Editorial: Premios y castigos

Sin oposición fuerte dentro del Concejo Deliberante y sólo con observaciones menores que no modifican el núcleo de la propuesta, los ediles están próximos a aprobar lo que podría denominarse un "tarifazo".
Hay acuerdo respecto de la necesidad de adecuar los valores que se cobran en las ventanillas de la Municipalidad, porque son precios de servicios o tasas unos tres años atrasados, con una inflación que no es la que difunde el INDEC.

Una digresión: si el Departamento Ejecutivo local es tan kirchnerista como lo ratifica cada opinión o posición política, no estaría mal que calcule el aumento en las tasas a partir de la inflación oficial. Sería un pequeño alivio para los bolsillos lujanenses.

Tal como adelantó este medio en su edición del sábado pasado, el incremento se calculó en la mayoría de los montos a partir de los aumentos de salario de los empleados municipales, que entre 2006 y 2009 estaría rondando el 47 por ciento.

Concejales de todas las gemas peronistas –oficialistas y opositores-, de la Unión Vecinal y de GEN entienden que las cuentas no dan y que hay que aumentar las tasas y derechos que pagan hoy los ciudadanos.

Sin embargo, la medida esconde una enorme injusticia que hasta ahora ninguno de los concejales salió a denunciar con énfasis.

EL CIVISMO pudo saber que por la tasa de recolección, el municipio tiene una recaudación del 40%. Dicho de otro modo, que el 60% de los vecinos no paga, aunque igual diariamente saca su basura y se la retiran de la puerta de su hogar.

El 56% de los lujanenses paga la tasa por Servicios Sanitarios y un 52% tienen al día su boleta de la mal llamada "tasa agraria".

También se supo que la tasa de Seguridad e Higiene es abonada por el 46% de los contribuyentes o, tal vez para que se entienda mejor, que el 54% de los lujanenses no la paga.

En el casco céntrico, la recaudación promedio que consigue el municipio es del 55% y baja hasta un 35% en promedio en los barrios de los alrededores y las localidades.

Es decir que a la fecha y teniendo en cuenta las cuotas vencidas, a grandes rasgos, la mitad de los vecinos no cumple con sus obligaciones tributarias. ¿Las razones? Múltiples.

¿Qué hace el gobierno local ante semejante panorama? La receta más sencilla: aumentar los valores de todo lo que cobra. Con ello se intenta mejorar la recaudación para solventar salarios y cubrir los costos de mantenimiento de la comuna.

¿Quiénes terminan solventando la fiesta? Ese mismo 50 por ciento que hoy cumple rigurosamente con sus obligaciones tributarias. Digan lo que digan, es un castigo para quienes cumplen y un premio para los morosos.

Nunca se analizan con seriedad otros dos caminos que tendrían mucho más que ver con la justicia social que tanto se pregona y tan poco se aplica. Por un lado, planificar el modo de seducir a los contribuyentes, con beneficios, moratorias y, en especial, con una buena utilización de los recursos, visible para cualquier ciudadano: más y mejores servicios, reparación de las calles, obras para mejorar la infraestructura, entre muchas opciones.

Se debería, además, mejorar el sistema de control de los incumplimientos, algo que sólo se ajusta en los momentos en que las cuentas están en rojo.

El otro camino parece clausurado: trabajar seriamente en una reducción de los gastos superfluos. En esa materia, el gobierno actual sigue algunos lineamientos del anterior, con contrataciones y designaciones permanentes y temporarias que dilapidan los recursos sin resultados a la vista.

Si no se avanza en estas dos últimas direcciones, sólo se fortalecerá este sistema trastocado de premios y castigos para cumplidores y evasores.

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