EE.UU. despide al último jefe de la dinastía política que marcó al país

Falleció en su casa la noche del martes. Tenía 77 años y un tumor cerebral. Hermano del presidente y del fiscal general asesinados en los 60, desde el Senado luchó por la igualdad racial, los derechos humanos y la salud. Lo sepultan el sábado.
Washington está de luto. Todas las banderas flamean a media asta. De este a oeste, y de norte a sur, se siente la tristeza en todo el país. Hay lágrimas y emoción en los testimonios de demócratas, como también de republicanos que trabajaban con él. Hay congoja en todos aquellos que se beneficiaron de una vida dedicada con pasión al servicio público. El último sobreviviente de la familia más venerada de los Estados Unidos, el senador Edward "Ted" Kennedy, murió el martes a la noche de un tumor cerebral. Tenía 77 años.

La noticia se supo recién en la madrugada de ayer. Los estadounidenses han perdido a uno de los más feroces campeones de la lucha por los derechos civiles: la igualdad racial, los salarios justos, la educación, el acceso a la atención médica. Y el mundo perdió a una de las voces más fuertes frente a la violación de los derechos humanos y la interrupción de los procesos democráticos. ¿Cómo olvidar la llamada "enmienda Kennedy", que prohibió, en 1978, la venta de armas estadounidenses y la ayuda económica a la dictadura argentina cuando muchos en Washington no dudaban en apoyarla en nombre de la lucha contra el comunismo? "Hice lo que tenía que hacer", dijo Ted Kennedy a esta corresponsal un par de años después, cuando Raúl Alfonsín ya era presidente. "La dictadura argentina fue la más atroz, la más tenebrosa. Afortunadamente ahora tienen una democracia."

Tras el velatorio y un servicio religioso que tendrá lugar en Boston, su cuerpo será enterrado el sábado en el cementerio de Arlington, con todos los honores militares, junto al ex presidente John F. Kennedy y al ex ministro de Justicia Bob Kennedy.

A diferencia de sus dos hermanos, que fueron asesinados cuando se encontraban en el apogeo de su carrera política, Ted murió pacíficamente en su casa, en Hyannis Port, rodeado por su esposa, sus hijos, sus sobrinos y sus nietos.

Debió mantener la antorcha de la familia Kennedy a través de innumerables tragedias, incluyendo el terrible accidente de uno de sus sobrinos John-John, el hijo del ex presidente asesinado, quien murió con su mujer cuando el avión que pilotaba cayó al mar. Otro episodio trágico involucró a su hijo Teddy, al que el cáncer le arrebató una de sus piernas. "Hemos perdido el centro irremplazable de nuestra familia y la luz de nuestras vidas. Pero la inspiración de su fe, optimismo y perseverancia vivirán en nuestro corazón para siempre", dice el comunicado que la familia envió a la prensa ayer.

De hecho, Ted estuvo cerca de la muerte dos veces. Sobrevivió a un accidente de avión, que dañó su espalda para siempre. Y también a uno de auto que, el 18 de julio de 1969, terminó con la vida de su acompañante, May Jo Kopechne, y con sus aspiraciones presidenciales en un lago de la isla Chappaquiddick. Kennedy tenía entonces 37 años. Venía de una fiesta -habría bebido demasiado- y su auto cayó al agua. El se salvó y dijo que había buscado a su compañera en el lago. Pero sólo avisó del accidente 10 horas más tarde.

Durante muchos años lo acusaron de alcohólico y de mujeriego. Basta recordar cuando mucho tiempo después, mientras estaba en su casa en Palm Beach, Kennedy levantó de la cama a su hijo Patrick y a su sobrino William Smith y se los llevó a un bar. Esa noche, una mujer que Smith conoció, lo acusó de haberla violado, lo que dio lugar a un juicio en el que muchos de los testigos brindaron detalles sobre las andanzas del tío.

Kennedy se divorció de su esposa Joan en 1981 y se volvió a casar con Vicky, una abogada, en 1992, pero no abandonó su carrera política. En el Senado, donde ocupó una banca durante 47 años, es famoso por la manera en que defendió los principios del Partido Demócrata, al mismo tiempo que intentaba siempre encontrar un consenso con los republicanos. Ayer la primera en reaccionar fue Nancy Reagan, quien lo elogió diciendo que, pese a las profundas diferencias ideológicas que los separaban, Ted y su esposo Ronald siempre "encontraban puntos de acuerdo y se tenían un gran respeto."

El senador Orrin Hatch, uno de sus más acérrimos rivales en la cámara alta, era, sin embargo, uno de sus amigos más cercanos. Cada vez que tenían una discusión, terminaban abrazados y riéndose.

Sin duda, el vacío que Ted Kennedy ha dejado, tanto en el seno de su familia como en el Senado, será muy difícil de llenar.

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