Editorial: Rutas argentinas hasta el fin

Fue un accidente más que, afortunadamente, su protagonista lo puede contar. Una persona de 27 años se trasladaba en su auto por la ruta provincial 6 en dirección Luján-Open Door y en una curva del kilómetro 160 perdió el control de su vehículo.
Volcó luego de chocar contra unos tambores de 200 litros que están señalizando la reparación de la ruta nueva. Sí, leyó bien, reparando la ruta nueva, porque se rompió antes de estar terminada.

¿El conductor iría rápido? Es muy probable. Lo que no entra en el plano de las dudas es que a una velocidad normal, prudente para recorrer esa cinta asfáltica, no era garantía de seguridad.

La ruta 6, en el extenso tramo que recorre, entre otras ciudades, San Vicente, Cañuelas, Las Heras, Luján y Campana, es un fiel reflejo de uno de los costados más inescrupulosos de las políticas públicas: el de las obras viales.

Hace más de una década que se dan vueltas y más vueltas para la construcción de una doble mano que una a las ciudades de La Plata y Campana, pomposamente calificada como "la ruta del Mercosur". En decenas y decenas de kilómetros, una de las manos quedó prácticamente terminada pero en desuso, porque el dinero para su finalización se esfumó en diferentes fogatas políticas y hoy sólo se usa para el tránsito informal de los vecinos de la zona o para probar autos de carrera.

Pero tampoco merece una felicitación la parte de ruta que sí se terminó. Realizada con mucho menos de lo justo, apenas culminó la obra comenzaron a florecer pozos, baches, juntas que se abren, grandes grietas. Ese es el aspecto que nos regala el tramo local de su traza.

La ruta provincial 6 es un ejemplo de los tantos que tenemos a escasas cuadras de distancia. El estado que presenta el tramo de la ex ruta nacional 7, entre General Rodríguez y Luján, debería avergonzar a las autoridades de esas dos ciudades, en principio, y a sus superiores, si es cierto aquello de que trabajan para el bienestar de la gente. Transitar por lo que queda de su cinta asfáltica es una odisea no recomendable.

Hace años que se prometen la repavimentación pero lo único que se logró fue iluminar el universo de pozos.

Eso sí, puede llegar un día en que las estadísticas sean tan contundentes, la realidad tan alevosa que alguien se digne a reducir su ganancia y se realice alguna mejora. Es muy probable también que llegado ese día se coloque una oportuna cabina de peaje. Llegado ese punto, lo lamentable será el estado de las colectoras, para que sufra aquel que elige no pagar.

Hay un ejemplo cercano de una obra culminada. Después de décadas de accidentes y de poner en riesgo la vida por nada, las autoridades políticas se dignaron a repavimentar la ruta provincial 192. Acorde con esto de responder ciegamente a la demanda, se excedieron en la colocación de lomos de burro en los tramos más urbanos; un detalle si se recuerdan los constantes pedidos por mejorar el paupérrimo estado de esa cinta asfáltica.

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