo consideraría.

-¿Cuánto te moviliza seguir ganando a esta altura?

-Un poco menos que hace dos años. La derrota con Miami en 2013 me hizo cambiar bastante. Estoy más tranquilo. Esa madurez me llegó algo tarde en mi carácter y en mi carrera. Pero hay derrotas y derrotas. Y la de 2013 fue una frustración matadora.

-¿Aprendiste mucho más de las derrotas que de las victorias?

-Totalmente, sí. Es tremendo cómo la derrota te hace más humilde, te dignifica y te hace laburar más. La victoria, por más que es lo que todos buscamos y te hace vivir los momentos más altos, te relaja. La derrota en la final de 2013 me permitió el triunfo de 2014; muchas veces me pasó eso. Hay derrotas que te hieren tanto que te hacen dar lo mejor en la próxima. No querés permitir que el azar sea un factor. Si lo hago, si sigo, no es para estar bien ni para recorrer EE.UU.; es porque uno tiene objetivos grandes y quiere revivir sensaciones que vivió en los mejores momentos de su carrera. Ayuda un montón estar en un lugar donde me tratan cien puntos, donde siempre está la chance de ganar, donde hay un grupo humano impecable.

-¿Imaginaste en algún momento que ibas a jugar 14 temporadas en la NBA?

-Ni loco, ni cerca. Y menos yo, que llegué a los 25 años. Tony Parker nunca tuvo dudas que iba a jugar 14 años en la NBA. Es lógico para él. Pero yo llegué más grande y con mucha selección, casi sin descanso. Después de los dos primeros años en San Antonio, hay notas en las que se decía que no iba a jugar ni hasta los 32 años en la NBA. Por mi forma de jugar, por no parar nunca. Pero se fue dando así y no puedo creer que a los 38 todavía el equipo me quiera y que sientan que todavía puedo jugar. No es que sólo juego por beneficencia, sino que siento que puedo darle muchas cosas todavía al equipo.

-Cuando te dicen que sos el mejor deportista argentino de la historia, ¿qué pensás?

-Es la misma idea. Me pregunto: ¿cuándo fue? ¿cómo pasó? Uno no se imaginaba estar ahí de chico. Nadie se lo imagina cuando empieza en el deporte. Tampoco pensaba jugar en la NBA. Si nunca había habido un jugador argentino en la NBA, por qué me iba a tocar a mí. Son cosas que se van dando y se valoran más cuando se para la pelota. Estoy a los 38 años buscando otro campeonato de la NBA; podía resultar ilógico si alguien me lo planteaba antes.

-Hace poco Bruce Bowen dijo que vos le diste una cuota de humildad a muchos en la NBA, por tu manejo con los hinchas.

-Bueno... Hago lo que me parece correcto. Si me preguntás si me gusta firmar un autógrafo, te diría que no; prefiero que me hable y charlemos de algo antes de firmar un autógrafo. Sé que para la gente es valioso. Sobre todo en la cancha, la gente que hizo el esfuerzo de venir a verme y te dice una palabra linda y demás; ahí me tomo mi tiempo. Si estoy en un parque con los chicos y alguien me pide un autógrafo, no me cae muy bien, siento que les están robando tiempo de atención y de cuidado a mis hijos. Lo hago igual la gran mayoría de la veces.

-¿La familia podía influir en tu determinación de no continuar?

-Estaba dispuesto a que sea definitivo. Si mi mujer me decía que quería que me quede un año en casa, lo hubiera considerado para inclinar la balanza. Pero me dijeron que no tenían problemas. Incluso ella me dijo que no estaba lista para afrontar el retiro, porque ella también lo afronta. Son muchos años haciendo lo mismo. El retiro para un atleta es traumático. Cuando terminó la temporada quería tomarme un tiempito. Tuve días de considerarlo seriamente; otros, no tanto. Tenía muchas dudas. Y si tomás la decisión de retirarte, después es imposible volver.

-¿Te preparás para eso?

-Sí, hace tiempo que lo hago. Laboralmente no, porque todavía no lo estoy. Pero desde lo mental estoy preparado. Si bien el vestuario no hay forma que no lo vaya a extrañar, o la competencia, o la adrenalina del juego, es inevitable. Nada me va a poder dar lo que me da prepararme para una final. Pero creo que estoy más preparado que hace cuatro años..

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