EE.UU. pasó de la fiebre del consumo al temor de la gente a perderlo todo

Acosados por las deudas, los norteamericanos miden los gastos; fue un duro golpe a la clase media
WASHINGTON.- La peor crisis económica de los últimos 80 años impuso un profundo cambio de hábitos a los habitantes de la superpotencia que, hasta hace poco, hicieron del consumo, del gasto y del hecho mismo de comprar, la razón fundamental de su esfuerzo.

Hoy ya no es así. Acorralados por las deudas, por la tasa de desempleo y por la incertidumbre -cuando no el miedo- sobre el futuro, a la mayoría de los norteamericanos no le queda más remedio que cambiar y volverse austeros, a la fuerza.

Un reciente informe oficial dio cuenta de que el nuevo escenario implicó que más de dos millones y medio de personas cayeran en la pobreza -ahora son más de 39 millones los que viven en esa condición- y que se evaporara la inversión de una década para muchos propietarios de vivienda en riesgo. Y que, además, el número de personas sin cobertura de salud haya escalado hasta el triste récord de los 46 millones. Bien porque se quedaron sin empleo y perdieron su seguro o bien porque, siendo autónomos, no pueden pagarlo, de acuerdo con datos de la Oficina de Censo.

"Creo que, el efecto de todo esto, es que estamos perdiendo una década", dijo el economista Lawrence Katz, de la Universidad de Harvard.

Lo curioso es que semejante cataclismo no parece tener, como reflejo, otro tanto en Wall Street, el epicentro desde el que se disparó la onda expansiva. Al cumplirse un año de la costosa quiebra de Lehman Brothers y de su nociva cascada, poco parece haber cambiado en ese mundo de ejecutivos con sueldos altísimos y libertad para producir y negociar los llamados "derivados financieros". De hecho, el desempleo en Wall Street es del 8%, de acuerdo con datos privados. Eso implica casi dos puntos de ventaja sobre la tasa general del país.

El paisaje se mantiene: los bancos en riesgo han salido adelante gracias a garantías estatales -que paga el contribuyente- y los derivados financieros siguen, en buena medida, transándose como antes. Eso implica que la tan proclamada "regulación del mercado" para que no vuelva a suceder lo que sucedió se parece -hasta ahora- mucho más a una declaración de intenciones que a una realidad. Poco ha cambiado en la legislación financiera local.

La otra cara del asunto son los sueldos. La batalla de Barack Obama para recortar beneficios de los súper ejecutivos de Wall Street, a los que responsabilizó en buena medida por el bombazo financiero, no ha dado resultado. Y los salarios siguen siendo de seis dígitos anuales en dólares.

"Hay 30.000 ejecutivos de Goldman Sachs que este años cobrarán 700.000 dólares cada uno de ellos", informó ayer The New York Times .

Como contracara, las consecuencias del colapso se advierten en un cambio de hábitos y en la estruendosa irrupción de un sentimiento casi desconocido para esta sociedad, como es el miedo a perderlo todo.

Vivir con menos

"Hay un recorte de gastos y un aumento del ahorro", reveló una encuesta de Gallup, al dar cuenta de dos hábitos poco practicados por una sociedad cuya tasa de ahorro fue, en los últimos años, cero. La norma era gastarlo todo. Ahora, la sensación de que aquella prosperidad ilimitada y los días de gasto libre se acaban, asoma, junto con una nueva cultura de la frugalidad.

Vaya un ejemplo: la edición electrónica de The New York Times , el diario por excelencia del neoyorquino de clase media, llegó a incorporar "Vivir con menos", un blog en el que los participantes compartieron experiencias "de supervivencia" para afrontar la crisis con una billetera menguada.

"Cultivo una huerta; aprendí a envasar la comida que sobra; he decidido prescindir del auto, arreglo la ropa en vez de tirarla" y "Ya no voy a restaurantes, ni caros ni baratos. En vez de comer afuera, invito a los amigos a casa y pido que cada uno traiga su parte", figuran entre las confesiones. El consejo más repetido sugiere: "No tenga miedo, si está en problemas económicos o de empleo, háblelo con quienes lo rodean".

Un tipo de foro y de mensajes que, hasta hace pocos meses -cuando el colapso de Lehman Brothers graficó el final de una era- hubiesen sido difíciles de imaginar en Nueva York, la capital del consumo.

Como pocas veces, la recesión afecta a todos los estratos sociales. Y el pavor es que llegue el momento personal de no poder pagar cuentas. "Estamos viviendo una nueva pobreza; la pobreza de la clase media", dice Sara Horowitz, fundadora de Freelancers Union, un sindicato de trabajadores autónomos. Según datos oficiales, la asistencia social de Nueva York registra hoy pedidos de una creciente población "no tradicional" para sus filas. Por población "no tradicional" se entiende a los blancos. En 2005, los blancos que pedían ayuda alimentaria representaban el 5%. Hoy son el 26%.

Un sondeo de la revista Time puso datos al cambio social. La mayoría admitió que su forma de vida empeoró. Y el 57% cree que el sueño americano es hoy más difícil de alcanzar.

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