Editorial:Jáuregui: otro año perdido

Termina el año y la luz de alerta volvió a prenderse en Jáuregui. El olor, esta vez con una intensidad mayor a la habitual, regresó para recordar a las autoridades gubernamentales que el problema de contaminación en la localidad goza de buena salud.
Como informó EL CIVISMO en su edición anterior, en la mañana del viernes 28 del mes pasado, el río Luján a la altura del club El Timón se vio invadido por un fuerte aroma pestilente que tenía el sello de la empresa Curtarsa.

La curtiembre aprovechó la intensa lluvia registrada durante la madrugada de ese día para evacuar sus efluentes al curso de agua y compartir con los vecinos el resultado más desagradable de su producción. Desde la Municipalidad se sancionó a la empresa por olores en la vía pública. Un capítulo repetido de una película interminable.

Mientras Curtarsa -que en estos años ha demostrado una total desaprensión por el medio ambiente-, hace caso omiso a las normativas vigentes, el gobierno local ensaya una respuesta que a un año de gestión no mostró ningún cambio sustancial en la problemática.

De arranque, el Departamento Ejecutivo encabezado por Graciela Rosso aclaró que no iba a iniciar gestiones para relocalizar a la empresa. En contraposición, garantizó que se incrementarían los controles para evitar situaciones como la ocurrida semanas atrás. Los hechos hablan a las claras de los magros resultados que arrojó esta estrategia.

En realidad, las intervenciones del municipio y de la Provincia fueron tan escasas como los logros obtenidos. En este tema, los vecinos siguen siendo la variable de ajuste. Sólo una baja en la producción de la curtiembre o determinadas condiciones atmosféricas evitan que el pueblo sea invadido por los característicos olores.

En ese marco, de tanto en tanto la inacción de las autoridades se ve interrumpida por ese hedor penetrante a “huevo podrido”, que es el emergente de una realidad mucho más compleja y preocupante. Entonces se actúa tibiamente, se toman muestras y llegado el caso se labra alguna infracción. Después continúa la siesta hasta que nuevos olores pestilentes llenan de denuncias vecinales las dependencias municipales relacionadas con el medio ambiente.

Así como durante la gestión de Miguel Prince nunca se tomó real conciencia del problema, el gobierno de Rosso amaga respuestas que ni siquiera alcanzan la calificación de paliativos. La problemática se mantiene intacta.

En este año, podría marcarse un sólo cambio positivo con respecto al gobierno anterior: los responsables de Medio Ambiente mostraron mayor acercamiento con las entidades ambientalistas de la localidad y en ningún momento pusieron en dudas la gravedad de la situación.

Este acercamiento derivó en distintas reuniones. Sin embargo, lo hablado en esos encuentros cayó en saco roto. En varias oportunidades, la directora de Medio Ambiente, Mariana Zaia, les aseguró a los vecinos que les entregaría documentación sobre lo actuado por el municipio y la Provincia. La información nunca llegó a destino. Las inspecciones y los controles duermen en las dependencias estatales, donde son archivados.

Termina el año. El tiempo transcurre y el olor aparece cada tanto para recordar que algo anda mal en Jáuregui. Todo indica que en las memorias de esta historia se podrá leer que el 2008 fue otro año perdido para la localidad en materia de medio ambiente.

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