Ellerstina: un campeón de oro que se hizo esperar por tres años

Con un gol en el suplementario de Gonzalo Pieres -h.-, venció por 13-12 a La Dolfina y se consagró ante un Palermo completo; el partido fue más intenso que lucido, y el ganador supo imponerse en el momento decisivo del partido, como no había sucedido en 2005 y 2007
Hay emoción en Palermo. Mucha emoción. El podio de madera tambalea. Arriba, esos cuatro chicos de camiseta negra saltan y gritan con amigos y allegados que hacen de hinchada: "Dale campeón, dale campeón". El sol ya no brilla en la Catedral, pero lo que brilla esa copa plateada, que ilumina todo lo que está a su alrededor como si fuese la estrella más grande de la galaxia. Ellerstina Etiqueta Negra logró la consagración que tanto esperaba, ese festejo que tantas veces le burló el destino, y que ahora se le dio de la misma manera: un golazo de oro de Gonzalito Pieres a los 59 segundos del alargue para que la chapa final muestre el 13-12 ante La Dolfina Peugeot.

Se pueden escribir miles de palabras sobre el 95% del partido. Miles de libros sobre táctica, la historia del polo o el juego sólo con lo sucedido hasta la mitad del octavo chukker. Puede haber críticas, elogios, consideraciones, pensamientos. Pero nada de eso es más importante que los últimos 2 minutos 13 segundos. Allí llegaron igualados en 11, después de un partido que tuvo a Ellerstina con una leve supremacía en todo su desarrollo, aunque ese final tan equilibrado se asemejaba a un déjà vu. Flotaba en el ambiente la sensación de que la historia vivida podía repetirse. Los recuerdos de 2005 y 2007 habían llegado al Campo Argentino de golpe, intempestivamente. El presente, la vida misma, jugueteaba con el pasado...

Se acababa el octavo chukker, decíamos, y el partido caminaba rumbo al alargue. Entonces, Juan Martín Nero ?¡qué partido jugó!? se lanza en una corrida rumbo al palenque del tablero. Un golpe, otro y la bocha que entra mansita y feliz entre los mimbres. Gol. Festejos. La chapa dice 12-11 y el título está ahí, en la mano. Forman en el throw-in con menos de un minuto por jugar. La bocha la gana La Dolfina, hay un foul y un penal de mitad de cancha. Todos quieren ver, pero nadie se anima a mirar...

Adolfo Cambiaso decide jugar la bocha. Como en casi toda la tarde, aunque alternó, no tuvo la efectividad de siempre. Avanza varias yardas, llega cerca de las 60, reclama un foul, y le roban la redonda. Como en casi toda la tarde. Entonces, Lucas Monteverde entra en acción, recupera la posesión, realiza una estupenda maniobra y consigue una infracción para que Cambiaso, con un penal de lugar, iguale. El reloj marcaba 6 minutos 51 segundos. Hay alargue. Por cuarta vez seguida. Por tercera entre estos equipos...

¿Qué habrán pensado los hombres de La Dolfina? Tal vez una convicción: Palermo, otra vez, volvía a sonreírles. ¿Qué habrán pensado los hombres de Ellerstina? Tal vez una mezcla: algún miedo por el antes, alguna fuerza interior que gritaba, ensordecedoramente que esta vez la historia iba a cambiar. ¿La gente? Tensa, como todo el partido, porque éste ya es un clásico moderno. Y los clásicos se juegan más de lo que se los disfrutan. Adentro y afuera.

Primer throw-in. La bocha sale sin claridad. La jugada va y viene y termina en las tablas de Dorrego. Otro throw-in. Tampoco tiene un claro el dueño. Gonzalito Pieres se hace amo y señor. Está en un costado del campo, lejos de los mimbres. Acomoda la redonda, y le pega con todas sus ganas y más todavía. Nadie habría aconsejado tirar de ahí. Pero las historias se escriben en la cancha. La bocha corre por el verde césped. Avanza, avanza, y nada la detiene. Se mete. Golazo. Gonzalito se tira del caballo. Y lo abrazan todos. Y se abraza con todos...

Es el final de un partido que dio menos de lo esperado. Que tuvo pocos goles porque, principalmente, erraron demasiados. Ellerstina jugó un gran partido en defensa y no supo sacar distancia en sus mejores momentos. La Dolfina se empecinó en jugar alrededor de Cambiaso, pero su figura no tuvo un buen día: hizo un solo gol de cancha y perdió mucho más de lo que ganó en el mano a mano. Pero mostró su sangre de tricampeón, demostró que sabe jugar los partidos calientes, y en la segunda mitad consiguió equilibrar una balanza que parecía destinada a terminar con su platillo en el peor lugar mucho antes de lo que finalmente fue.

Se llegó al alargue. Ese gol de oro clavado como un puñal dos veces con mucho dolor, cambió. Dicen que para ganar hay que saber perder. Esa frase es, desde ayer, la preferida de cuatro chicos de negro que casi rompen el podio de Palermo saltando, gritando, sintiendo. Y cantando aquello de dale campeón...

5 años pasaron desde que los cuatro hombres de un equipo consiguieron su primera corona en Palermo: antes fueron los cuatro hermanos Novillo Astrada, con La Aguada, en 2003.

10 torneos fueron los que tuvo que esperar Ellerstina para volver a ser campeón, en su cuarto título en Palermo. La última vez fue en 1998 y el equipo formó así: Cambiaso, Aguerre, Gonzalo Pieres y Castagnola.

35 goles convirtió en el torneo Adolfo Cambiaso, y de esta manera se convirtió nuevamente en el máximo artillero del Campeonato Argentino Abierto. De ese total, 14 los hizo de penal.

EL DESENLACE

Después de las caídas de 2005 y 2007, hubo revancha en el alargue

El pasado pesaba mucho para Ellerstina por las derrotas en el alargue de 2005 y 2007. Y Gonzalito Pieres lo cambió con un gol que quedará en la historia.

LAS TACTICAS

Uno sin corridas, el otro muy apoyado en Cambiaso

Ellerstina jugó su polo abierto y rápido sólo de a momentos. La Dolfina, como en 2005 y no como en 2007, jugó mucho apoyándose en Adolfo Cambiaso.

EL NIVEL

Prometieron fuego, pero se quedaron en una tibia brasa

Pesó más la tensión que se respiraba en el ambiente que el juego destacado. El partido fue intenso, de desarrollo aceptable, pero no hubo el polo-espectáculo esperado.

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