Editorial: Si los viera Carrillo...

"Ramón Carrillo. Nació en Santiago del Estero, el 7 de marzo de 1906. Falleció en Belem do Pará, Brasil, el 20 de diciembre de 1956. Neurocirujano, neurobiólogo y médico sanitarista de Argentina, alcanzó la capacidad político-administrativa de ministro de esa nación.
Integró la tradición científica conocida como escuela neurobiológica argentino-germana y produjo asimismo trabajos de antropología filosófica, dejando esbozada una ‘Teoría general del hombre’. Cursó la Carrera de Medicina ‘de manera brillante y obtiene, al recibirse en 1929, la Medalla de Oro al mejor alumno de su promoción’. Se convirtió no sólo en el primer ministro de Salud Pública que tuvo la Argentina, sino en quien el tiempo reconocería como mentor y ejecutor del Plan Sanitario mejor diseñado y ejecutado en el país". Apenas algunos pasajes de la biografía de Ramón Carrillo.

Mario Guillermo González dijo responder a la escuela de Carrillo. Lo dijo días después de haber aceptado la Dirección del Hospital Municipal Nuestra Señora de Luján. No aclaró que jamás cursó los estudios de medicina. Hoy ese nombramiento está en duda.

La situación que se generó alrededor de la designación de González evidencia un claro ejemplo de la improvisación reinante dentro de la administración de la doctora –en su caso sí podemos afirmarlo- Graciela Rosso, quien cedió la titularidad del Departamento Ejecutivo al doctor –en su caso también podemos afirmarlo- Hernán Mosca.

Aún para los colaboradores más cercanos en el Hospital local, lo sucedido con González resultó un fiasco. Ni siquiera el nombrado como director asociado, Daniel Faro, sabía que su compañero en la jefatura del establecimiento de salud no tenía matrícula habilitante.

Si uno se ata a las expresiones de González, habría que decir que no mintió. No dijo que era doctor; tampoco se arrogó el título de médico. En todo caso, se definía como "sanitarista".

Pero emulando al recordado "ingeniero" Blumberg, tampoco corrigió a todos los que lo llamaron doctor o médico. Así consta en una primera contratación que le realizó el gobierno de Rosso, y así figura también en el informe oficial que la Dirección de Prensa envió a todos los medios de prensa local cuando González tomaba las riendas del Hospital.

¿Nadie revisó sus antecedentes? ¿Nadie reparó en la falta de matrícula habilitante? ¿Nadie le avisó al director asociado que su director ejecutivo no era su colega?

A esas preguntas se suma una situación posterior, aún más desprolija. En coincidencia con el escándalo por el descubrimiento de su carencia de título médico, González comenzó a faltar a su puesto de trabajo local. No así, en cambio, a su responsabilidad laboral en Marcos Paz.

Mosca admitió ante este medio que González no es médico, aunque argumentó que "tiene título universitario". Y confesó que el "discípulo" de Carrillo "tendría problemas personales que le impiden venir al Hospital todos los días".

Por ende, se transparenta que a este presunto especialista en recaudación y administración de establecimientos de salud –perdón la desconfianza, pero preferimos definir su condición como presunta- nadie le preguntó si pensaba venir a trabajar todos los días.

Detrás de esta catarata de incongruencias se encuentra el Hospital. Este establecimiento que brinda los servicios más sensibles para la comunidad queda atrapado en una desprolijidad extrema que pone en riesgo no sólo cualquier planificación, sino también su atención diaria. Hoy el director del Hospital, en los papeles, sería el doctor Héctor Ruffinelli, también secretario de Salud y Medio Ambiente. ¿Por qué? Porque González no viene; Faro pidió sus vacaciones y alguien tenía que hacerse cargo.

Comentá la nota