Educación

Por J. M. Pasquini Durán

Pocos militantes de la política tuvieron tanta vena pedagógica como los socialistas de Juan B. Justo, combinada con la defensa y promoción de la educación pública. “Educar, ésa debe ser nuestra misión”, escribió doña Alicia Moreau en “Humanidad Nueva” del año 1909, cien años atrás. En la misma corriente, con vehemente exaltación, Mario Bravo firmaba lo suyo: “Desde el momento en que los hombres aprenden a leer y a escribir, dejan de ser reclutas para convertirse en soldados del gran ejército de hombres libres en marcha”.

¿Cómo se aplican estos estusiasmos, cien años después, a los siemprevivos debates sobre las excelencias, los recursos y la igualdad de oportunidades, insuficientes en cada temporada, que van a provocar a partir de hoy un nuevo paro en la mitad de los distritos escolares del país, empezando por la moderna y cosmopolita Ciudad Autónoma? ¿Responder estas preguntas debería ser más sencillo que acometer inquietudes como las de María Montessori del siguiente tamaño: “¿Cómo obtener la disciplina en una clase de niños en libertad?”

Ojalá alguien recuerde mañana y en los días que siguen las ideas y los sueños de cien años de solitarias esperanzas.

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