Editorial: Una renuncia y mucha "ingenuidad"

La contaminación acaba de devorarse a una funcionaria del gabinete de Graciela Rosso. La noticia de la renuncia de Mariana Zaia, hasta la semana pasada directora de Medio Ambiente de Luján, se confirmó el lunes y desde el gobierno nadie salió a explicar su alejamiento de modo formal.
Extraoficialmente, los más encumbrados integrantes del gabinete confesaron que "se fue porque no soportó más la presión, en especial por el tema de esa industria".

El alejamiento de Zaia se produce en un momento muy especial dentro de la larga lucha por frenar la contaminación que repercute en todo Luján y afecta de modo insoportable a la localidad de Jáuregui.

Zaia se fue días antes de una reunión entre todas las partes que tienen que actuar para solucionar los problemas generados por la curtiembre; se fue días antes de la reunión entre el presidente de Curtarsa y los concejales; horas después de que se descubriera un sedimentador en la curtiembre al aire libre. Y un par de semanas después de confesarle a este medio –en el marco de la inauguración de una plaza en el barrio El Mirador- "cómo creció la presión de Curtarsa. El otro día, cuando realizamos una inspección, nos dijeron que nos dejemos de jorobar con la prensa".

Pero no sólo importa señalar la coyuntura del momento elegido por la directora de Medio Ambiente para retirarse de la función. También conforma el marco de la denuncia una tarea que queda con más deudas que cuentas saldadas.

Zaia fue una de las protagonistas de la promesa más mediática de la gestión de Rosso: el cierre del basural en "tres meses". En el predio sólo lograron limpiar un triangulito y el resto sigue igual que siempre, sólo que con custodia. Los camiones de basura domiciliaria y los tanques atmosféricos siguen desfilando y volcando sobre la tierra, sin ninguna clase de tratamiento previo.

El olor nauseabundo sigue presente en Jáuregui y Zaia seguramente se retira de la función pública conforme porque logró aplicarle a Curtarsa un puñadito de multas a un par de miles de pesos.

El río, otra de las pantallas en materia de cuidado del ambiente, sigue siendo una cloaca a cielo abierto en la que, cada tanto, se renuevan las promesas de limpieza.

Ahora vendrá el tiempo propio de la transición, en el que su reemplazante pedirá tiempo para analizar cómo recibe a la Dirección y en todo caso peleará en el Concejo Deliberante elevar el rango del área de Dirección a Secretaría. Nada importante y concreto que se relacione con el cuidado del medio ambiente.

Pero tampoco sería justo dejar entrever que la contaminación en Luján está tan presente porque una directora no cumplió con los deberes. Si bien el Departamento Ejecutivo es el responsable máximo de las acciones y omisiones, también la oposición tiene su cuota.

Para entender por qué la situación llegó a esta instancia, en la que tenemos río, suelo, agua y aire contaminados y un basural en el que se deposita y almacena basura de todo tipo y color, basta con repasar lo que ayer dijo la eterna concejal Susana Haurié, hoy opositora. Su testimonio después de la reunión mantenida con el presidente de Curtarsa, indigna. "La empresa está predispuesta; se dio un buen diálogo; debemos entender que la semana próxima será intensa en olor pero la situación mejorará en las próximas semanas; poner en orden procesos tan complejos lleva un tiempo; Curtarsa se compromete a que en los primeros días de diciembre estarán en régimen los techos del sedimentador y la situación mejorará". Y como frutilla de sus expresiones, destacó que el titular de la curtiembre afirmó que "los valores que se manejan están dentro de las pautas legales. No habría contaminación, sino impacto".

Acostumbrada a trabajar como concejal, pero con una ingenuidad que genera sospechas, Haurié le cree a las promesas de esa industria. Un fuerte signo de tranquilidad para todos los que quieren vivir en un ambiente más sano.

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