Emancipación con bandera agraria

Por Carlos Pagni

Hubiera sido mejor ?sólo por cábala? que Daniel Scioli usara otras palabras para hablar sobre su relación con los Kirchner después de visitar a la Comisión de Enlace agropecuaria. "La Presidenta me va a entender", dijo el viernes a La Nacion. Vaya coincidencia: Julio Cobos, antes de emitir su voto no positivo, había dicho lo mismo. Aunque hay que admitir que el resultado del 28 de junio está cambiando algunas conductas. Por ejemplo: Cristina Kirchner, que nunca más invitó a su vicepresidente a un acto, mantuvo la reunión prevista para hoy con el gobernador. La impotencia vuelve más tolerante a la gente.

El giro de Scioli no se debe a una inesperada iluminación camino de Damasco. Es parte de un programa. Aun cuando él prefiera la explicación telenovelesca de que ha vuelto a ser "el de siempre", como si los Kirchner lo hubieran tenido alienado durante 6 años con el suministro de alguna pócima misteriosa.

La visita de Scioli a la Rural fue la coronación simbólica de un movimiento más amplio: la decisión del PJ bonaerense de emanciparse del impostado liderazgo de Kirchner, un santacruceño que lo llevó a la derrota.

La jugada de Scioli no es nueva. Reproduce el repliegue provincial de Eduardo Duhalde cuando decidió enfrentar a Carlos Menem, en 1995. El primer capítulo es el pacto con los intendentes, sellado sobre la caja de la beneficencia. Baldomero Alvarez se convirtió en ministro de Desarrollo Social para reponer los programas alimentarios que en tiempos de Duhalde organizaba su amigo Daniel Lalín. Alvarez reemplaza a Daniel Arroyo, quien propició que los desposeídos se liberaran de los punteros a través de una tarjeta de consumo financiada por el Estado. Pecado mortal al que varios intendentes atribuyen la derrota. Así de cruel.

Scioli pretende también un blindaje que ampare a la dirigencia bonaerense de la arbitrariedad fiscal de la Casa Rosada. En su cuaderno espiralado, Kirchner clasificó a los intendentes en cinco categorías, según la lealtad que les atribuye. En la A figuran sólo dos bienaventurados: Ishii y Otacehé. En la D se retuercen, como en el infierno del Dante, Massa y Bruera. Para terminar con este régimen, el gobernador pedirá hoy a la Presidenta un nuevo fondo del conurbano. Serían $ 2500 millones, el equivalente en dólares a los 700 millones de los años 90. Julio De Vido deberá enfrentar esta demanda cuando se reúna con varios intendentes, en las próximas horas.

Scioli pretende extender su escudo al partido y a la Legislatura, donde en diciembre perderá la mayoría. El martes visitó a Duhalde. Esta vez le avisó a Kirchner, a quien vio un rato antes en Olivos. José Scioli, Alberto Balestrini, Eduardo Camaño, Alberto Pérez y Javier Mouriño mantienen comunicación permanente con los disidentes Jorge Sarghini, Juan José Alvarez o Alfredo Atanasof. Scioli frecuentó siempre a Duhalde, a escondidas. A veces fue en Tandil, en la estancia La Estrella, del empresario Stefano Todini, el mismo que acaba de hospedarlo en Cerdeña. También tuvo encuentros con Luis Barrionuevo, en casa de un funcionario de la provincia. Scioli siempre escuchó el mismo mensaje: "Si te separás de Kirchner y te recuperás, podés repetir como gobernador y hasta aspirar a la presidencia".

Duhalde le allanó el camino a Scioli. Desde mayo el ex presidente no se habla con Francisco de Narváez, a quien acusa de haber tirado a la basura 400 listas del PJ disidente.

