Editorial : Un plebiscito innecesario

"Los que creen que los cambios se pueden hacer sólo mirando a nuestra ciudad, sin reparar en la provincia y en el resto del país, no entienden nada de política", gritó la intendenta y candidata a concejal Graciela Rosso desde el escenario en el que, esta semana, lanzó su propuesta para las elecciones.
Ella, que comenzó como solitaria militante del Partido Comunista y supo ser una dirigente más en el Frepaso de Luján, pero en escasos años llegó a ocupar algunos de los cargos más altos del gobierno nacional, fue elegida diputada nacional y ganó la contienda para acceder a una Intendencia, sin duda que entiende a la política actual mejor que muchos de los mortales.

Tal vez ese entendimiento superior le ayude a trasmitir a la comunidad a la que eligió gobernar –y lo logró a fuerza de votos- que trascurrido apenas un año y cuatro meses de gestión, decida hacer un paréntesis en la administración para dilapidar tiempo y recursos en una campaña ficticia, testimonial.

El discurso de ocasión de los kirchneristas indica que el proyecto es uno solo y que hay que colocarse donde la necesidad lo indica.

Según esa visión, las instituciones y la división de poderes –como señalamos días atrás- no son más que molestias, que un "escollo", como vociferó la presidenta Cristina Fernández de Kirchner. Funcionarios y figuras que saltan de un cargo al otro, que abandonan sus mandatos, que son candidatos para lo que no piensan asumir. Todos a cambio del proyecto de país que dice estar construyendo el matrimonio Kirchner. Todos a cambio de derrotar a presuntos fantasmas desestabilizadores.

Tal vez aquel entendimiento de Rosso sobre la política aporte explicaciones al escenario que terminó de conformar esa postura kamikaze que acepta la intendenta.

Hace menos de un año y medio que asumió una comuna –en esto sí suena verosímil- devastada y todavía está tratando de encaminar su gestión, de hacer pie. Sigue debiendo millones de pesos, tiene a su gabinete copado de colaboradores "extranjeros" porque no logra sumar profesionales de Luján, todavía no gobernó un solo año con presupuesto propio, y tiene latentes gran cantidad de peleas con instituciones y sectores sociales con los que no obtiene una relación adecuada.

En ese contexto, Rosso elige la postura del soldado obediente que se suma a la batalla electoral y pone en riesgo la gobernabilidad de lo que resta de su mandato, a cambio de sumar al gran proyecto nacional.

Ni siquiera pretendemos, desde esta observación, poner en tela de juicio si el barco del kirchnerismo puede llegar a buen puerto. Y que esta causa que difunden –pero no aplican- como popular, pluralista, democrática y participativa merezca que los intendentes arriesguen todo a cambio de nada.

Rosso aceptó someterse a un verdadero plebiscito. Si pierde, le quedan más de dos años de calvario administrativo. Y los lujanenses volvemos a quedar en el medio, perdiendo valiosos años, gastando valiosos años en discusiones infructuosas.

Comentá la nota