¿Hay un efecto Lula en el anuncio argentino?

Por Hernán de Goñi

Los Kirchner apelaron otra vez a la sorpresa, como hicieron con el pago al Club de Paris o la oferta a los bonistas en default.

La eliminación de la denominada “tablita de Machinea” era un anhelo de todos aquellos que perciben ingresos medios y altos, y hasta se había convertido en un reclamo de la CGT, que no se conformaba con subir el mínimo desde el que deben para el Impuesto a las Ganancias los asalariados de todo el país. Pero en función de que la recaudación impositiva no tiene hoy proyecciones rozagantes, esta medida no figuraba entre las iniciativas que analizaba el Poder Ejecutivo como parte de su plan para impulsar la economía.

Tal vez por eso la Presidenta se animó a buscar un verdadero golpe de efecto. Así como con el pago al Club de París nadie le había pedido que hiciera el esfuerzo de pagar con reservas (porque iba a dejar en una posición más delicada al Banco Central), tampoco se esperaba una medida de esta naturaleza, que seguramente implicará un sacrificio fiscal importante. Lo que sí es seguro es que será mejor recibida, porque su impacto será real –tanto para el fisco como para los consumidores- y probablemente las previsibles repercusiones positivas que despertará, transformarán este paso en uno de los principales puntos del plan anticrisis.

A la hora de buscar una razón de por qué avanzar en una eliminación total de la tablita, y en por qué anunciarlo ahora, se vuelve inevitable hacer una asociación con el paquete que anunció hace apenas 24 horas el presidente brasileño, Luiz Inacio Lula Da Silva, que pivotea precisamente sobre una importante rebaja impositiva (destacado por El Cronista en su tapa de hoy).

Hay que tener presente que en el caso argentino, este anuncio quedó en el medio de una batería que no termina de convencer a empresarios y analistas, que incluye: blanqueo de capitales, moratoria tributaria con perdón para los evasores en juicio, plan de estímulo a la compra de autos, financiamiento para empresas, créditos para la compra de viviendas y un programa de obras públicas que recién saldrá del horno la semana que viene.

Lula, por su lado, apostó a bajar a la mitad el impuesto a las operaciones financieras (similar al gravamen al cheque argentino), reducir alícuotas del impuesto a las rentas, bajar a cero la carga fiscal sobre la venta de autos populares, y destinar u$s 10.000 millones de reservas para establecer un seguro de cambio, destinado a aquellas empresas endeudadas en el exterior en dólares (para compensar la devaluación de 40% que tuvo el real).

No es la primera vez que la Argentina se mira en el espejo brasileño. En el país vecino también se estaba estudiando un blanqueo de capitales cuando se hizo el anuncio del plan criollo, por mencionar solo un caso.

A la Presidenta y a su esposo les gusta ir por el camino que nadie espera. Será inevitable que los analistas juzguen esta movida como una audacia, ya que más allá de su efecto reactivador, le pondrán la lupa a su impacto fiscal. Es inevitable que en esta lista también se anoten algunos funcionarios, los mismos que tendrán que ponerse a hacer números en forma urgente y asegurar en simultáneo que todo está bajo control.

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