Editorial: ¿A quién creerle?

"Ella" dijo que hay un fuerte defasaje entre lo que se recauda y lo que se necesita por mes para afrontar los gastos. Admitió que habrá que modificar (léase aumentar) las tasas para no tener problemas al momento de brindar los servicios, pagar los salarios y realizar alguna que otra obra "menor". Pero "ella" se muestra lejana a exponer una situación desesperante.
Por el contrario, hace menos de diez días "ella" afirmó, en una nota que concedió a este medio con agenda abierta, sin límite de tiempo y sin terceros testigos de sus palabras, que la Provincia cumplirá con todos y cada uno de los compromisos de financiación para obras y programas sociales; que el municipio no sufrirá sobresaltos y que, en todo caso, queda la opción de insistir en una serie de reclamos a Nación, que todavía no clausuró su billetera, como sí sucedió en el gobierno de Daniel Scioli.

Agregó, además, que está en estudio dentro del Concejo Deliberante el proyecto de presupuesto de gastos y cálculo de recursos 2009, de modo de modificar montos y partidas de dinero que siguen atadas a la distribución política que decidió la anterior gestión.

En síntesis, "ella" da a entender que no son tiempos para tirar manteca al techo, pero tampoco de desesperación extrema. "Ella" es la intendenta Graciela Rosso.

Un par de días después de las citadas declaraciones, puntualmente el pasado sábado a la mañana, trabajadores de prensa fueron invitados por "él" a un "desayuno de trabajo", una modalidad de comunicación oficial que prolifera hace tiempo en municipios, despachos provinciales y también nacionales. En la mesa se sentó "él", el anfitrión, junto a los directores de Prensa, de Tierras y Viviendas, de Educación, de Medio Ambiente y de Desarrollo Humano, los responsables de los contenidos periodísticos de tres radios FM y dos periodistas de este medio.

En ese marco, "él" describió un panorama apocalíptico. "Muchachos, económicamente el municipio está al borde del precipicio", dijo, en un lenguaje de presunta confianza extrema. "Se van a cortar las horas extras, prácticamente en su totalidad, en el marco de ajuste financiero que hacemos para poder funcionar", agregó.

"Hay cosas que debemos decirlas de una vez por todas. Prince, Luján dejó de ser el lejano oeste en el que se puede hacer lo que se le ocurre", dijo "él" minutos después al referirse, siempre en tono ramplón, a la denuncia de la ocupación de lotes en diferentes barrios. "Hay un quilombo con el tema de los lotes que están tomando. Se espera para el año que viene, según la información con la que cuento, una migración interna del conurbano para acá", informó el "asesor".

"Él" también dirigió la batuta de las declaraciones de los funcionarios, mantuvo en silencio –o dejó mudo- al nuevo director de Prensa y obligó a los directores a darle sus números de celulares a los periodistas, en un modo más cercano al apriete que al pedido respetuoso. También sugirió, de modo jocoso y admitiendo la falencia de la gestión, que se "aflojen" las críticas por la demora para poner en la web una página oficial de la Municipalidad.

"Él" es Miguel Puentes, quien pide ser llamado "Choper" y se presentó ante la mesa de desayuno laboral como "asesor de la doctora". "Choper" apareció en escena en el marco de la campaña electoral de Rosso, pero sigue trabajando dentro de la Casa Municipal con una designación temporaria en la Dirección de Prensa al menos hasta fines de diciembre próximo.

Si no se conociera el contexto, la respuesta a la pregunta que le da título a este editorial sería inmediata. ¿A quién creerle, a Rosso o a su asesor? Antes de responder con rapidez, habría que tener en cuenta que "Choper", el "asesor" con despacho más cercano a las oficinas de la Intendencia, dice y hace con apoyo de la intendenta. Organiza, convoca, cuestiona a sus presuntos pares y los funcionarios le responden a sus pedidos porque, evidentemente, tiene respaldo de su jefa.

Lo expuesto no se trata, como intentan explicar hace semanas desde diferentes rangos del gobierno local, de estrategias de la gestión comunal para mejorar la comunicación con los medios de prensa y, por consiguiente, con todos los ciudadanos. Esa descripción sería aceptable si unos y otros mantuvieran una sintonía respecto del diagnóstico; si todos dijeran lo mismo respecto de los recursos disponibles y de los caminos para enfrentar los escollos.

Pero "ella" afirma que no hay razones para preocuparse y "él" la contradice al asegurar que "estamos al borde del precipicio". Extraño modo de mejorar la comunicación.

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