Las elecciones del giro permanente

Las elecciones más cambiantes (y para peor) de todos los tiempos. Mientras la estabilidad de las reglas de juego y de las posturas discursivas es la base de las pujas en democracias serias, en estas elecciones todos cambian las normas, las boletas, las siglas, los discursos y los referentes cuando se les canta, y todas las veces que se les ocurre, o les conviene.
Incluso cuando no les conviene, por pura histeria, como hizo el Pro-peronismo. Unas elecciones que quedarán en la historia definidas por un calificativo para no volver a imitar jamás: el mamarracho.

Que un candidato deba esperar que a otro le saquen una sigla para poder usarla, es ya todo un síntoma de la calidad de las elecciones en las que se presenta. Si ese candidato encima es el presidente en la Ciudad del partido que perdió la sigla, es ya una locura. Si enfrente tiene a un candidato oficialista que es Intendente y se presenta como senador, ya es raro. Y si además ese candidato se presenta también como concejal, es delirante. Y si encima no piensa asumir en ninguno, y los dos se presentan a dos cargos simultáneos, nadie puede entender nada.

Hay más, porque esos dos candidatos compiten entre sí y/o conviven en sus listas con otros que no van a asumir nunca, o que tienen un cargo hasta que ganen otro o que decidieron ser socios pero al final se mataron entre sí, en el último minuto, con trampas de albañal. Todo sin explicación alguna, frente a gente que los mira azorada (los menos) o ya se hartó del espectáculo y se dedica a lo cotidiano y urgente.

Esta campaña se degrada en calidad institucional cada semana, y a medida que se acerca el día de la elección, los candidatos en lugar de enfatizar uno u otro tema nacional, provincial o local en la agenda del debate público (como sucede en un país normal) tienen que esconderse de los micrófonos para no decir si asumirán o no, o deben explicar por qué decidieron destruir la carrera política de un candidato local que los representaba tirando su lista a la basura, o explicar por qué cuestionan las candidaturas testimoniales del oficialismo si en su propia lista seccional llevan a intendentes porque no tienen otro postulante mejor a mano.

Todo ese comportamiento general, del que nadie se salva, registró en la semana que pasó algunas novedades estrictamente locales. Que no cambian el contexto pero aportan información local.

José, y el manual ``Don Helios´´

Dicen en el entorno de José Eseverri que hay una encuesta, última, de Luis Mosquera (encuestador oficial, asesor y cuasi jefe de campaña) que no pudieron ver más que el propio Mosquera, José Eseverri y Héctor Vitale, y éste último no toda. Dicen que es hermética, y que está pensada para permanecer así, para dejar a su entorno inmediato con la imagen fija del sondeo anterior, donde a José Eseverri los números le daban que, a pesar de su adhesión a Néstor Kirchner, las balas no le habían pegado a su sillón. Dicen que ésta ya no le dio bien.

Si esa versión es fábula, es una fábula de Esopo o de Jean de La Fontaine, porque se corrobora en la realidad. El último giro de campaña de José Eseverri muestra que ha dado un nuevo paso al separarse de la figura de Kirchner y de Daniel Scioli, los dos emblemas 2009 de las candidaturas testimoniales que en el interior el mandatario local decidió representar por partida doble.

En el lanzamiento de su campaña local, al presentarse como candidato a concejal y a senador (acompañado por Alicia Tabarés, su acompañante testimonial local) José Eseverri no ensayó la más mínima defensa de las postulaciones virtuales que encarna. Tampoco mencionó a Kirchner y menos a Scioli (de cuyo grupo cercano forma parte, pero que está pasando un muy mal momento público en su condición de candidato testimonial, atribulado hasta por el embate de Mirtha Legrand).

Ese alejamiento de las figuras provinciales y nacionales tuvo otro capítulo de profundización. José ni siquiera llamó a las obras públicas locales por el nombre que le da Kirchner, no habló de los ministros que vinieron a respaldarlas, no repitió algo que ya había dicho en el mismo lugar, la casa de su padre, cuando inauguró la sede: que esas obras son posibles gracias al alineamiento con el Gobierno de Cristina. Nada de nada. Sólo lo local.

