Editorial: Con sólo dos añitos

"Un niño a los 2 años tiene ya más sentido de la propiedad, retiene sus posesiones y hasta las esconde. Pelea por ellas, pues en esta evolución ordenada si tiene que aprender a compartir las cosas, tiene que saber primero que ‘esto es mío’.
A partir de los 2 años es la etapa de tendencia a contrariar, a adoptar extremos contradictorios".

Pequeño extracto de un texto titulado "El Niño; su personalidad y adaptación a la cultura", que se encuentra en la web "telesalud.ucaldas.edu".

Sabrá perdonar el lector la tentación de trasladar esta descripción a una fecha que se cumplió exactamente el miércoles pasado: dos años del triunfo de Graciela Rosso en las elecciones generales. Hace dos años que Rosso se enteraba del resultado de las urnas o, dicho de otro modo, se desayunaba con la posibilidad de conducir los destinos de la ciudad hasta 2011.

Un niño de dos años es propenso a adoptar extremos contradictorios, afirman los especialistas.

A escasos meses de ganar las elecciones, Rosso tenía listo el equipo que la acompañaría en la toma de decisiones. Su gabinete era un crisol ideológico que prometía aquello de trabajar por un bien común más que por ideologías mezquinas y demás argumentos que se suelen dar en tales ocasiones.

La conformación de aquel primer equipo de colaboradores tenía la impronta del acuerdo político que la depositó en la Intendencia. El sector político de la ex legisladora María Inés Fernández aportó votantes y más tarde cuadros políticos para la conformación del gabinete y de las segundas y terceras líneas de funcionarios.

Pero esa criatura nacida el 28 de octubre de 2007 comenzó a forjar su personalidad con una acumulación de pasos inciertos, de gateo sin dirección, de acciones riesgosas tal vez propias de la inexperiencia.

Ese idilio entre "dos muchachas peronistas", aunque a una de ellas todavía no se la acepta abiertamente en el movimiento, se rompió una noche. Rosso se quedó sin equipo que la sostenga. Jamás había consolidado un espacio propio, fiel a sus ideas, y ahora se quedaba sin el sector que podía aportarle –mal o bien- esa cuota de dirigentes justicialistas locales.

Fue entonces cuando incrementó los desembarcos de colaboradores venidos de otras tierras, una política que se mantiene hasta hoy. Esos arribos respondieron y responden más a amistades o contactos de sus años en la función pública nacional que a currículums que despierten admiración. A aquel funcionario lo conoció cuando estaba en el Ministerio de Salud. Ella llegó porque se la recomendaron de Provincia. Con la otra se llevaba bien cuando trabajaba en la Colonia Montes de Oca. A ese sujeto lo trajo porque dicen que es más pesado que aquellos con los que tiene que lidiar.

Y de pronto, por esas cuestiones de conveniencia kirchnerista, una elección. Fueron los días de denuncias, acusaciones y de Rosso armando una estructura con lo que tenía a mano. Hoy, muchos de aquellos a los que arengaba en las horas previas a una frustrada interna peronista, ya no están cerca de su gobierno. Es más, por esas cuestiones de las pertenencias atadas únicamente al bolsillo, se transformaron en sus principales críticos.

La elección interna se realizó sólo para cumplir el trámite y la figura de Miguel Prince resucitaba muchos antes que lo pensado por el propio Prince. Rosso se quedaba gritando contra todo el mundo, blandeando un escenario de violencia.

Sin descanso, el calendario le enrostró una elección general y la bajada de línea de su jefe para ser candidata "testimonial". Una vergüenza que se terminará de completar el próximo 10 de diciembre, cuando no asuma el cargo al que accedió.

Rosso armó una lista con lo que tenía a mano, asesorada por prácticas de campaña del conurbano –una palabra que irrita en el pueblerino y saludable sentimiento local- y así le fue.

A partir de entonces, otro golpe de timón. Salieron algunos foráneos y parte del remanente de aquella alianza con María Inés Fernández, que quedó designado a direcciones como Tercera Edad. Vinieron colaboradores nuevos y se alió con viejos integrantes de las tropas princistas.

Hoy, con dos años de vida desde aquella elección ganada, intentar construir una identidad definitiva con un puñadito de personas de confianza, muchos de ellos familiares; ex laderos de Prince que le recomiendan funcionarios; con ex concejales de Prince que le defienden el presupuesto en el Concejo; con foráneos que defienden cobrar disponibilidad permanente por "venir hasta Luján a trabajar" y con algunas buenas intenciones. No es sencillo comprender la personalidad de una criaturita de apenas dos años.

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