Editorial: Obscenos

"Paradójicamente, los sectores más pobres, aquellos que tendrían toda la razón de exhibir un puño cerrado o un gesto crispado, son ellos, los humildes de la patria, los que tienden su mano solidaria".
"Yo me dirijo a esos argentinos, a los que más se han beneficiado con estas políticas, que miren este país y todo lo que falta. No estamos contra los que más ganan. Sí es hora de que los que tanta suerte han tenido con estas políticas y más han ganado, es hora de ser más solidarios y de redistribuir la riqueza por el bien de todos los argentinos".

"Es hora de que todos los argentinos y sobre todo los que han tenido la suerte de ser más favorecidos en la vida, entiendan la necesidad de contribuir para lograr más justicia y equidad. Mientras haya un pobre en Argentina nadie puede sentirse bien o conforme".

"Me hierve la sangre cuando veo tanta pobreza y tanta avaricia al mismo tiempo. La avaricia de los que nunca entendieron que en la solidaridad y en el crecimiento parejo de la sociedad está la clave para la felicidad en serio de los argentinos".

Estas frases que se enumeraron podrían haber sido pronunciadas por Margarita Barrientos, responsable del comedor "Los Piletones", en Villa Soldati; del Centro de Salud "Angela Palmisano"; del Programa Nutrir; de la Guardería San Cayetano; de una farmacia comunitaria; del Centro de Día "José Silva" o de la Biblioteca "Aportando al futuro", entre otras iniciativas.

Barrientos tendría razones de sobra para manifestarse con ese tono, con esos conceptos, porque día a día necesita de la solidaridad para aportar un granito de arena en contra de la pobreza estructural.

Bien podrá tratarse de reflexiones ofuscadas de Susana Melgarejo, otra mujer que según trascendió esta semana se encuentra al frente del comedor "Las voluntarias de María", ubicado en el Barrio Trujui de San Miguel y que en la actualidad no sabe cómo reunir el alimento diario para ofrecer una ración a unas 250 personas por día.

Son frases que hablan de los argentinos, razón por la cual se descarta: tampoco fueron expresadas por Muhammad Yunus, el premio Nobel de la Paz que creó el Banco Grameen en Bangladesh y desde allí tejió redes solidarias y productivas en el mundo para sostener cientos de miles de microcréditos para las personas carenciadas.

Las tres opciones, entre muchas posibles, son erróneas. La autora de esas frases es la presidenta de la Nación, Cristina Fernández de Kirchner, esposa del ex presidente Néstor Kirchner.

Ella y su marido acaban de reconocer que su patrimonio aumentó 158 por ciento en un marco de crisis. Según su propia declaración jurada, en 2008, el primer año de Cristina como presidenta y de Néstor como ex mandatario, sus bienes patrimoniales pasaron de 17 millones de pesos a 46 millones de pesos.

El fuerte incremento se basó en la venta de 16 inmuebles en Santa Cruz, por $ 14.525.800; en la casi triplicación de sus depósitos bancarios, que entre enero y diciembre de 2008 pasaron de $ 13.515.021 a 32.174.258, y en la creación de dos nuevas empresas, Hotesur S.A. y Co Ma S.A., con las que los Kirchner expandieron sus negocios hoteleros en El Calafate.

Un dato más, dentro de los muchos que están a disposición de cualquier lector curioso que indague mínimamente en internet: el 12 de enero del año pasado Kirchner vendió por $ 6.300.000 un terreno de 20.095 metros cuadrados que había comprado el 1° de marzo de 2006 por $ 132.079. Con esa sola operación ganó $ 6.167.921.

¿Cómo explicar ese crecimiento? ¿Con qué sustento pueden pararse en una grada y gritar a los cuatro vientos contra los que se benefician con las políticas actuales? ¿Se puede ser tan caradura?

¿Es posible semejante obscenidad económica? Con sólo mirar el patrimonio de quienes nos gobiernan desde 2003, está claro que esa obscenidad es posible. Y que la Justicia prefiere mirar para otro lado.

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