Editorial: La responsabilidad del momento

El sábado unos cientos de militantes de la causa "Felipe Solá 2011" y un exagerado número de medios de prensa fueron testigos de una muestra más de la política futurista, que nada tiene que ver con una política de planificación. La primera sólo degrada, la segunda –bien aplicada- debería redundar en beneficios para todos.
El 28 de junio los argentinos concurrieron a las urnas para elegir legisladores nacionales, provinciales y municipales. Se escogió lo que cada uno entendió como la mejor opción para defender los intereses ciudadanos desde una banca. Y aunque en las boletas no lo diga, se sobreentiende que esa elección tiene un plazo: por ejemplo, en el caso de los concejales, un mandato de cuatro años.

Gastaríamos letras, palabras, frases y párrafos si volvemos a machacar sobre aquella estafa de candidatearse para un cargo que no se está dispuesto a asumir, como lo hizo Daniel Scioli, Sergio Massa, Graciela Rosso, tal vez Néstor Kirchner y una larga lista de funcionarios de todo rango.

En este caso, el acento de la crítica se posa sobre otro defecto endémico de la política argentina. Mejor dicho, de los dirigentes políticos argentinos: no asumir la responsabilidad del momento y actuar en consecuencia.

Para no alejarnos del ejemplo más fresco y cercano, recordemos que Felipe Solá es diputado nacional y en junio pasado fue candidato y elegido para seguir siendo diputado nacional por otros cuatro años. Pero a menos de dos meses de las elecciones, el ex mandatario provincial salió a florear su intención de ser candidato a presidente en 2011. Con falsa timidez, Solá y otros dirigentes responden que falta mucho para pensar en esas alternativas, pero en realidad es en lo único que piensan.

¿No sería más sensato que se ponga a planificar sus cuatro años como legislador? ¿No sería interesante que reúna, como lo hizo el sábado, a toda su tropa para discutir qué temas presentará para debatir y votar en el Congreso y con qué escala de prioridad?

Lejos de esto, el sábado se instaló el circo en el predio de los Municipales para dar a conocer un documento elaborado de antemano en el que se reflexiona sobre la necesidad de que el próximo candidato a presidente sea peronista y qué mejor si es Solá.

Semanas atrás su amigo Miguel Prince cayó en la misma tentación. Habían pasado días de las elecciones en las que ganó, entre otras cosas, el derecho de representar a los lujanenses durante cuatro años en una banca del Concejo Deliberante. Y Prince se juntó con militantes de su sector para analizar el mensaje de las urnas y debatir futuras acciones políticas, reiterando en críticas a la actual gestión.

¿Por qué no dialogar con sus dirigentes acerca de las urgencias que tiene Luján y elaborar una lista con temas a presentar al otro día de la asunción en el Concejo? También lejos de esa posibilidad, se revolvieron los argumentos que defenestran a la actual gestión comunal, dejando entrever que sólo la vuelta de Prince sería el camino adecuado para una mejora comunitaria.

Pero no sólo Prince, Solá, Macri y De Narváez se apuran en definir estrategias de cara a 2011. Carlos Reutemann es noticia en estos días por su desbocada reacción ante supuestas maniobras para dinamitar su hipotética candidatura para dentro de dos años. Aseguró que seguir en la contienda por la presidencia le "importa un pito" y dijo en referencia al kirchnerismo que "se recontrametan la candidatura en el medio del culo". Santa Fe seguramente no necesita de sus exabruptos, sino de su trabajo como legislador para defender y plantear los temas que urgen a los santafesinos.

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