Una ejecución enfrenta a China y la UE

El británico Akmal Shaikh recibió una inyección letal por tráfico de drogas pese al reclamo europeo y a una presunta enfermedad mental
PEKIN.- En una decisión que elevó a un nivel sin precedente la tensión entre Pekín y Europa, China ejecutó ayer a Akmal Shaikh, un británico de 53 años que había sido condenado a muerte por tráfico de drogas pese a que, según sus familiares y Downing Street, sufría una grave enfermedad mental.

Inmediatamente después de la ejecución, el primer ministro británico, Gordon Brown, se manifestó "horrorizado y desilusionado" porque no se escucharon sus demandas de clemencia de última hora y porque no se tuvieron en cuenta las afirmaciones sobre la salud mental de Shaikh.

Según argumentó el gobierno británico, el condenado padecía un trastorno bipolar, o depresión maníaca.

Brown también convocó de urgencia a la embajadora china en Gran Bretaña, Fu Ying, para que diera explicaciones por la ejecución, la primera de un ciudadano europeo en más de 50 años. La Unión Europea (UE), por su parte, lamentó que Pekín no hubiera escuchado las numerosas apelaciones de Europa y ratificó su oposición a la pena capital en cualquier circunstancia.

La respuesta de China no tardó en llegar: expresó su "fuerte disgusto por las acusaciones de Brown", abogó por que la crisis diplomática no dañara los lazos bilaterales y destacó que los derechos de Shaikh fueron "completamente protegidos", según la vocera de la cancillería, Jian Yu.

Akmal Shaikh, que nació en Paquistán y se mudó a Gran Bretaña a los 11 años, fue ejecutado por medio de una inyección letal en Urumqi, capital de Xinjiang (Noroeste). Había sido arrestado el 12 de septiembre de 2007 en el aeropuerto de esa ciudad, donde había llegado procedente de Tadjikistán, con cuatro kilos de heroína en una valija.

La ley china contempla la pena capital para todo aquel que sea detenido en posesión de más de 50 gramos de droga. Shaikh fue condenado a muerte el 29 de octubre de 2008 y apeló en dos ocasiones sin éxito. El fallo fue confirmado por el Tribunal Supremo el 21 de diciembre pasado.

La ONG Reprieve, dedicada a defender a condenados en corredores de la muerte, dijo que Shaikh había sido engañado por un grupo de narcotraficantes que se aprovecharon de su vulnerabilidad psicológica.

Pese a que, según Reprieve, Shaikh dijo que desconocía el tema de las drogas y que la valija no le pertenecía, fue condenado tras un juicio de apenas media hora.

De hecho, durante el juicio y su proceso de apelación, en varias ocasiones los jueces al parecer se rieron de sus comentarios descabellados.

El condenado, padre de tres hijos, ni siquiera sabía que iba a ser ejecutado ayer. Sus primos, que realizaron un infructuoso pedido de clemencia de último momento, se lo comunicaron anteayer al visitarlo en prisión.

Horas antes de la ejecución, el sitio web de la ONG ( www.reprieve.org.uk ) presentó "nuevas evidencias" de los problemas mentales de Shaikh, que al parecer había vivido como un vagabundo en Polonia, país de su esposa, y escribió canciones en las que ciertas expresiones o frases sin sentido se repetían de forma enfermiza.Un británico, Paul Newberry, que lo conoció en Varsovia, contó que estaba "muy, muy enfermo" y que "sufría claramente de crisis de delirios".

El secretario de Relaciones Exteriores británico, Ivan Lewis, recibió en Londres a la embajadora Fu y reconoció haber mantenido "una conversación difícil con ella".

"Le he dicho claramente que la ejecución de Shaikh es totalmente inaceptable y que China ha fallado en sus responsabilidades básicas de derechos humanos", dijo Lewis.

Por su parte, en Pekín, Jian declaró: "La justicia china llevó adelante [este caso] en estricta conformidad con la ley". La vocera oficial también desmintió que la ejecución tuviera que ver con "otros asuntos", una clara alusión a los comentarios de varios analistas, que relacionaron el hecho con los cortocircuitos bilaterales durante la reunión climática de Copenhague, en la que Londres acusó a Pekín de haber "secuestrado" la cumbre.

En tanto, la embajada china en Londres emitió un comunicado en el que afirmó que la heroína que tenía en su poder Shaikh era suficiente para "causar 26.800 muertes" y que "aparentemente no hay registros previos sobre la enfermedad mental" del ejecutado.

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