Editorial: ¿Para qué esas notas?

La pregunta aparecía mientras se recavaba información. Y también cuando se comenzó a difundir la intención de publicar una serie de notas bajo la etiqueta "Contaminados".
Un trabajo periodístico que tiene la intención de repasar los aspectos históricos, del pasado reciente, del presente y cierta proyección futura de la incompatible relación entre una de las curtiembres más grandes del país y un pueblo que supo ser un paraíso, y que desde hace más de una década está sujeto a las agresiones caprichosas de esa industria. "¿Para qué esas notas?", se preguntó insistentemente.

No eran menos las autoridades políticas, referentes partidarios, dirigentes de ONG’s, vecinos y hasta compañeros de trabajo que ante la elaboración de cada una de las notas –no menos de doce, de las que hoy publicamos la segunda parte- sentenciaban: "Igual, no va a pasar nada".

Sobran los argumentos para comprender a cada una de esas posturas. De hecho, sin ánimo pesimista, lo más probable es que se hayan publicado todas las notas y nada ocurra; que Curtarsa siga creciendo desde el corazón de Jáuregui y que con su crecimiento avasalle todo lo que se cruce en su camino: el aire puro, las napas de agua, el cauce del río, el suelo donde apoye sus barros.

En definitiva, no sería diferente a lo que ocurrió desde su desembarco en el pueblo y su posterior inyección de recursos extranjeros para transformarla en un monstruo que impone sus condiciones a los gobiernos de turno y que consigue en Provincia lo que por vergüenza, por omisión o pruritos se le niega en Luján.

Curtarsa nació y creció en Jáuregui con el amparo y un puñado de oficios sucios de operadores rentados que respondían al vecinalista Silverio Pedro Sallaberry, al radical Rubén Darío Rampazzi, al peronista Miguel Ángel Prince. Como jefa comunal, Graciela Rosso hace poco tiempo que lidia con la curtiembre y por ahora tampoco puede exponer resultados. De hecho, no los logró en sus tiempos de funcionaria nacional vinculada con la Salud y tampoco en su paso como diputada nacional en el Congreso.

Supimos tener a una diputada provincial que presidió la Comisión de Medio Ambiente de la Cámara platense, María Inés Fernández, pero ninguna acción llegó a preocupar a la curtiembre y sus intereses económicos.

Lo irrefutable es que el olor a podrido es constante y los especialistas aseguran que es apenas una muestra del mal manejo de sus procesos productivos. Tampoco se podrá negar que el río es una cloaca a cielo abierto, cromada en sus costas porque jamás se le impuso un corte a las descargas industriales y municipales de Mercedes y Luján.

Pero hay otros elementos quizás no tan tangibles que exponen la gravedad del caso. Curtarsa utiliza millones de litros de agua potable por mes que, sin control alguno extrae, de las napas subterráneas. Utiliza a ese recurso como un eslabón de su cadena productiva y nadie le pide que rinda cuentas.

Además, las entidades del pueblo que supieron organizarse bajo la sombra de esta amenaza afirman, con dolorosas pruebas en la mano, que hay registro de enfermedades en conexión directa con la contaminación.

De todos estos temas expondrán las notas que comenzamos a publicar el sábado pasado y que hoy sigue con su "Parte II", dedicada a la organización comunitaria.

Horas después de que saliera a la luz la primera parte de esta serie de informes, el bloque de la Unión Vecinal comenzó a redactar un pedido de informes en el que, entre otras solicitudes, insiste en la necesidad de estudiar una relocalización. Se trató en la sesión del jueves. El tema, al menos por minutos, volvió a ser prioridad. No todo será en vano.

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