El elefantito

La cuestión de la serie final de la Copa Davis en Mar del Plata es un auténtico test match sobre la probidad de la gestión de Gustavo Arnaldo Pulti respecto del manejo de la cosa pública. Sorprendido in fraganti transfiriendo un millón de pesos a cuenta de gastos para el evento en cuestión, el intendente lanzó, con la complicidad de Florencio Aldrey, una blitz de noticias para nuevamente ocultar la verdad.
El ingeniero Julio Sanguinetti, ex candidato a intendente por el PJ marplatense, suele decir: “¿en qué lugar se puede esconder mejor un elefantito que en una manada de elefantes?”. Precisamente hacia allí corrió GAP: armó una manada que permita esconder al elefantito que bien podríamos apodar “Gasplagen” (gastémonos la plata de la gente).

El elefantito Gasplagen está custodiado por el presidente del Colegio de Abogados Fernando Román González, por el presidente del Colegio de Escribanos Esteban Tiznes, por el titular del de Ciencias Económicas Miguel Lecuna, en el orden local; por la Provincia, Marcelo Azar por la Contaduría General, Gastón Vivanco por la Asesoría General de Gobierno, y todo coordinado por el presidente del ente creado a tal efecto (evento Davis), Eduardo Pezzati, quien también preside el consorcio portuario con el éxito que ya sobradamente se conoce: el puerto está literalmente inoperante desde hace más de sesenta días.

Para esconder a Gasplagen Pulti negó haber gastado dinero público, dio marcha atrás con el decreto denunciado en los medios (incluido éste), y señaló con impudicia perogrullesca: “nos hemos propuesto ser austeros y absolutamente transparentes”. En fin, dime de qué presumes...

Gasplagen, el elefantito gastador de recursos públicos necesarios para tantas otras cosas, recibió $750.000 por orden del intendente en un decreto que firmaron el 6 de noviembre, bajo el número 2.213, Mariano Pérez Rojas, secretario de Hacienda, Roberto Arango, contador general, y el propio Pulti, que había dado su palabra de no gastar un solo peso de esta comunidad para la Davis.

Este armado para proteger a Gasplagen es notable. Un conjunto de personas respetables, que convalidan esta verdadera festichola de recursos públicos para pagar un evento privado, goza de impunidad institucional. Veamos el artículo 11 del reglamento, que establece: “Habrá concurso de precios cuando las operaciones de adquisición o contratación de bienes, obras o servicios sean menores a cien mil pesos ($100.000). A tal efecto se invitará a cotizar a por lo menos tres firmas del ramo”. Y agrega “Si ello no fuese posible, se prescindirá de dicha invitación dejando constancia de las razones que lo justifiquen”. La impunidad absoluta: es obvio que el propósito de ser austero y transparente es eso, un propósito, una suerte de ideal proclamado, pero no ejercido.

El consorcio, que también cuenta entre sus elefantes destinados a ocultar al elefantito Gasplagen con una conveniente comisión de seguimiento formada por curules locales, fue creado el 17 de octubre de este año, y debería ser cesado en sus funciones el 17 de abril de 2009. Aun está a liquidarse el COPAN ’95: si es por antecedente de cumplimiento del poder político respecto de cómo será esto, vaya de ejemplo.

Esta máquina de gastar recursos públicos para un negocio privado ya abrió otros negocios privados. Por caso la agencia de publicidad News, que maneja la seguridad del polideportivo con treinta patovicas gerenciados por Mariano Carnicer. Cómo una agencia de publicidad llega a manejar algo tan específico como la seguridad de un evento internacional crea un específico entredicho sobre el concepto de “austero y transparente”.

Nadie en la ciudad ignora cómo funcionan estas cosas; todos sabemos que el concepto declamado no es un imperativo presente. Gasplagen, el elefantito, hace de las suyas derrochando los recursos de la gente. Sin que nada ni nadie parezca afectarle en su marcha insolente mientras pisotea la renta pública municipal.

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