Efecto Raúl querido.

Por: Silvio Santamarina.

Kirchner adelantó las elecciones, el PROperonismo logró la foto de los tres mosqueteros, con el gesto de Felipe de bajar sus pretensiones. Faltaba el golpe de efecto del panradicalismo. Jugó el azar, y ahora los encuestadores miden el "efecto Alfonsín" en la campaña electoral.

De todos los legados que habría dejado el ex presidente radical, es difícil que la honestidad contagie de un día para otro al establishment político actual. Tampoco la concordia nacional, a juzgar por las disonantes y previsibles declaraciones de Hebe de Bonafini sobre el ahora llamado "padre de la democracia". Lo que sí le aportó la "oportuna" muerte de Alfonsín a la temporada electoral fue una palabra que estuvo ausente de las elegías de esta semana, tal vez por su tinte futbolero: mística, ese fervor popular indispensable a la hora de pelear las urnas.

El fenómeno de la convocatoria masiva a la capilla ardiente en el Congreso se explica con otra metáfora del fútbol. Los próceres argentinos nacen de una especie de histeria colectiva que podría etiquetarse como el síndrome Riquelme: mientras está en la cancha con la camiseta argentina puesta, lo insultan hasta sus amigos para que se mueva más; pero apenas queda afuera del equipo, se activa un reclamo nostálgico por el conductor perdido. Ese tribalismo histérico no estuvo ausente de la canonización de Alfonsín, quien hasta hace unos días no persuadía ni a sus más fieles herederos como virtual patriarca del consenso para una lista única opositora. Tampoco persuadió al Gobierno con su último comunicado en contra del adelantamiento electoral. Y a decir verdad, más allá de los discursos políticamente correctos de peronistas y radicales durante su funeral con honores, el impacto del adiós alfonsinista en el escenario electoral amenaza con traer más divisiones que unidad.

En las filas de Margarita Stolbizer se preparan para una semana de asedio feroz del viejo radicalismo bonaerense para copar la lista electoral del frente que aglutinaría a la Coalición Cívica y a la UCR. El apellido de Ricardo, el hijo de Alfonsín, subió de precio en las últimas horas, y la discusión será cuánto. Mientras cargan contra Stolbizer, los radicales de siempre se cuidan la retaguardia luego de escuchar el discurso de un ex correligionario, Julio Cobos, que volvió a aprovechar como él sabe hacerlo su nuevo golpe de suerte histórico. En su rol de presidente provisional, avisó que retornará a la UCR para conducirla, siguiendo el mandato del difunto caudillo. En tanto, Elisa Carrió vuelve a inquietar a sus allegados, que comentan entre ellos que Lilita está deprimida, telefónicamente inubicable y entregada de nuevo al esoterismo apocalíptico. Por su parte, el kirchnerismo hace cuentas en Olivos, tratando de convencerse de que el revival alfonsinista le conviene al Gobierno, porque alimenta las divisiones en el panradicalismo y a la vez le roba votantes indecisos a Francisco de Narváez. Los K más conectados con la realidad también reconocen a puertas cerradas que la movilización callejera y la cobertura periodística por la muerte del líder radical son otro llamado de atención contra el estilo irritante del matrimonio presidencial.

En el búnker de Daniel Scioli entendieron el mensaje de las cien mil personas que desfilaron por la capilla ardiente. El gobernador ya está jugado –siente que no le queda otra– en la campaña kirchnerista en el conurbano, pero confía que a pesar de la guerra declarada por Kirchner contra todos los que no lo acompañan, el tono conciliador del ex motonauta le garantiza sobrevida más allá del 28 de junio. El sciolismo apuesta a que la opinión pública y el establishment peronista lo consideren como una opción viable para la transición, que en el entorno del gobernador llaman "poskirchnerismo": un escenario de recambio "antikirchnerista", dicen, complicaría el reciclaje futuro del gobernador bonaerense. "Alfonsín sobrevivió a su gobierno y terminó sus días como un prócer gracias en parte a que Menem no se ensañó con su antecesor, ni judicialmente ni en sus discursos", analizan en el sciolismo. "Es cierto que los Kirchner y algunos de sus voceros mediáticos no aportan al clima de reconciliación nacional que precisa este Gobierno para resolver el problema de su salida pacífica y concertada, en el momento que sea." Como le gusta repetir al futuro prócer chileno, Ricardo Lagos: un político piensa en las próximas elecciones, un estadista piensa en las próximas generaciones.

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