Editorial:En China y en Argentina

Otra vez la misma polémica. Otra vez la necesidad de repetir los argumentos que parecen sencillos, pero que ciertos actores políticos y sociales se empecinan en no comprender. Otra vez se discute, en un marco en el que no están exentas las sospechas de discriminación, por la apertura –y ahora clausura- de un supermercado.
Sí, seguramente el lector pensará que la frase anterior está incompleta, pero decir que la polémica se desata alrededor de un supermercado chino sería contrariar lo que expone el expediente municipal mediante el cual se gestionó su apertura.

La discusión es la misma que se dio hace años y, por ende, tiene a los mismos actores. Comerciantes de oriente que no figuran en los documentos de habilitación, pero sí entre las góndolas y manejando a los empleados; personas que los defienden porque cobran un sueldo para ello; vecinos que también los defienden porque esos comercios suelen tener precios extremadamente competitivos en relación con otros comercios del rubro, y comerciantes cercanos al nuevo emprendimiento que ponen el grito en el cielo porque consideran al flamante súper como una competencia desleal. Entre ellos, con un rol protagónico, un gobierno dubitativo que permite la apertura provisoria y cuyos funcionarios se contradicen en el mismo expediente.

Si todos acataran lo que disponen las normas vigentes, no habría margen para ninguna polémica. El problema surge cuando lo que abundan son las desprolijidades, las incoherencias y la defensa ciega de una postura sin atender a los argumentos de los demás.

Cuando se habla de desprolijidades, concretamente nos estamos refiriendo al expediente que solicita la habilitación del local “chino” de la avenida Constitución. Desde la primera página del documento comunal los propietarios admiten la intención de utilizar ese espacio para comercio y vivienda. Es más, agregan un plano con referencias.

Nadie debería sorprenderse ahora al encontrar a los dueños viviendo en el lugar, algo que contraría lo que disponen las ordenanzas vigentes.

Tampoco es lícito decir que desde la Municipalidad se está actuando con visos de discriminación. En los papeles, la propietaria es argentina y se apellida González.

Todo sería más sencillo si desde la Municipalidad y el sector privado se limitaran a realizar lo que disponen las normas. Ni más ni menos. Si yendo en la misma dirección que los artículos de la ordenanza que regula la instalación de supermercados e hipermercados, este comercio se puede instalar, no hay nada que discutir.

Y lo mismo ocurre en caso contrario. Es decir, si la ordenanza tiene artículos que se oponen a la intención de los nuevos supermercadistas, no hay nada que debatir.

Las ordenanzas están, entre otras cosas, para eso: para evitar discusiones donde no deber haber. Para establecer reglas claras, por más que algunos se encaprichen en oscurecerlas.

Todo sería más sencillo si desde la Municipalidad y el sector privado se limitaran a realizar lo que disponen las normas. Ni más ni menos.

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