Elogio de la lentitud

Por Hernan De Goñi

Pasaron poco más de cuatro meses desde que Cristina Kirchner anunció la puesta en marcha del plan para incentivar la compra de autos 0 km, y menos de dos meses desde que fue instrumentado. En el caso del campo, fue todo un semestre lo que tardó el Gobierno en retomar un diálogo prometido y nunca concretado

Vista desde afuera, uno podría decir que la administración Kirchner parece una firme promotora del movimiento slow, movida que en los últimos años se propuso rechazar el culto a la velocidad y al vértigo que domina al mundo desde los tiempos de la revolución industrial.

Esta filosofía tuvo como piedra angular el ensayo del periodista canadiense Carl Honoré denominado “Elogio de la lentitud”, en el que el autor destacaba que aceleración no era sinónimo de resultados. Hacer las cosas más despacio, remarcaba Honoré, podía ser el camino más adecuado para alcanzar la tan valorada eficiencia.

Y aquí es en donde se cae en cuenta que el estilo slow de los Kirchner no fue fiel al espíritu original. Cuando Cristina anunció, desde el atril de Olivos, que sólo iban a poder comprar autos con el esquema oficial aquellos que no lo hubieran hecho en los últimos cinco años, despertó un cuestionamiento inevitable: pretender que los encargados de reactivar el sector fueran exclusivamente quienes no lograron comprar un auto nuevo en el ciclo de mayor crecimiento de la economía argentina (la era K, para decirlo con franqueza) era incompatible con el sentido común. Darle un subsidio al que no pudo aprovechar la explosión del crédito bancario y el boom automotor, era una medida de política social, que no estaba a la altura del objetivo reactivador.

Cuatro meses después de anunciada, y con una estrepitosa caída de la producción automotriz como telón de fondo, esta restricción se anuló, al igual que la obligación de elegir entre unos pocos modelos que había que fabricar casi a medida de los deseos oficiales.

Algo similar sucede con el campo. No hay empresario o analista que ante la consulta de cuál era el curso que debería haber adoptado Cristina Kirchner (aún antes de que la crisis internacional acentuara el actual escenario de recesión global) propusiera empezar a desarmar la intervención que aún restringe a los principales mercados agropecuarios y favorecer todo lo posible las exportaciones del sector.

Hasta ahora, el estilo slow de los K no tuvo en cuenta la eficiencia, sino la política. Tal vez descubran que lo primero favorece lo segundo. Más vale tarde que nunca.

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