Editorial: Todos incómodos

La imagen que el lunes dejó el gobierno en la Basílica de Luján y sus alrededores o, en todo caso, la postal del proyecto kirchnerista, fue lamentable. Quizás, en tono desgarrado, haya que admitir que es la imagen fiel de una propuesta cimentada en el rejunte. Perdón, en la concertación plural.
Desde Luján se mostró al mundo que la presidenta de la nación, Cristina Fernández de Kirchner, y el vicepresidente de la misma nación, ambos electos en octubre de 2007, pueden concurrir a una ceremonia por el diálogo entre los pueblos, la paz y la concordancia, pero no saludarse porque están ofendidos, dolidos o distanciados.

Eso que se vio en la Basílica es la síntesis del proyecto kirchnerista, una agrupación multifacética que parecería que sólo tienen en común su sed de poder.

La presidenta sentada sola, a prudenciales metros de distancia de su vicepresidente. El vicepresidente saludando a todos con alegría, intentando demostrar que está más cerca de “la gente” que de los mandatos de la Casa Rosada. Una peronista que supo ser de izquierda y un radical que hoy no milita en el radicalismo, distanciados en una misa de reconciliación y paz.

Al lado de Cobos la intendenta de Luján, Graciela Rosso, que entiende que la fidelidad a un proyecto vale más que sus propias creencias. A pesar de su confeso ateísmo, concurrió a misa, se paró y se sentó tal como manda la liturgia.

Poco le importó quedar codo a codo con Julio César Cleto Cobos, a quien ella consideró y calificó públicamente de traidor.

Del otro lado de Rosso también había una típica estampa kirchnerista: Daniel Scioli, ex deportista exitoso que haciendo culto a la costumbre de decir sin decir nada, llegó a encumbrados puestos del menemismo, no se llevó mal con el duhaldismo y hoy es una muestra fiel del más puro kirchnerismo.

Más allá de la imagen tan compleja, cabe preguntarse cuál es el rumbo ideológico de este grupo de personas que hoy tiene el control absoluto sobre las decisiones políticas del gobierno nacional.

Si el rumbo lo traza Kirchner, ¿quiénes son los genuinos representantes de ese rumbo? ¿Lo representan sujetos como el ex carapintada hoy aliado oficial Aldo Rico; su protector Carlos Kunkel; el inefable Luis D’Elía o el inexplicable Guillermo Moreno?

Y dentro de ese armado político, ¿cómo ubicar a Cobos? “Cobos es un traidor y aquel que traiciona deja de ser confiable”, dicen los que dicen ser auténticos kirchnerista. Pero lo dicen sin recordar que fueron Kirchner y su esposa los que fueron a buscar a Cobos para conformar una fórmula plural.

Tal vez en esta última palabra esté la explicación: a lo que ellos, desde el kirchnerismo, llaman plural, otros prefieren definir como rejunte. Hay barrios en los que las definiciones son más directas: les dicen “bolsas de gatos”.

Por eso, entonces, el clima en la Basílica fue lógico. Todos estaban incómodos por la persona que les tocó al lado. Son políticos que saben que la foto del lunes queda registrada para siempre y que, tarde o temprano, un nuevo salto ideológico-partidario los dejará en ridículo.

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