Editorial: Perdón señora, ¿usted dijo escollo?

La presidenta de la Nación, Cristina Fernández de Kirchner, anunció la semana pasada el envío al Congreso de un proyecto para adelantar las elecciones legislativas del corriente año, de octubre al 28 de junio. Justificó la medida en la necesidad de “superar el escollo electoral” para que “todos los esfuerzos estén orientados a sostener el nivel de actividad económica y el nivel de empleo en el marco de la grave crisis actual”.
Eso que los medios visuales llaman “videograph” fue piadoso con la presidenta y no destacó su frase. Sólo titularon “se adelantan las elecciones”. No repararon, además, en otro “escollo”: la aprobación del Congreso, sin la cual la propuesta oficial sería inviable.

Al otro día la frase sonó de manera incansable en las radios. “...en la necesidad de superar el escollo electoral”, había dicho la presidenta y todos se encargaban de divulgarlo.

Con el correr de las horas, el impacto inicial se trasladó a la oposición, que debía responder con una postura y definir cómo superarían el “escollo” que ahora le había presentado el gobierno.

Desde entonces, abundaron los análisis de la noticia. Un gobierno debilitado que fuga hacia delante; una diáspora partidaria que dejaba al kirchnerismo demasiado solo para enfrentar las urnas en octubre; problemas macroeconómicos que no son graves hoy pero sí lo serán en octubre, con irremediable repercusión en la sociedad, y la estrategia por complicar posibles acuerdos, alianzas y sumas dentro de la oposición.

Pero el análisis merece un enfoque más, que sólo fue vislumbrado por una ínfima cantidad de políticos y analistas: la máxima autoridad del país, elegida democráticamente en elecciones populares, calificó a los comicios como un escollo.

La oportunidad de toda la ciudadanía de escoger mediante el voto a sus representantes, es considerado públicamente por la presidenta de la Nación como un obstáculo, dificultad, tropiezo, inconveniente, impedimento, complicación, barrera, atascadero, según la ayuda del diccionario de “word”.

Pocas frases de la primera mandataria -acostumbrada a la improvisación en ocasiones que ameritan un discurso meditado- han tenido un contenido tan grave como la expresada la semana pasada.

Más allá del análisis minucioso que se puede realizar sobre la determinación de adelantar las elecciones como si se tratara del horario de festejo de un cumpleaños en un salón de fiestas, es inconcebible que las máximas autoridades políticas, elegidas en sucesivos escollos, entiendan a los comicios como un problema, como una complicación. Ni siquiera para mentir se habla en la actualidad del sano ejercicio de las elecciones, en las cuales los ciudadanos tienen la oportunidad de sufragar de acuerdo a propuestas, candidatos, ideologías, planes a futuro o promesas. Ahora los argentinos tenemos que ir a votar, apurados, para que el gobierno supere ese dificultad y pueda abocarse a los serios problemas de gestión, que sería bueno saber cuáles son.

Cristina Fernández está apurada porque nos acecha la crisis. Y demuestra, entre otras cosas, que no tiene capacidad para debatir métodos para enfrentarla. Prefiere que todos elijamos algo –evidentemente, no importa qué- antes que la crisis internacional haga desastres y eleve el precio de las carteras Louis Vuitton.

Es inconcebible que las máximas autoridades políticas, elegidas en sucesivos escollos, entiendan a los comicios como un problema, como una complicación. Ni siquiera para mentir se habla en la actualidad del sano ejercicio de las elecciones.

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