Una elección de premio o castigo para el kirchnerismo.

El oficialismo pone en juego su mayoría parlamentaria. Pero las urnas mostrarán más que eso: perfilarán el escenario político con vistas a las presidenciales de 2011.
En lo formal, casi 28 millones de argentinos elegiremos hoy a la mitad de nuestros diputados y un tercio de los senadores, además de centenares de concejales y autoridades municipales en la octava elección exclusivamente legislativa desde el retorno de la democracia. No es poca cosa. Pero es más denso que eso.

En todas las democracias, las elecciones de medio término funcionan como premio o castigo a una gestión de gobierno. Es inevitable y positivo. Sirve para ratificar un rumbo o ayuda a corregirlo a tiempo.

Pero aquí es diferente. A ocho años de la última gran crisis y a seis de que Néstor Kirchner prometiera "un país normal" en su discurso inaugural, los argentinos iremos a votar después de una campaña en la que muchos empujaron las urnas hasta la cornisa.

Empezando por el propio Gobierno que tiró a la parrilla electoral de estas legislativas sus costillares más valiosos. No se guardó nada, como si le fuese la vida. Al punto que se volvió pertinente la pregunta sobre el futuro de los gobiernos de Cristina Fernández y Daniel Scioli si los guarismos no les sonríen.

En la oposición, Julio Cobos, Mauricio Macri, Felipe Solá, Carlos Reutemann y Elisa Carrió viven esta jornada como una moneda en el aire a la que apostaron su porvenir. Aunque algunos hayan intentado cargar de dramatismo estos comicios, el destino de la Patria no se define hoy. Lo que sí parece en juego es el futuro político de muchos dirigentes y de un Gobierno. Ellos así lo quisieron.

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