La eliminación de las internas construyó líderes débiles

La eliminación de las internas construyó líderes débiles
En su disertación en Tucumán, el secretario de redacción de "Ambito Financiero" advirtió sobre las consecuencias del "despotismo electoral"
"El despotismo electoral es la reacción de la dirigencia para cubrirse, desde adentro, de los partidos de la competencia exterior. El mercado electoral es cerrado". La definición es del secretario de Redacción del diario "Ambito Financiero", Ignacio Zuleta, que disertó ayer en Tucumán en el seminario "Construyendo la Argentina del futuro", que organizó la Fundación Konrad Adenauer en la Federación Económica de Tucumán.

Durante su exposición, el analista político examinó críticamente las consecuencias de la eliminación de las internas en los partidos.

"Las primarias en la Argentina son el relato de cómo los caciques de los partidos juntan fuerza para designar, por sí, a los candidatos. Los partidos han perdido esa institución positiva que eran las internas. En 2003, el PJ las eludió y presentó su trío (Carlos Menem, Néstor Kirchner y Adolfo Rodríguez Saá en listas separadas). En 2007 vimos una transferencia conyugal: de Néstor a Cristina. Y este año, a dos semanas de las elecciones, no sabemos quién es candidato y quién no, a causa de las candidaturas testimoniales y de las objeciones judiciales contra ellas", describió.

Según Zuleta, todo el arco de la neopolítica sigue esa doctrina. "Lo hacen Mauricio Macri, Elisa Carrió, antes Gustavo Beliz y hoy Fenando ‘Pino’ Solanas y Vilma Ripoll. Los únicos que todavía celebran algo parecido a una interna son los partidos centenarios: la UCR y el socialismo", destacó.

Las derivaciones

Según Zuleta, la consecuencia inmediata de la eliminación de las primarias fue la consagración de líderes mediáticos, carentes de fortaleza política. "El caso más patente es el de Aníbal Ibarra (ex jefe de Gobierno porteño). No fue justo que lo responsabilizaran por la tragedia del boliche (República de Cromagnon). Cuando lo destituyeron, tenía un 60% de imagen positiva pero sólo cuatro legisladores. Y como a él le va a pasar a muchos candidatos cuentapropistas, que inscriben la candidatura sin haber construido poder antes", vaticinó.

La antípoda de ese caso, advierte el periodista, son las internas del Partido Demócrata, en EE.UU. "En ella se invirtieron 200 millones de dólares y no porque los estadounidenses sean estúpidos. Durante dos años estuvieron construyendo poder en torno de (Barack) Obama y de Hillary (Clinton). Y cuando el primero llegó a la presidencia, había millones de norteamericanos respaldándolo. Con George Bush (republicano) pasó lo mismo: encaró la Guerra de Irak y completó dos mandatos. Por algo remotamente menor, un Gobierno no duraría dos semanas en la Argentina. De igual manera, Obama estatizó la General Motors y el sistema no se descalabró", contrastó.

"En la Argentina, en cambio, la debilidad de origen del candidato hace que, ante el primer traspié, se cae", concluyó Zuleta.

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