Educación sexual: una deuda pendiente durante el ciclo 2008

Aunque los programas están estipulados en la Ley de Educación Nacional, este año no se han aplicado. Un análisis de la licenciada María Fernanda Ceccarini especial para Ciudadano.
Con la Ley 26.150 - Programa Nacional de Educación Sexual Integral, sancionada en octubre de 2006, comenzó a transitarse un nuevo camino para la educación de nuestros niños y jóvenes.

Una ley que establece que todos los alumnos y las alumnas tienen el derecho a recibir educación sexual integral, considerándola desde sus aspectos: biológicos, psicológicos, sociales, afectivos y éticos; tanto en los establecimientos educativos públicos como privados de todo el país, desde el Nivel Inicial hasta el Nivel Superior de Formación Docente y Educación Técnica no Universitaria.

Con este programa se incorpora la Educación Sexual Integral en la propuesta educativa, de forma obligatoria, pero en donde cada comunidad educativa podrá realizar las adaptaciones necesarias a partir de los lineamientos básicos del programa. Su aplicación, así queda plasmada en la ley, será gradual y progresiva en un plazo máximo de 4 años.

Un tema tan debatido por años, con datos de la realidad en muchas ocasiones alarmantes, culminó con la sanción de esta ley y la obligación implícita, del Sistema Educativo Argentino, de lograr su adecuada implementación.

Luego, la Dirección General de Escuelas, comenzó a implementar dicho programa, durante el año 2007, donde se capacitó a los docentes de 8º y 9º prioritariamente, seleccionados por cada escuela, durante 5 meses, una vez a la semana, 4 horas diarias, con exámenes parciales y una práctica final en la institución. Todo ello, como puntapié inicial para la implementación en cada escuela de talleres para padres y para alumnos de 8º y 9º año.

Hoy, a pocos días de culminar el ciclo lectivo 2008, nada sabemos de la implementación de este programa que, sin mencionar la inversión presupuestaria realizada, que no se dio ninguna explicación a quiénes realizaron dicha capacitación en aras de lograr llevar a cabo esta tarea: abordar de forma sistemática la educación sexual de niños y jóvenes para la futura vida como adultos.

Muchos se estarán preguntando si realmente debe ser la escuela la encargada de formar en este tema tan “delicado". Y otros tantos interrogantes surgen en el interior de la sociedad: ¿Qué papel juega la familia en tamaña tarea?, ¿un niño de 5 años tiene que recibir educación sexual en la escuela?, ¿por qué no esperar a que el niño pregunte sobre el tema?, etc.

Como profesora en el nivel medio tuve la oportunidad de trabajar en este tema con alumnos de 3er. año del Polimodal. Los adolescentes de 17 y 18 años que, en una primera instancia se mostraban seguros y confiados en sus conocimientos al respecto, poco a poco descubrieron que hablar de sexualidad no es hablar de sexo.

Una responsabilidad de todos

La genitalidad es una parte en el inmenso mundo de la sexualidad humana. Por ello, en consonancia con lo expresado por la ley, la responsabilidad de educar sexualmente compete a todas las instituciones comprometidas en la educación del sujeto, siendo fundamentalmente la familia, la primera educadora. No se quita el derecho a los padres, sino que es la escuela la que se suma para encarar la educación del amor, la salud y la sexualidad.

Estaríamos ciegos si creemos que los niños y jóvenes de hoy, sumergidos en un mundo de permanentes estímulos sexuales e información indiscriminada y, en muchos, casos distorsionada, no necesitan de la unión de padres y docentes para propiciar la formación de personas en el autoconocimiento, la autoestima, convivencia y salud.

Reconozcamos que no es un tema fácil de abordar, pero hay muchos factores como la iniciación cada vez más precoz de las relaciones sexuales entre adolescentes, incrementos de embarazos adolescentes no deseados, la expansión creciente de una cultura hedonista y consumista que desvincula la sexualidad de principios ético fundamentales de la vida, la salud, el amor y la familia, etc. Todo esto nos está pidiendo respuestas rápidas. ¿Qué estamos esperando?.

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