Se emancipa de Kirchner el PJ bonaerense

Por Carlos Pagni

En la discusión de la reforma política que tendrá lugar este jueves en la Legislatura bonaerense no se espera la tensión agónica que el Senado nacional imprimirá a la suya pasado mañana. Pero esa carencia de dramatismo es engañosa: es posible que, a media luz, en La Plata sancionen un procedimiento electoral más determinante para la suerte de Néstor Kirchner que la ley que aprobará el Congreso. Los diputados de la provincia pretenden establecer que la fecha de los comicios para gobernador y vice, legisladores de distrito, intendentes y concejales sea fijada por el Ejecutivo bonaerense, que puede adherir o no al calendario nacional.

Con esta cláusula, casi anodina, el aparato político más estructurado del país pretende emanciparse del yugo electoral de Kirchner. El PJ de la provincia de Buenos Aires constituye una viga maestra del edificio oficialista. Es impensable que el ex presidente aspire a que lo elijan prescindiendo de esa maquinaria. Si se desdoblaran los comicios, internos y generales, la boleta de Kirchner estaría acompañada sólo por la de diputados nacionales. Intendentes, concejales y legisladores provinciales ya habrían hecho sus elecciones, o estarían por hacerlas, en otra fecha, sin él.

"Si el candidato es Néstor, lo más probable es que separemos las elecciones. Si aparece un ganador, las juntamos de nuevo." Lo explicó un intendente. Así de práctico. En 2011 podría producirse el prodigio de que los bonaerenses concurrieran cinco veces a votar: dos internas obligatorias ?la nacional y la provincial?, dos generales y, quizá, un ballottage.

Nada impide hoy que la provincia decida el día de sus comicios. Pero en agosto, dos meses después de la derrota de Kirchner, se decidió establecer por ley la posibilidad de ese desdoblamiento. Fue la estrategia que un grupo de dirigentes de la provincia (Federico Scarabino, Isidoro Laso, Baldomero Alvarez) ofreció a Daniel Scioli para que pusiera a salvo al PJ bonaerense de otro fracaso del esposo de la Presidenta. A diferencia del de junio, el acompañamiento que se les pediría en 2011 no sería testimonial: los intendentes se jugarán sus propios sillones. "Néstor está como Jim Jones, el pastor de Guyana: nos quiere llevar a un suicidio en masa", dice en broma un ministro de Scioli.

Como dice el moralista Juan Carlos Mazzón, "para los peronistas hay algo peor que la traición: el llano". En 1999, muchos gobernadores adelantaron sus comicios para que el hundimiento de Duhalde frente a Fernando de la Rúa no les hiciera perder la provincia.

La maquinaria del PJ se prepara para hacer lo mismo con Kirchner. Y no sólo elucubrando martingalas de almanaque. También se están configurando opciones electorales para sobrevivir al actual esquema de poder. Una de ellas es la incipiente candidatura a gobernador de Sergio Massa, ex jefe de Gabinete de Cristina Kirchner e intendente de Tigre. Massa, cuya imagen está, según dos encuestadores de gran credibilidad, muy por encima de la de Scioli, inició conversaciones con Pablo Bruera (La Plata), Juan José Mussi (Berazategui) y Darío Giustozzi (Almirante Brown). También Jesús Cariglino (Malvinas Argentinas) y Alberto Descalzo (Ituzaingó) están detrás de un armado electoral que evite que el voto castigo contra los Kirchner les haga perder sus cargos en 2011.

La urdimbre territorial de Massa tiene también una expresión en la Legislatura. No debería extrañar que, hacia marzo del año que viene, una crisis oficialista termine por romper los bloques que hoy sostienen a Scioli. "A Daniel le dimos la oportunidad de conducir esta jugada y no se animó", dice un intendente del conurbano, y agrega: "Hasta el hermano, «Pepe», se lo explicó. Pero Daniel prefirió seguir atado a Kirchner". Las diferencias de visión entre los Scioli producirán otra novedad: José Scioli dejará la Secretaría General de la gobernación dentro de pocos días.

