Editorial: Plata no hay

Que la intendenta Graciela Rosso se haya juntado en estos días con el ministro de Economía de la provincia de Buenos Aires, Alejandro Arlía, no debería sorprender y mucho menos preocupar a nadie.
Pero la noticia modifica su impacto si uno se entera que quien pidió el encuentro fue el funcionario bonaerense, que a su vez pretende repetir esta experiencia con varios jefes comunales. No se gestó porque Rosso quería pedir recursos, sino porque Arlía está avisando que faltará dinero.

El interés periodístico se incrementa si se acceden a los datos económicos y financieros de la Provincia, primero, y del municipio de Luján, en segundo término. En ambos los recursos escasean y desde los despachos que dependen de Daniel Scioli prácticamente todos los días tienen que salir a desmentir la reaparición de bonos o "nuevos patacones" para asumir sus compromisos de pago.

Desde el Ministerio de Economía bonaerense se avisa que habrá freno en algunas obras, restricciones en otras y que las compras serán las mínimas e indispensables, porque de lo contrario se complicaría, entre otros "detalles", el pago de salarios.

En ese contexto, el municipio de Luján pidió una mejora en el porcentaje de coparticipación bonaerense porque la recaudación no es la esperada –se está lejos de ello-; el presupuesto sigue esperando su aprobación en el Concejo Deliberante; los servicios e insumos aumentan; los sueldos hay que abonarlos y un aumento en la tasa no redundaría en una mejora de los fondos. Pero, volviendo al contexto, que ese pedido rinda sus frutos tiene casi las mismas chances que la solicitud de Rosso para que Scioli cierre el bingo local.

Por todo lo mencionado, hay motivos para encender el alerta. Seguramente desde Provincia se articulará todo lo necesario para que no falten los recursos mínimos que aseguren el pago de salarios en los municipios, el sostenimiento de los proveedores esenciales y la realización de acciones que demanden urgencia. Sin embargo, gobernar no es sólo "mantener lo que está". Se debería aspirar a mejorar la calidad de vida de los ciudadanos.

Y es allí donde la preocupación aumenta. Sin irnos de Luján, podemos citar una larga lista de obras pendientes que sin recursos externos se transforman en utopía.

Un rápido repaso le otorga asidero a la preocupación anticipada. En los últimos años de gestión municipal, las obras que se realizaron con recursos genuinos han sido pequeñas y escasas, por no decir insuficientes -que sonaría un tanto lapidario-.

La plaza Belgrano y su entorno; la refacción de la Basílica; la repavimentación de la ruta 192; las mejoras en el camino a Carlos Keen y su extensión hacia Villa Ruiz; algunos tramos de lo que algún día será la autopista 5, no se hicieron con plata generada en Luján. En todo caso, que Rosso y Miguel Prince se peleen por aparecer como los gestores de cada financiación.

Lo cierto es que el listado de obras en espera es largo: la reparación de la planta depuradora de líquidos cloacales del barrio San Bernardo; la nueva y mil veces prometida planta depuradora en Open Door; la extensión de la red de cloacas y agua potable; el cierre definitivo del basural municipal; la limpieza del río Luján; la puesta en valor de su ribera; el crecimiento de un sistema de cámaras de seguridad que actualmente sólo funciona con lo mínimo, son sólo algunas de las demandas urgentes que precisan de recursos externos.

Scioli le pidió a su ministro de Economía que comience a avisar a los intendentes que faltarán recursos. Cada jefe comunal sabrá cómo enfrentar la sequía. En Luján, luego de dos años de gobierno con la billetera oficial a disposición, Rosso no logró el respaldo mayoritario de los vecinos. Toda una incógnita para los próximos dos años: tendrá que administrar con los grifos de recursos externos cerrados.

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