Editorial: ¿Por qué hay que soportarlo?

La pregunta es sencilla: ¿por qué un chico que se despierta y sale a la calle para asistir al colegio o ir a divertirse a un club con sus amigos tiene que aceptar en el aire un olor a podrido insoportable? Y el mismo interrogante podría modificarse levemente, cambiando al niño por un anciano, un trabajador, una vecina; en definitiva, un ciudadano cualquiera.
Hace años que desde la Intendencia de Luján, primero uno de sus responsables, ahora otra, nadie responde como corresponde a esta pregunta que reflota día a día en la localidad de Jáuregui.

En su momento, Miguel Prince balbuceó una respuesta, anteponiendo a un derecho tan básico como respirar aire puro, que en años de crisis no se podía atentar contra una fuente laboral. Durante sus doce años de gestión, el olor nauseabundo se adueñó de la zona todas las veces que los empresarios quisieron.

Tampoco dieron una respuesta ante una consulta tan sencilla los responsables provinciales de las áreas que en algún momento se llamaron de Medio Ambiente y que ahora se disfrazan como Desarrollo Sustentable.

El famoso "poder de policía" para frenar los abusos de la curtiembre lo tiene la Provincia, que sólo se dignó a mandar a funcionarios de tercera línea o de cuarta categoría, para que expliquen lo inexplicable. Y en algún momento, cuando el clima social se había tensado, hicieron la pantomima de instalar una casilla de monitoreo de malos olores. Los resultados estarán tirados en algún cajón en la ciudad de La Plata.

Prince y los funcionarios de medio ambiente provincial de la Gobernación de Felipe Solá fueron desplazados por las urnas. Pero el olor se mantiene. Llegó Graciela Rosso y se supuso que traería nuevos aires. El paso del tiempo tiró por la borda las esperanzas.

Rosso conoce el problema. Hace años que por razones de esparcimiento la intendenta, antes diputada, antes funcionaria nacional, antes que nada vecina y socia de un club, asiste a la localidad. Nadie le tiene que contar los detalles de ese olor tan indescriptible como insoportable. Lo olfatea sin necesidad de asesores.

Quienes sostienen esta lucha por la defensa del medio ambiente desde hace más de una década, saben que el hecho de plantear una problema conocido por los funcionarios no es garantía de nada. Funcionarios de la gestión de Prince vivían a metros de la curtiembre. Y Rosso es asidua concurrente al club más cercano a las chimeneas de Curtarsa. Ni aquellas ni estas autoridades están dispuestas a poner un freno.

Está claro que los intereses empresariales son más fuertes que los derechos básicos de los ciudadanos. Y todo lo que se diga para intentar desmentir esta afirmación es mentira de baja estofa.

No hay nada que justifique que un chico, un abuelo, un operario, un deportista que sale de su casa para disfrutar de un día en el pueblo en el que vive, tenga que soportar un olor que irrita, por el simple hecho de que hay un empresario dispuesto a facturar a costa de todo y un Estado ausente o, peor aún, cómplice.

No hay nada que justifique que un chico, un abuelo, un operario, un deportista que sale de su casa para disfrutar de un día en el pueblo en el que vive, tenga que soportar un olor que irrita, por el simple hecho de que hay un empresario dispuesto a facturar a costa de todo y un Estado ausente o, peor aún, cómplice.

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