Fue el retorno clarísimo al manual básico que aplicó mil veces su padre, Helios Eseverri, en elecciones exitosas: hacer el juego local, potenciar lo municipal, y alejarse de los referentes nacionales. Ellos pasan, pero los intendentes que son verdaderos caudillos permanecen.

Helios Eseverri ganó con Raúl Alfonsín, con Carlos Menem, con Fernando de la Rúa y con Néstor Kirchner. Cuando lucían bien los mostraba en la Expo y se sacaba fotos con ellos en el despacho. Cuando se despintaban los borraba de los afiches, y llegó a erradicar de sus campañas, como la peste al escudo de la UCR.

Un giro comenzó en 2005, y hoy parece definitivamente agotado. Además, si se consolida, impone el interrogante de dónde terminará militando José Eseverri.

Este cronista habló decenas de veces con el último Helios Eseverri. Cualquier periodista local que haya charlado a solas con él (y son varios, igual que un puñado de dirigentes que siguen en el oficialismo) conocen la frase decisiva, que resume la idea central que lo llevó a sumarse al kirchnerismo aquel año, abandonando para siempre la UCR: ``nos hizo pasar a su despacho con José, nos sentó y nos dijo que quería fundar el socialismo moderno, pero nos dijo algo que a mí me terminó de convencer: nos pidió que lo acompañemos porque nos necesita para terminar con el Conurbano saca-presidentes; con esos intendentes que pueden voltear aun Gobierno nacional él no puede gobernar el país´´, contaba siempre Eseverri.

Este Néstor Kirchner está parado en la antípoda de aquel que habló con Helios (y José) Eseverri, y los sumó a su proyecto. Golpeado por su conflicto con el campo, ha decidido jugar todas las fichas a los mismos intendentes del Conurbano que (cara a cara con Helios) prometió combatir a muerte, desplazando al interior bonaerense no tanto de las prioridades (de hecho, trata de retenerlo con promesa de obra pública) como de la sintonía.

José, uno de los políticos más inteligentes en el análisis del escenario, debe de haber reforzado lo que su mirada le indica con las encuestas de Mosquera. Con el mal momento de Scioli con Mirtha Legrand. Con sus cavilaciones actuales al verse entrampado por la testimonial a diputado nacional, que tal vez lo lleven a asumir. Y ha decidido desempolvar el manual de su padre.

Por eso ha reforzado su campaña dándole la impronta de su padre. Tal vez olvidando un poco que Helios Eseverri es Helios Eseverri pero no es Juan Domingo Perón (cuyos postulados se pueden tomar y abandonar a gusto), José no sólo hace campaña desde la casa de calle Vicente López sino que también, ahora, lo resucita en avisos de campaña.

Sin Néstor Kirchner ni Daniel Scioli como líderes de campaña ¿hacia dónde va José, hacia qué espacio, hacia cuál partido? Esa pregunta no tiene respuesta hoy, y sólo la tendrá de modo cierto en una de las posibles alternativas de la noche del 28 de junio: un triunfo contundente (el mismo que pensó cuando se sentó en la doble testimonial de concejal y senador, para arrasar a sus rivales), que lo aproxime siquiera un poco a la condición de caudillo territorial absoluto, la única que permite a los capitanes del interior cambiar de barco y de bandera, de mares y de tempestades, y que lo reclamen en todos los puertos.

La mala noticia

Con todo, esta semana José Eseverri tuvo una mala noticia, tal vez la peor que podía depararle el armado seccional y local de última hora. El Pro-peronismo (que empieza a quedar en el imaginario electoral como una fuerza caprichosa y desordenada, dos atributos pésimos para quien quiere vestirse de gobernante) ha decidido suicidar a candidatos locales de peso, que podían aportarle carradas de votos, en una decisión que nadie se explica.

Con ello, ha fortalecido a rivales directos del Intendente, como Ernesto Cladera.

La mala novedad para Eseverri, en términos generales, es que una oposición que había perdido capacidad de dañarlo porque se había dividido en varios pedazos. El Pro-peronismo, encaminado detrás del potencial marketinero de Francisco De Narváez como postulante a diputado nacional del espacio que compone con Felipe Solá y Mauricio Macri era una amenaza al kirchnerismo ``arriba´´, a nivel nacional, pero sin poder de fuego ``abajo´´, a nivel municipal, donde el cañonazo del Colorado se desperdigaba en los perdigones menos letales de tres candidatos dispersos.

