Elecciones en tiempo de catástrofe.

El adelanto es una mancha más en la calidad institucional, pero no importa demasiado. No cambiará el proceso de declinación K y el ascenso de nuevos referentes. En Neuquén resurge Quiroga, ahora emblema opositor. El MPN se concentra en ganar el Deliberante capitalino.
El adelanto de las elecciones nacionales, si es que prospera en el Congreso, apresurará en todo caso una definición política que ya está tomada a favor o en contra del matrimonio Kirchner por la ciudadanía argentina.

No debería dársele tanta trascendencia a una medida que altera algunos plazos, modifica algunas estrategias, apresura algunas decisiones, pero no alcanzará a cambiar un proceso ya inexorable: el de la declinación de la estrella K, en desmedro de quienes la usufructuaron, y el ascenso de otros cuerpos celestes en el inestable firmamento de la política argentina.

Por supuesto que el anticipo hace pedazos otro fragmento de la calidad institucional. Pero esto tampoco es nuevo, ni sorprende demasiado. No es la seguridad jurídica lo que ha distinguido al país en los últimos años, ni tampoco la coherencia.

Hace solo unos meses, la crisis internacional, que era la de los países centrales, no rozaría al país, que permanecería indemne y además como testigo saliente de una nueva manera, bien latinoamericana, de hacer las cosas. Ahora, la crisis internacional nos puede hacer pedazos, puede provocar una catástrofe inmensurable, y por lo tanto hay que elegir antes a los diputados, y reforzar el poder de los K para que puedan seguir manteniendo firme el timón.

Las dos versiones de la realidad corresponden al matrimonio presidencial, fueron y son repetidas por todos y cada uno de sus incondicionales. Sabemos que no es ni tanto ni tan poco, pero ¿acaso cuenta la opinión de alguien que no sea Cristina o Néstor dentro de la virtualidad de los muros medievales de la residencia de Olivos?

Lo cierto es que el anuncio del viernes disparó reacciones apresuradas en todo el país, también en Neuquén.

Por ejemplo, en la reunión del sábado de la convención de la UCR, en Plaza Huincul, se revitalizó el quiroguismo como expresión partidaria. La impronta de Horacio Quiroga prevaleció ampliamente, y sus conceptos se notaron en el documento final. Tendremos este año una nueva versión del radicalismo: cobista, anti-K, más selectivo, y con alguna revancha sobre quienes se permitieron ir más lejos que lo que sus propias posibilidades permitían.

Los radicales dejaron todo preparado para consagrar a Quiroga candidato a diputado nacional, en no más de 15 días. Reafirmaron que su proyección nacional está en el radicalismo que enfrenta al kirchnerismo luego de la muerte, por causas misteriosas atribuibles a la resolución 125, de la Concertación Plural. Destacaron que en Neuquén mantendrán la Concertación con el PJ y “otras fuerzas”, pero aclararon que esas fuerzas no deberían ser opositoras por la oposición en sí misma, y mucho menos alentar la confrontación y la violencia.

Dio toda la sensación de que la UCR comienza a apartarse de socios como UNE y Libres del Sur, además del kirchnerismo nacional. El documento del radicalismo es una llamada de atención para Martín Farizano, y algunos de sus “excesos” aperturistas en la gestión. También es un callejón sin salida para el diputado nacional Hugo Prieto, el hombre que terminó desafiando a Quiroga y ahora es conminado a alinearse con Cobos y a romper su vinculación con los K de la nueva Concertación en el Congreso.

Si las elecciones nacionales se concretan el 28 de junio, se puede dar el escenario anticipado por los analistas de los partidos políticos que lo pensaban como probabilidad para octubre: la posibilidad de que el electorado se parta en tres opciones, que serían la pro-K de un candidato justicialista (¿Oscar Parrilli?); la anti-K de Quiroga con la UCR; y la neutra del candidato del MPN (¿será finalmente Guillermo Pellini?).

La otra elección, la de concejales en la capital neuquina, es ahora en principio un dolor de cabeza para el intendente Farizano. En el contexto actual, la esperanza de mantener unido “en la diversidad” al oficialismo municipal se ha puesto en pocas horas mucho más difícil. El dilema se acrecienta: ¿Elecciones simultáneas con el país, en junio, con la posibilidad cierta de ir en listas separadas y la obligación de salir a buscar urgente candidatos radicales; o después de esa fecha, para trabajar sobre un primer resultado puesto y abundar en la necesidad de ir unidos contra el MPN?

Para el MPN no hay mayor problema, sean en junio o más tarde las elecciones. El partido provincial se resignó de entrada a hacer un discreto papel en los comicios para diputados nacionales; le interesa mucho más el Deliberante capitalino, preámbulo para una elección del 2011 que quiere ganar.

El problema del partido provincial es lograr conformar una “selección” maradoniana de candidatos a concejal. Hay mucha gente que piensa que es la última oportunidad para tallar fuerte otra vez en la capital provincial, y mostrarse como alternativa frente al electorado moderado que votó al radicalismo en los últimos años, sobre la base de que la gestión Farizano hizo todo lo posible para ganar electores del MPN, y se olvidó de los propios.

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