Una elección entre dos modelos distintos

Sebastián Piñera y Eduardo Frei, los dos candidatos que llegaron al ballottage, se prestaron a todo tipo de desafíos, frente a las cámaras de televisión, con la ilusión de ganar el "alma" de sus compatriotas. Tampoco faltaron reproches ni chicanas.
El momento exacto del principio de la veda electoral que dio fin a la campaña electoral chilena encontró al candidato de la Concertación, Eduardo Frei (67) disfrazado con una peluca melenuda y juvenil, a lo Zulma Lobato, repartiendo signos de paz como flechazos, bamboleándose a ritmo de tecno beat, ante una audiencia enardecida que no paraba de corear su apellido en el estudio de televisión de El hormiguero, un popular programa del canal de la Universidad Católica.

Después de la veda el show siguió al aire pero Frei ya no pudo pedir el voto de los chilenos. No hizo falta. Había demostrado que era capaz de hacer cualquier cosa, o más bien disfrazarse de cualquier cosa, con tal de atraer los votos de jóvenes independientes que sus asesores identifican con los que decidirán la peleadísima elección del domingo.

En los últimos veinte años, unos 800 mil nuevos votantes se han incorporado a un padrón de algo más de siete millones. Son votantes que no vivieron como adultos la dictadura ni votaron en el crucial plebiscito de 1988 sobre la continuidad de Pinochet. A ellos dedicó sus últimos minutos de campaña el candidato de la Concertación.

Durante las dos horas frenéticas que duró el programa, los jóvenes y atractivos conductores, Tonka Tomicic y Sergio Lagos, llevaron a Frei literalmente a las corridas, entre el piso y la mesa de entrevistas, para cumplir con los distintos segmentos pautados.

En el piso, bajo las órdenes de una voz en off con tono de gomía, debió bailar un valsecito peruano y un bolero (y arrugar con el re-ggaeton), patear un penal, dirigir una barra brava, desfilar con distintas pelucas. eludir una lluvia de porros gigantes, competir con un patovica para ver quién vaciaba más rápido una botella de litro y medio, inhalar un gas para dilatar las cuerdas vocales y piropear, con la voz deformada, a su esposa Martita, que miraba todo con cara de divertida, rodeada por sus hijas y nietos, desde la primera fila de una tribuna repleta de adolescentes con bombo, remeras de campaña y papel picado.

En la mesa de entrevistas lo esperaban dos hormigas de peluche púrpuras con ojos saltones como la rana René. Mientras Frei se sentaba, tomaba agua y se daba un respiro, las hormigas mataban el tiempo con algún chiste liviano que el candidato festejaba incómodo, dando paso a las preguntas igualmente livianas de los jóvenes, bellos y no tan cansados conductores del frenético programa.

La noche anterior el candidato de la coalición de la derecha, Sebastián Piñera, había soportado vejaciones similares en El hormiguero. Arrancó con una pésima imitación de Michael Jackson en Thriller, con luces, bailarines y coreografía que resaltaban su torpezas y falta de preparación, y llegó al clímax cuando el empresario saltó de cola sobre una pila de cajas de cartón vacías.

Veinticuatro horas después del cierre de la campaña, mientras Frei aprovechaba el espacio televisivo para cerrar con una sonrisa, el candidato empresario denunciaba a su rival en una entrevista del diario La Tercera. Al filo de la veda, Piñera acusó al gobierno de intervencionismo electoral, por el protagonismo de la presidente Michelle Bachelet en la campaña. "La campaña que ha hecho el gobierno de intervención no es justa, no es limpia", dijo ayer el empresario, acusando recibo de la recuperación de Frei, que en las últimas horas quedó cabeza a cabeza con él, diluyendo una ventaja inicial de catorce puntos. "Es abusivo lo que ha hecho el gobierno: usó y abusó de los recursos públicos, usó y abusó de las instituciones públicas, usó y abusó incluso de los funcionarios públicos", insistió el empresario.

No fue un cierre con bombos y platillos, pero el candidato de la derecha venía golpeado. Y reaccionó contra Bachelet, quien le había asestado una dolorosa estocada. La acusación había dominado el debate de los últimos días: Piñera no sabe separar sus negocios de la función pública.

Sabido es que a Piñera le cuesta desprenderse de sus empresas. Accionista de un holding empresarial con inversiones en salud, transporte y medios, construcción, bienes raíces y entretenimiento, el candidato puso algunas propiedades en un fideicomiso ciego, pero sigue controlando hasta hoy las más emblemáticas: LAN Chile, Colo-Colo y Clínica Las Condes.

Piñera dice que recién se desprenderá de esas empresas cuando lo elijan presidente, pero no suena demasiado convincente. Había vacilado cuando Frei lo martilló con el tema durante el debate del lunes, con el que Frei puso en duda el compromiso de Piñera con la política.

Y Bachelet volvió sobre al tema anteayer en una entrevista radial: "Eduardo Frei se desprendió de sus negocios hace más de veinte años, el día que eligió dedicarse a la política", dijo la presidenta.

Piñera quedó a la defensiva. "Mucho más importante que separar los negocios de la política es separar los negociados de la política, y desgraciadamente hemos visto demasiados negociados durante estos últimos gobiernos de la Concertación", se justificó ante los periodistas de La Tercera. Después recitó la corta lista de escandaletes de corrupción que estallaron durante el primer gobierno de Frei: el negociado de la llamadas casas Copeva, las coimas en la compra de los aviones Mirage, los sobresueldos y las cuestionables indemnizaciones "millonarias".

Antes de partir al estudio de televisión para intentar convencer a las hormigas, Frei alcanzó a contestarle a Piñera. Dijo que es normal que una presidenta apoye al candidato que va a continuar su gestión de gobierno y que los que hacen campaña sucia son los de la coalición. Y dijo que el domingo va a ganar porque representa el alma de los chilenos.

Después, por las dudas, se calzó una peluca y se dispuso a inhalar gas.

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