Como Kirchner, el gobernador está envuelto en una crisis política, agravada por la inseguridad, que se ha vuelto pavorosa. Scioli ayuda poco a salir de la encerrona. Hace tres semanas, pensó en reemplazar a Carlos Stornelli por Santiago Montoya en el Ministerio de Seguridad. El ex recaudador de la provincia rechazó el cargo. Tres importantes dirigentes bonaerenses aseguran que la negativa de Montoya se debió a que Scioli le indicó que combinara los detalles de la gestión con el empresario Mario Montoto, proveedor de fuerzas policiales. Pero Montoya les ha dicho a sus amigos que ese no sería el único motivo: también duda del respaldo que le prometen para encarar algunas reformas. Aun así, Scioli quiere recuperar al funcionario. Tal vez le ofrezca el cargo que dejará vacante su hermano.

Mientras a su alrededor se multiplican los destellos del poskirchnerismo, Alberto Balestrini se mantiene enigmático como una esfinge. Balestrini es crucial como vicegobernador, presidente del PJ y líder del distrito con mayor caudal electoral, La Matanza. Balestrini sigue siendo, en los papeles, un hombre de Kirchner. Sin embargo, en los últimos tiempos, repite una frase: "No voy a ser yo quien lleve al peronismo bonaerense a una derrota".

En las provincias se siguen con atención estos atisbos de insubordinación en el cerrado orden bonaerense. El adelantamiento de los comicios provinciales tal vez se convierta en una plaga, como en 1999.

Para explicar la disciplina monolítica del oficialismo no alcanza con el estilo despiadado de Kirchner para manejar la caja. Hay que agregar un factor político: la ausencia de un candidato que enfrente al ex presidente y constituya una opción disidente en cada distrito, atenúa a los gobernadores el costo de identificarse con la pareja gobernante.

Esa quietud tal vez no dure mucho. Francisco de Narváez, que lidera las encuestas detrás de Julio Cobos, está dispuesto a construir una liga en todo el país. Quiere ser presidente, a pesar de haber nacido en Colombia. Cree que la habilitación judicial para competir por la gobernación en 2007 le servirá para postularse para la presidencia en 2011: el artículo de la Constitución nacional que se lo prohibiría está redactado igual que el de la Constitución bonaerense, que él ya sorteó.

También Carlos Reutemann acelera el paso. Hace dos semanas, le advirtió al kirchnerismo santafecino, con el que comparte la conducción del PJ, que comenzará a asumir posturas cada vez más duras en relación con los Kirchner. En Olivos siguen los pasos de Reutemann a través del detective de siempre: Mazzón. Pero el senador santafecino prefiere confundir. A veces, habla de postularse en la provincia; a veces, en la Nación. Si optara por lo último, tal vez De Narváez revisaría su itinerario y se asociaría, como candidato a gobernador bonaerense, a Reutemann.

La candidatura de Solá acaba de adquirir una vidriera en la jefatura del bloque de diputados del PJ disidente. Su mayor obstáculo es Eduardo Duhalde, quien, al postularse, retiró el andamio bonaerense en el que se sostenía Solá. A Duhalde el entusiasmo lo pone jocoso. Hace dos sábados, un grupo de sindicalistas del conurbano le oyó decir: "Al «Pingüino», en abril lo habremos convertido en una liebre patagónica". Ni en los chistes Duhalde puede prescindir de un matiz destituyente.

Es natural que, mientras la tierra comienza a abrirse bajo sus pies, los Kirchner se abracen a la corporación sindical. El viernes pasado, la Presidenta tiró por la borda seis años de seducción a la CTA, pronunciándose en favor del modelo gremial de sindicato único. Después subió a su avión a Hugo Moyano y al presidente de la Corte, Ricardo Lorenzetti, quien podría modificar ese modelo. Los llevó a Roma, junto la tumba de San Pedro. La fe mueve montañas.

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