Pero el capricho del Pro-peronismo, donde las pujas internas están mostrando que ese grupo está unido con alfileres y se hace una trastada a cada paso, hundieron y pueden hundir más a varios candidatos, y esos votos amenazan con migrar hacia el principal competidor de José Eseverri: Cladera.

El lunes fue Liliana Schwindt, quien cayó sin posibilidades de pelear el 28 de junio porque, supuestamente, su boleta ``entró fuera de tiempo, de modo extemporáneo´´. Al día de hoy (como muestra la viñeta de humor de Diego Sequeira) nadie le explicó absolutamente nada de lo que pasó, ni cómo fue que perdieron su nómina.

Pero este viernes la demolición de candidatos en el Pro-peronismo demostró que hay algo más que un mero extravío de listas. Silly Cura apareció, de la noche a la mañana, con el sello Unión-Pro, y despojó a Julián Abad de la condición de candidato del mismo partido que preside. Es de locos, lector, pero fue así: lo desterraron de su territorio, luego de que fuera el gestor, en 2007, del ingreso del único concejal que el Pro logró instalar en muchos kilómetros a la redonda.

La ingratitud con Abad sólo puede compararse con la bronca que siente en estas horas. Su grupo espera, contando los minutos, al lunes al mediodía, cuando les aseguraron (vía Ricardo Pagola, el candidato a senador al que todos miran ya de reojo) que Abad tendrá su lista del Pro, tras una puja que nadie esperaba: una pelea con los dientes para sacarle a Silly Cura el sello amarillo y negro del Pro que le dieron y que la concejal no piensa soltar sin dar batalla, incluso legal.

A medida que pasan las horas, la posibilidad de que Abad quede fuera del comicio inquieta al eseverrismo. Si el lunes le dan una colectora, José Eseverri respirará aliviado. Si no se la dan, empezará a preocuparse.

Las chances de que el empresario local se quede sin listas son inciertas, provienen del azar y de la operación política, de la esperanza que tiene y de la desconfianza que genera el manoseo, de un cóctel entre la lógica y la seriedad, por un lado, y la alquimia y el mamarracho, por el otro.

Se sabrá el lunes, aunque los datos que se manejan a nivel nacional son tan estrictos como la página web de la Junta Electoral: en un informe del diario Perfil, este domingo, un mapa muestra que Olavarría solamente tiene colectoras del Acuerdo Cívico y del Frente para la Victoria. Pero no del Pro-peronismo.

Si la lista de Abad se cae, no solamente habrá que ver qué hacen los votos por sí mismos, que ya amagan polarizar la contienda entre el Intendente y Cladera. Habrá que ver también (y será interesante constatarlo) qué hace la dirigencia intermedia que quede guacha.

Hasta el momento, la jerga política denominaba a la acción de captar dirigentes sueltos ``pasar la ambulancia´´, aludiendo al rescate de los heridos de contiendas intestinas, golpeados y fracturados por el rechazo al interior de su fuerza, que sin embargo conservaban algún brazo entero para levantar en el campo de batalla electoral, si bien no una espada de mortal mandoble, al menos un facón listo para la puñalada.

Schwindt, ya fuera de competencia, y Abad y su gente, si quedaran afuera, no son heridos en este sentido tradicional. Ni siquiera perdieron. Están enojados y ofendidos, sí, pero están sanos para dar pelea: ¿Cladera será el primer dirigente local que maneje una ambulancia vip, para heridos de lujo, que no tienen ningún rasguño y, sí, en cambio, mucha bronca y ganas de hacerle daño al rival? ¿José, armador de día y noche, tendrá capacidad para neutralizar a tanto opositor suelto y darle incentivos para que se paren a su lado, de acá al 28? ¿el resto de los candidatos que quedaron en pie lograrán ponerlos de su lado?

Esperemos. Primero a la definición de la boleta de Abad. Y luego esperemos casi cualquier cosa, en una elección que da para todo.

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