Editorial: Queda todo por hacer

El miércoles, el gobierno municipal que encabeza la intendenta Graciela Rosso cumplió su primer año al frente de Luján.
La comparación entre las promesas de campaña y el trabajo realizado arroja un saldo desfavorable. La realidad indica que el cambio que la mayoría de los lujanenses esperaba ver concretado después de 12 años de desaciertos princistas todavía está en pañales.

A modo de ejemplo, los caminos rurales siguen en pésimo estado, no se perciben mejoras en el Hospital local, las problemáticas ambientales continúan intactas y la zona ribereña muestra el mismo abandono de hace años.

Esta magra cosecha tiene responsabilidades propias y ajenas. En primer lugar la pesada herencia económica que recibió la nueva gestión terminó por condicionar el desarrollo del gobierno en estos primeros 365 días.

El plan de austeridad, sin embargo, redundó en excusas hacia afuera. La falta de fondos pasó a justificar la ausencia de respuestas a problemas cotidianos, como el pésimo estado de las calles. En contraposición, hacia adentro el número de cargos políticos no mostró crisis económica alguna y mantuvo los elevados índices de la época princista.

A la escasez de recursos propios se sumó la ausencia de financiamiento provincial y nacional, punto fuerte del discurso que Rosso mantuvo durante la campaña electoral del año pasado.

Su tan publicitada cercanía con la presidenta Cristina Fernández de Kirchner no redundó, hasta el momento, en beneficios para Luján. Sobre este punto, en las filas del gobierno son optimistas porque aseguran que el desembarco de planes de obras públicas comenzará a reflejarse a partir del año que viene. Como señal de esta posible realidad futura, remarcan la inminente puesta en marcha de las repavimentaciones de la ruta 192 y del camino a Carlos Keen, y la promesa de agua corriente y cloacas para todo el partido.

En el plano estrictamente político, Rosso terminó su primer año de gobierno con el sector de María Inés Fernández ocupando las filas de la oposición. La alianza electoral duró apenas un triunfo. Logrado el objetivo de derrotar a Prince, los puntos de acuerdo se esfumaron en pocos meses. Las disputas internas derivan en reiterados cambios de funcionarios que mantuvieron ocupado a un gobierno que sumó así un problema más a los ya existentes.

En ese marco de complicaciones, la jefa comunal prefirió la confrontación al consenso. Si algo cosechó Rosso en su primer año como intendenta fue enemigos. Los frentes de batalla abiertos fueron demasiados para un gobierno en proceso de armado.

En relación directa, la comunicación ocupó uno de los puntos más endebles de la gestión. A veces por omisión, otras por comunicarse “a los gritos”, Rosso fue enemiga de la mesura necesaria para llevar adelante un municipio que presenta serias dificultades. En definitiva, las reiteradas peleas promovidas desde el Departamento Ejecutivo terminaron generando una sensación negativa en la sociedad y reduciendo el enorme capital político que el gobierno heredó el 10 de diciembre del 2007.

Cumplido el primer año de su gestión, Rosso debería tomar notas de los errores cometidos porque todavía está todo por hacer. El gobierno, si lo sabe aprovechar, tiene a su favor otros tres años por delante para demostrar que el cambio prometido puede ser una realidad que redunde en beneficios para todos los lujanenses.

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