El plan

Duhalde cree que un pacto con Scioli y Balestrini precipitaría su plan: convocar a un congreso del PJ que, controlado por bonaerenses, santafecinos, cordobeses y entrerrianos, expulsara al kirchnerismo de la conducción del partido. Los bloques parlamentarios pasarían a subordinarse a esa nueva cúpula, no a la Casa Rosada. Esa sería, según Duhalde, la hora de llamar a Kirchner a parlamentar para que ponga el Gobierno al servicio de un PJ que ya no manejaría. Duhalde conoció esa experiencia: a él también, en 2002, el peronismo le fijó 14 condiciones y le impuso un ministro, Roberto Lavagna, a cambio de sostenerlo en el poder.

El pacto con los intendentes, el reclamo de un blindaje fiscal y el acercamiento a Duhalde son tres dimensiones de un mismo fenómeno: al sistema de poder de Kirchner se le está desprendiendo la provincia de Buenos Aires. La bandera de esa separación no podría ser más desafiante: un acuerdo con la dirigencia agropecuaria. Tiene lógica: no habrá 2011 para el peronismo si no se reconcilia con la clase media agraria.

La visita de Scioli a la Rural fue organizada por su ministro de Asuntos Agrarios, Emilio Monzó. Ni Scioli ni Pampuro se presentaron como delegados del gobierno nacional. Al revés, Scioli se comprometió a abogar por las demandas del campo ante la Presidenta. La Comisión de Enlace, satisfecha: el que habló de ese modo fue el presidente del PJ.

Tal vez el gobernador no ponderó las consecuencias de su compromiso. Esta semana, la Comisión de Asuntos Constitucionales de Diputados comenzará a discutir un dictamen para acotar el permiso del Congreso al Ejecutivo para fijar retenciones. Es una de las innumerables facultades delegadas que las cámaras deberían prorrogar antes del 24 de agosto.

La Comisión de Enlace elaboró un proyecto que les entregó a Scioli y a la oposición y que será presentado hoy en el Pabellón Rojo de Palermo, ante más de 1000 productores, con diputados y senadores del sector. Consiste en una reducción drástica de las retenciones (ver nota aparte) cuyo costo fiscal sería, si se proyectaran sobre 2010 los números que registró el negocio en 2009, de unos US$ 1800 millones sobre una recaudación de US$ 5000 millones. Con los volúmenes y precios que se prevén para el año próximo, hay quienes calculan que la cifra podría llegar a US$ 4500 millones sobre una recaudación de US$ 8500 millones.

La propuesta del oficialismo, en cambio, se limita a prohibir al Ejecutivo aumentar las alícuotas vigentes sin una autorización especial del Congreso. En consecuencia, la nueva postura de Scioli abre incógnitas operativas: ¿a quién consultarán los legisladores bonaerenses antes de votar? ¿A los Kirchner o al gobernador?

La posición del Gobierno hace juego con otras manifestaciones de intransigencia. Es verdad que Ricardo Echegaray (AFIP) y Emilio Eiras (Oncca) están buscando una reunión con el campo. Sin embargo, hace 15 días, al segundo de Echegaray, Iván Budassi, le ofrecieron la Secretaría de Agricultura. Budassi se reunió en secreto con un ejecutivo de la Rural para conocer al detalle la agenda del sector. Después planteó a Débora Giorgi cinco condiciones para aceptar el cargo. Ella no pudo asegurarle la satisfacción de ninguna.

Los peronistas, primero en Santa Fe y Córdoba, y ahora en Buenos Aires, han comenzado a abandonar a los Kirchner, envueltos en la bandera agropecuaria. Scioli cree que ellos aceptarán con naturalidad la partida y que hasta podrían aprovecharla como un puente hacia el futuro. Scioli comete los mismos errores que Reutemann, su precursor. Primero, no advierte que la opinión pública a la que intenta reconquistar le pedirá todos los días una nueva muestra de rebeldía ante el gobierno al que estuvo sometido. Segundo: al matrimonio le cuesta mucho aceptar la diferencia. Por eso, en medio de la tormenta, la Presidenta vacila y el esposo se muestra indiferente: prefiere rodearse de intelectuales y militantes sociales de izquierda, que, si por algo lo aprecian, es por enfrentar a la "destituyente oligarquía ganadera".

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