Editorial: Primero las personas, después el movimiento

Todas las energías del gobierno comunal vuelven a dirigirse a acciones que poco y nada aportan para los lujanenses. Ahora la prioridad son las internas.
La intendenta Graciela Rosso, lejos de tomar con calma y firmeza la tarea de la gestión, se ocupa por estos días de los fantasmas de la desestabilización y sale a pelear la interna del Partido Justicialista con el ex intendente Miguel Prince.

Las ambiciones personales de los dos, que no pueden dormir si no abrazan una porción de poder, desembocan en un enfrentamiento que tendrá su cumbre en las urnas del próximo 30 de noviembre.

En el marco democrático que felizmente sigue cumpliendo años, la instancia de internas partidarias es un ejercicio saludable. En teoría, es el paso que ayuda a refrescar los cuadros políticos en los partidos y que tarde y temprano terminarán siendo funcionarios. Eran, en algún tiempo, abiertas, permitiendo a todo el padrón elegir autoridades de los partidos políticos. Poco duró ese “exceso democrático”. En la actualidad, la apertura o la restricción para el voto de los no afiliados parece ser sólo una estrategia de quien las convoca. Las autoridades del PJ decidieron que el 30 de noviembre sólo voten los que completaron su ficha.

Por otra parte, para que ese contexto de la interna sea realmente saludable, cada uno de los que sale a pelear espacios debe basar sus acciones en propuestas, en programas, en proyectos.

Dentro de un mes, en Luján, ¿qué proyectos, programas o propuestas salen a dirimir Rosso y Prince, candidatos a presidir el PJ local? Desde otro enfoque, ¿para qué Rosso buscar dirigir a esa estructura partidaria? ¿O por qué Prince no cumplió con su palabra del ostracismo, la reflexión y mea culpa y en menos de un año reaparece en la arena política?

La respuesta ya está dicha; ninguno de los dos puede pegar un ojo si no tiene su cuota de poder asegurada.

Prince quedó totalmente desestabilizado después de la derrota de octubre pasado y encara todos los caminos posibles que lo ayuden a regresar a su amado edificio de San Martín al 500. Intenta lavarle la cara a su vieja estructura, pero sólo consigue socios circunstanciales que más rápido que despacio saldrán a pedirle favores a cambio. En sus filas, sólo hay lugar para los que repiten ciegamente “Sí Miguel”.

Rosso, por su parte, sabe que en octubre pasado ganó una elección y que ese mismo día el andamio que la llevó al triunfo comenzó a resquebrajarse. Quiere reforzarlo, porque de lo contrario llegar al 2011 será una verdadera tortura.

Con esa preocupación logró sumar a un puñado de dirigentes. Los justos y necesarios para el armado de una lista.

¿Qué mejorará en Luján a partir del 1º de diciembre? ¿Mejorará algo? En realidad, lo único que se define es la propiedad de los sellos y los fondos partidarios, y la imagen que cada dirigente local ofrecerá a las autoridades provinciales y nacionales del PJ. No será lo mismo para Rosso gobernar con el partido en su bolsillo, que con esa estructura abiertamente en contra.

¿Qué relación guarda esta realidad con las carencias y urgencias de los vecinos? Ninguna. ¿Qué necesidades serán saldadas a partir de la concreción de esta interna? Ninguna. Tal vez por eso la mayoría de los lujanenses se apresta a mirar de lejos el circo romano que están dispuestos a montar Rosso y Prince.

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