Editorial: Todo se resume en la credibilidad

Explicar el meollo del asunto es sencillo: se trata de creerle o no al Departamento Ejecutivo, a la intendenta Graciela Rosso, a su gestión de gobierno. Cada uno puede etiquetar al protagonista de acuerdo a su antojo.

Semanas atrás, el Ejecutivo municipal elevó al Concejo Deliberante el proyecto de presupuesto de gastos y cálculos de recursos para el año próximo y abrochada al borrador de esa normativa adhirió la propuesta de subir el rango de la actual Dirección de Medio Ambiente al de Secretaría.

Cualquier lectura a vuelo de pájaro podría provocar el error de creer que se trata de una mera modificación en el nombre y, en todo caso, de unos pesos más de salario para quien sea el/la responsable de esa cartera.

Sin embargo, el tema es mucho más profundo y por eso su sanción se encuentra estancada, con pronóstico de aprobación “reservado” en las comisiones de Legislación, Interpretación y Reglamento, y en Salud del Concejo.

La elevación del rango de Dirección a Secretaría de Medio Ambiente (o de Gestión Ambiental para ser más precisos) implica un importante aumento en la erogación que insumirá en el presupuesto municipal estimado para el año próximo que, como ya se informó en ediciones anteriores, se calculó en cerca de 100 millones de pesos. Habrá nuevas direcciones y subdirecciones y cada nuevo funcionario querrá y podrá contar con su flamante plantel de colaboradores.

El argumento más fuerte que blande el gobierno de Rosso es el documento ya firmado con la Secretaría de Medio Ambiente y Desarrollo Sustentable de Nación –hasta hace poco capitaneada por Romina Picolotti- mediante el cual se declara al partido de Luján como “municipio sustentable”. Y es aquí donde entran a jugar los argumentos de quienes se niegan a levantar la mano para aprobar la Secretaría que pretende Rosso.

Sin obras o resultados que exponer en el área de Medio Ambiente, la firma de un documento que denomina a Luján como “municipio sustentable” es simplemente eso, un documento, un papel; en el mejor de los casos, el paso en limpio de una expresión de deseos. Rosso, en cambio, afirma que es el disparador para grandes logros.

A pesar de las promesas, de los discursos, de las jornadas sobre recuperación del río Luján, de un puñadito de sanciones a empresas que dañan al ambiente y de algún que otro “power point” con imágenes de máquinas trabajando en el basural, el gobierno de Rosso no tiene hechos que puedan ayudar a sostener la necesidad de crear la Secretaría de Gestión Ambiental.

Muy diferente sería el panorama para la propuesta oficial si desde la Dirección a cargo de la licenciada Mariana Zaia (candidata a secretaria si se logra la creación del área) abrumaran a los concejales y en particular a la comunidad con sus logros, sus obras, con el cierre definitivo del basural a cielo abierto, con el corte para los vuelcos clandestinos de los camiones atmosféricos, con la reparación de la planta depuradora, con al menos el inicio de la obra de la nueva planta depuradora en Open Door, con una planta para el tratamiento de los residuos sólidos, o con sanciones ejemplares para quienes, gracias a lo laxo de los controles, se empecinan en contaminar aire, agua y suelo.

A total contramano de esta última explicación y luego de reiterar por enésima vez que se recibió una espantosa herencia administrativa, la gestión de Rosso dice, justamente, que si es escaso lo que se logró en un año en materia de medio ambiente, en gran parte responde a la falta de presupuesto o a la exigencia desde Provincia o Nación para que Medio Ambiente tenga un rango que les permita girar fondos para obras.

¿Cuál es la garantía que indica que si Luján tiene una Secretaría de Medio Ambiente lloverán pesos para las obras necesarias? La palabra del gobierno de Rosso. Por eso, retornemos al principio de este editorial: todo se resume en creerle o no a la actual gestión.

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