Editorial: La nueva política

Pueden representar a los intereses electorales del oficialismo. Quizás su plataforma sea de la extrema izquierda, con muchas menciones al pueblo, la gente, el FMI, los jubilados y los salarios dentro de sus explicaciones de campaña.
La derecha también suele caer en ese mismo argumento. Y ni qué hablar de los candidatos que surgen desde espacios vecinalistas o de armados políticos que no responden a las viejas estructuras partidarias.

Hay un punto en que los candidatos a concejales, senadores o diputados coinciden. Y que en esta ocasión, a dos semanas de las elecciones, vuelven a confluir: se trata de la promesa de traer en sus espaldas, en sus listas, en sus propuestas y en sus iniciativas, la impronta teórica de "la nueva política".

No estamos hablando de improvisados. Si se les pregunta a los candidatos de cualquier tonalidad ideológica qué quieren decir con eso de la nueva política; qué se esconde detrás de ese anunciado, tendrán respuestas: "queremos algo diferente a lo que está ahora, porque así no se puede seguir más"; "queremos seguir profundizando el modelo"; "nuestra idea es modificar los beneficios para los mismos de siempre"; "nosotros pretendemos imponer la ética y los valores que se han perdido"; "lo nuestro es la política de la transparencia, la honestidad".

Sin querer machacar sobre la obviedad, esas frases y otras tantas que se suelen escuchar en estos días, son vacías de contenido. Los políticos en campaña creen que la ciudadanía quiere escuchar eso de la nueva política. Y ni siquiera reparan en la desvalorización de la expresión cuando todos, absolutamente todos, prometen lo mismo.

Por otra parte, ¿qué margen para aplicar una nueva política tienen todos los candidatos que se presentan a un comicio luego de sortear todos los escollos de la vieja política? Si no respetas las formas impuestas, es probable –como lo comprueban diferentes agrupaciones- que tu lista sea bochada en la misma Junta Electoral de siempre.

No menos llamativa es esa promesa de llegar a una banca para desarrollar una nueva política, cuando la difusión de sus propuestas o, mejor dicho, de un par de slogans, se realiza cumpliendo todos y cada uno de los vicios de campaña. Nueva política publicitada desde volantes, afiches, pasacalles, paredes pintadas y megáfono rodante.

Y además, ¿cómo quieren desplegar esa nueva política desde una banca de concejal, diputado o senador? Por lo que se escucha, desde ningún espacio –oficialista u opositor- se propone un trabajo concreto con las organizaciones no gubernamentales; mucho menos impulsar la creación de empresas sociales o de cooperación mutua entre las entidades y el Estado, lejos de las dádivas oportunistas. En todo caso, habría que preguntar si para ellos estos ejemplos no son caminos de una nueva política, o si creen que la nueva política es la que se debate alrededor del programa "Gran Cuñado", con actores o humoristas disfrazados de políticos.

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