Editorial: No tienen vergüenza

Néstor Kirchner es candidato a diputado nacional por un distrito en el que no tiene su domicilio real. En estos días de campaña recorre calles del conurbano bonaerense como un perfecto turista.
Su compañero de fórmula es Daniel Scioli, gobernador de Buenos Aires electo hace dos años y con dos años más por delante, de acuerdo a lo que eligieron la mayoría de los votantes. Pedían que lo voten como candidato a gobernador y en menos de dos años está pidiendo respaldo para dejar en suspenso ese mandato y, presuntamente, asumir como diputado.

El jefe de Gabinete de Nación Sergio Massa los acompaña en la lista. Actualmente es intendente de Tigre, con licencia para asumir el cargo en el que, siguiendo esa "ilógica", también solicitaría licencia porque será electo diputado. A partir del 29 de junio, Massa tendrá tres cargos para elegir.

El vicegobernador de Buenos Aires, Alberto Balestrini, es otro candidato farsante. Si bien tiene dos años más de ese mandato, se postula para legislador.

Negociaciones sin margen para la negativa determinaron que unos 40 intendentes del interior bonaerense pongan en riesgo su gobernabilidad y terminen plesbicitando sus mandatos porque les ordenaron encabezar las listas de candidatos a concejales de su distrito. Algunos lograron evadir ese pedido colocando en las listas a parientes directos.

Graciela Rosso no podría defraudar al clan Kirchner y acató la orden sin chistar. "Voy a encabezar la lista de candidatos a concejales", le dijo el jueves a EL CIVISMO. Todavía no logra hacer pie con su administración, plagada de colaboradores externos, que ahora arriesga todo por casi nada. En todo caso, para que los Kirchner puedan sentirse airosos en la noche del 28 de junio.

Pablo Tonini es candidato a concejal por Unión-PRO. Hace menos de dos años pedía el voto para Rosso y defendía en el Concejo los proyectos oficiales. Una mañana su postura cambió y ahora quiere votos opositores.

Los medios de prensa están enumerando algunos ejemplos de candidaturas falsas. José María Díaz Bancalari, diputado nacional y candidato en la segunda sección; Cristina Alvarez Rodríguez, ministra de Planificación bonaerense y candidata en la primera sección; Alejandro Arlía, ministro de Economía de la provincia (desde hace apenas semanas), candidato a concejal; Juan Zabaleta, número 2 de la ANSeS, candidato a concejal; Guido Lorenzino, Horacio González, Jorge Varela y Julián Domínguez, diputados provinciales y candidatos a concejales.

La tentación de ofrecer lo que en definitiva no se tendrá –porque prácticamente todos los mencionados hasta aquí no asumirán el cargo para el que se postulan- trasciende al oficialismo. Gabriela Michetti, elegida hace dos años vicejefa de Gobierno porteña, renunció a ese cargo para asumir la candidatura a legisladora PRO de la ciudad de Buenos Aires.

Martín Sabbatella también se prende en la moda y salta de su municipio, Morón, a una candidatura. Pregona, como gran gesto, que renuncia a su cargo ejecutivo.

Felipe Solá, diputado electo por el kirchnerismo en 2007, ahora es candidato por Unión-PRO para el mismo cargo. Con un mínimo reflejo, alcanzó a quitar de la lista a María Helena Chaves, su pareja.

Los parientes abundan en todas las listas: la mujer de Capitanich, la esposa de Massa, la esposa de Luis D’Elía, la hermana de Storani, la hermana de Graciela Rosso, el hijo del diputado y candidato a diputado (sí, leyó bien) Recalde, la esposa de Roy Cortina, la esposa de Schiaretti, la hermana de Luis Barrionuevo.

Para no aburrir, no abundamos acerca de aquellos que fueron candidatos por un distrito o provincia, porque se supone que conocen y defienden los intereses de esos espacios que conocen, y meses después son candidatos por otro territorio.

Se podrían delinear infinidad de críticas. Sirva como síntesis un par de afirmaciones: los mencionados, no tienen vergüenza y tampoco esbozan un mínimo respeto por las instituciones y la división de poderes.

Se trata de conseguir y retener poder. En política, cualquier fin justifica cualquier medio. Lamentablemente, miles y miles de votos suelen avalar estas prácticas.

Sirva como síntesis un par de afirmaciones: los mencionados, no tienen vergüenza y tampoco esbozan un mínimo respeto por las instituciones y la división de poderes.

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