Una elección que dejará huellas en el terreno porteño y en el escenario nacional.

Dos presidenciables, Carrió y Macri, se juegan hoy parte de sus aspiraciones. Y los resultados también condicionarán a los que sueñan ser jefes de Gobierno.
Como todas las grandes capitales del mundo, Buenos Aires marca tendencia. Sus elecciones legislativas de medio término valen de muestra. En 1993, el éxito de un riojano del montón, Erman González, anticiparía la reelección de su comprovinciano más famoso. En 1997, el irrepetible 56,80% de la Alianza fue la locomotora del tren que depositaría en 1999 a Fernando De la Rúa en la Casa Rosada. Sólo cuatro años después de aquel récord, los mismos porteños llenarían las urnas de sobres vacíos y figuritas de Clemente para mostrarle la salida a ese conglomerado de radicales y frepasistas. En 2005 sería el turno de Mauricio Macri, que con una victoria contundente frente a un kirchnerismo joven y radiante y una Elisa Carrió siempre competente empezaría a construir su futuro de jefe del distrito.

¿Dónde hay que poner la lupa ahora? ¿Qué destinos puede torcer esta elección porteña de medio término? La primera conclusión es que la onda expansiva de los resultados excederá largamente la General Paz. Pero también dejará marcas indelebles puertas adentro. Siempre, claro, con las precauciones que se recomiendan para una materia tan volátil como la política argentina.

El fixture dice que se renovarán 13 bancas nacionales y 30 locales. En ambos casos, quien más pone en juego es el macrismo.

La lectura nacional. Dos aspirantes presidenciales juegan parte de su suerte hacia 2011 en la elección porteña de hoy. Uno, Mauricio Macri, mandó a su pareja a poner la cara. La otra, Elisa Carrió, se expone ella misma, aunque no tanto como hubiesen querido sus compañeros de campaña.

No habrá margen para un proyecto nacional del jefe de Gobierno porteño si su ladera, Gabriela Michetti, no consigue un triunfo holgado en casa.

En cuanto a la líder de la Coalición Cívica, un tercer puesto de la lista que integra desde el tercer lugar o un segundo puesto con porcentajes magros complicaría sus sueños. Carrió comparte aspiraciones dentro del mismo espacio opositor con dirigentes como Hermes Binner y Julio Cobos, que si obtienen triunfos en sus provincias (donde juegan con candidatos propios) quedarán mucho mejor posicionados.

La lectura porteña. En la pelea local, son varios más los dirigentes que dejaron trascender su objetivo de reemplazar a Mauricio Macri dentro de dos años y que atan parte de su futuro a los resultados de hoy. Una de ellas es la propia Michetti, a quien una buena elección dejaría como la sucesora natural del jefe de Gobierno. Salvo, claro, que el propio Macri decida que todavía no es tiempo de pasar de grado y elija repetir su experiencia local.

Del lado "progresista", quien puede quedar bien parado es Fernando "Pino" Solanas, cabeza de lista de Proyecto Sur. Ahí, la incógnita dentro del espacio es si se mantendrá la idea de que el cineasta enfile en 2011 hacia el sillón de Balcarce 50 y el diputado Claudio Lozano rumbee a Bolívar 1.

También queda abierto el futuro del principal dirigente kirchnerista del distrito, Daniel Filmus. En nombre de la institucionalidad, ya que le restan dos años como senador, eludió el pedido de Néstor Kirchner de ponerse al frente de la lista K y en paralelo impulsó al extra partidario Carlos Heller. No será tarea fácil para Filmus seducir a un electorado cada vez más refractario a todo lo que huela a pingüino. Encima, cuando se augura una pelea dura en el PJ local.

Más difícil aún parece el futuro para Aníbal Ibarra, que imaginó a esta elección como un paso previo para intentar la vuelta a la jefatura de Gobierno y se encontró con una campaña llena de cascotes.

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