El efecto dominó del caso Juárez

La ruptura del interbloque Frente Unión Vecinal es el corolario de una serie de hechos que comenzaron en enero, con la denuncia de Eliana Cufré.
Desde entonces, renunció un empleado de Juárez, un vocal vecinalista rompió filas en la fuerza y Amanda Robles dimitió a su afiliación y a su banca.

El jueves pasado se cumplió un mes del viaje de Eliana Cufré a la ciudad de La Plata, específicamente a la Cámara de Diputados de la Provincia de Buenos Aires, en el que presentó ante las autoridades de ese organismo la denuncia formal contra el diputado Juan Carlos Juárez. Lo acusa –como se informó en reiteradas ocasiones- de retención indebida de haberes.

Entre marzo y diciembre del año pasado, Cufré fue empleada del bloque de diputados provinciales de la Coalición Cívica, en presunta recompensa por su tarea como puntera barrial en las elecciones de 2007, contienda en la que el Frente Unión Vecinal con Oscar Luciani como principal candidato no accedió a la Intendencia, pero Juárez sí logró una banca en la Legislatura bonaerense. Sin embargo, a Cufré jamás le asignaron tarea.

La joven le firmó un poder a Miguel Juárez, hermano de Juan Carlos, y por quedarse en su humilde hogar del barrio San Jorge ella recibía las asignaciones familiares de su salario: 200 pesos los primeros meses; 300 pesos los últimos. Además, le entregaban el recibo de sueldo en el que consta que debía cobrar alrededor de 1.000.

Cuando pedía explicaciones, Cufré asegura que Miguel Juárez le decía: “con esa plata ayudamos a otra gente”. Pero en diciembre el acuerdo de palabra se rompió. Los Juárez no acercaron el dinero a “su” empleada y en enero pasado Cufré se decidió a hablar.

Horas después de la confesión mediática de la joven, Miguel Juárez se acercó a su casa con una propuesta para “frenar el escándalo”, según dijo la denunciante. Como esas alternativas no encontraron eco, el diputado llamó a una conferencia de prensa que quedará en la historia.

Citó a los medios y minimizó el tema de la denuncia. Dijo que no estaba muy al tanto de los detalles y que el caso estaba en manos de sus abogados. Eso sí: admitió que Cufré era empleada de su bloque.

En la edición de este medio del 4 de febrero, el presidente de la Unión Vecinal, Gerardo Amado, se negó a opinar sobre la acusación que vinculaba a su socio político y dijo que “hay que ser prudente con el tema por su seriedad”. Agregaba, sin tapujos, que lo denunciado “no hará mella” en la alianza que sellaron la UV y el GEN de Juárez. “Hemos firmado un acta de compromiso y en el orden local desarrollamos una campaña común. (...) No queremos pensar que esto pueda mellar una relación que tuvo su respuesta pública”, expresaba el ingeniero. Por su parte, Luciani opinaba en igual sentido: “Hay que esperar que resuelva la Justicia”, decía entonces. Hoy su opinión es diferente (ver págs. 2 y 3).

Luego de unos días de tensa calma, Roberto Alonso renunció a su trabajo de asesor del diputado Juárez y ratificó cada una de las palabras de Cufré. El dirigente de raíz radical realizaba tareas relacionadas con la comunicación a cambio de 600 pesos mensuales y afirmaba que “en mi caso, yo recibía todo el sueldo. A lo sumo me faltaban 40 o 50 mangos”. El pagador de Alonso también era Miguel Juárez.

También en los primeros días de febrero Juárez recibió una bofetada política. Su propio bloque provincial de la CC recibió a la denunciante y en una clara admisión de la falencia se le pagaron 7.000 pesos a modo de resarcimiento. En concreto, el recibo que le dieron a Cufré decía que fue por “liquidación de haberes” entre marzo y diciembre.

A pesar del incremento de testimonios y pruebas contrarias a los argumentos de Juárez, la Unión Vecinal se reunía para analizar el caso y cerraba filas detrás de la idea de un complot mediático para perjudicar al legislador bonaerense. Por entonces, también se supo que una histórica dirigente del vecinalismo era empleada de Juárez, en tareas de contención social para personas que necesitan becas, subsidios o pensiones. A esa reunión faltó la entonces concejal Amanda Robles.

El 20 de febrero pasado llegaba a nuestra redacción una muestra de los problemas internos que generó la denuncia contra Juárez. El vocal Hugo Cano redactó una carta dirigida a los afiliados en la que afirmaba que “la denuncia (contra Juárez) logra poner en duda la trayectoria de más de 30 años de nuestra agrupación”.

“Pongámosle fin a los pactos siniestros”, pedía Cano, quien días más tarde fue expulsado a empujones de una reunión partidaria a la que se había invitado a Juárez para que explicara su posición. Ocurrió que Cano tuvo la incómoda idea de asistir junto a Cufré para que se hicieran todas las preguntas necesarias y se escucharan todas las explicaciones posibles. Con gritos y maltrato, Cano y Cufré se quedaron afuera de esa tertulia partidaria en el Club Ateneo.

Esa noche se selló el principio del fin de la carrera de Amanda Robles como concejal de la Unión Vecinal dentro del Frente Unión Vecinal (FUV). “No podía creer lo que estaba pasando”, confesó en estos días.

Los últimos capítulos se conocieron esta semana. El lunes pasado Robles le presentó su renuncia por escrito a Amado y al día siguiente hizo lo propio ante el presidente del Concejo Deliberante, Hernán Mosca.

Luciani, uno de los más perjudicados por la situación, admitía el martes ante este medio que “se vienen tiempos de definición”. Ocultaba una medida que ya había comunicado al presidente de la UV: la disolución del FUV en el seno del Concejo. “Estamos pagando un altísimo costo por algo que no hicimos”, se admitía off the record.

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