Editorial:Silencio Hospital

Las mismas fuentes que años atrás aportaban datos para mejorar el Hospital Municipal Nuestra Señora de Luján son las que hoy nos informan que en diversos servicios de ese establecimiento de salud faltan insumos de los más básicos; que se piden préstamos a hospitales de la zona; que se postergan intervenciones quirúrgicas; que hay guardias que se cubren desde los domicilios porque no hay profesionales para cubrir ciertos horarios.
Y aclaramos de entrada que son las mismas fuentes las que aportan esos datos de la realidad, para que desde la gestión encabezada por la doctora Graciela Rosso no se alimenten los fantasmas de la intencionalidad política.

Los que se animan a hablar lo hacen porque quieren un hospital mejor. Lo querían cuando la comuna era gobernada por Miguel Prince y lo siguen queriendo ahora, bajo los mandos de Rosso.

No es alentador para los lujanenses que el gobierno local naufrague en cualquiera de sus áreas. Pero el pronóstico indicaba que si había un sector en el que los cambios serían bruscos, era el de la salud.

Es imposible separar la situación actual del Hospital de Luján con el pasado político reciente de Rosso, quien fue nada menos que responsable nacional del Pami, viceministra de Salud de la Nación e integrante de la Comisión de Salud del Congreso de la Nación cuando se desempeñaba como diputada nacional.

Es más: lo que ocurre en los establecimientos públicos de salud de la ciudad de Luján debería ser la carta de presentación de la candidata número uno para reemplazar a Graciela Ocaña en el Ministerio de Salud de la Nación. En otros términos: si Rosso es candidata a asumir la máxima responsabilidad en materia de salud pública del país, Luján debería ser un lujo en ese aspecto.

Lejos de ello, como se mencionó más arriba, faltan gasas, guantes, insumos generales y profesionales que asuman las guardias como la demanda lo requiere.

Si bien Rosso comenzó su gestión en la materia con algunas medidas alentadoras –como el nombramiento de gran cantidad de profesionales y el refuerzo de los servicios en las salas de atención primaria- hoy las falencias y los problemas irresueltos están a la vista.

Si la situación no llegó a los extremos es lisa y llanamente por el profesionalismo del personal del nosocomio. Pero todo tiene un límite.

Rosso prometió en su campaña electoral que mejoraría las condiciones de la salud pública local, con fuerte hincapié en la atención primaria de modo de descomprimir la demanda hospitalaria. También vociferó su idea de abrir la tantas veces prometida terapia intensiva para adultos; una promesa que reiteró –sin que nadie la presione- en noviembre del año pasado.

Los que se animan a hablar dentro del Hospital y los pacientes que recorren sus instalaciones, no están pidiendo que el gobierno local cumpla con esa obra prometida. Solicitan que, al menos, no falten guantes, gasa, jeringas, insumos que cuestan centavos.

Los que se animan a hablar dentro del Hospital y los pacientes que recorren sus instalaciones, no están pidiendo que el gobierno local cumpla con la terapia prometida. Solicitan que, al menos, no falten guantes, gasas, jeringas, insumos que cuestan centavos.

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