Editorial: Nada es casual en el Hogar Granja

El robo de ¿60.000? ¿80.000? ¿100.000? ¿Más de 100.000 pesos? que se guardaban en una cajita dentro de un mueble en el Hogar Granja Padre Varela, organismo dependiente de la Municipalidad de Luján, es apenas una muestra más del destrato de las autoridades políticas con los ancianos.
Día a día, a través de los paupérrimos servicios sociales, de salud y de asistencia general, las autoridades nacionales, provinciales y municipales les roban a los jubilados y pensionados porciones de dignidad. Hace dos semanas el robo fue menos abstracto y personas con total conocimiento del sitio en el que se alojaba el dinero de los habitantes del Hogar Granja se apoderaron de un monto desconocido de plata y del libro en el que, supuestamente, se asentaban los ingresos y egresos.

Al margen de algún oportunismo opositor, como el esbozado por las autoridades del Partido Justicialista, desde el momento en que se informó del atraco, las autoridades locales actúan con gran preocupación. Y si se define a lo realizado hasta ahora como una actuación es porque simplemente el dinero aún no apareció, no se articularon las acciones para poder devolverlo y mucho menos para dar con los autores de semejante acto. Sólo el amague de sumariar a los empleados que pudieron ver o escuchar y, lamentablemente, no vieron ni escucharon nada.

El robo en el Hogar Granja, insistimos, es la punta del iceberg que conforma la escasa atención a un servicio que debería ser ejemplar. Se sabe que la mayoría de los viejitos que viven allí no eligen esa situación y tratan, con lo escaso que les queda a su alrededor, de terminar sus día de modo digno.

Desde el gobierno municipal –el actual y también el anterior- se pretende difundir la imagen de una atención ejemplar, con sumo cuidado por cada persona que allí pasa sus días. Se cree que la realización de un puñado de fiestitas por año, con torta, música, aplausos y fotos, está cubierta la dosis de asistencia y simpatía para con los abuelos. La realidad es otra, muy diferente a la que podrían reflejar esas ceremonias.

La realidad es que el Hogar Granja es un depósito de funcionarios de segunda línea y empleados municipales que no están en sintonía con la gestión de turno. En el municipio es sabido que aquellos que terminan en el Hogar Granja no llegan a ese establecimiento por su destacada formación para la atención de gerontes, sino que son derivados a ese sitio de la ruta 7 cuando molestan, no sirven o son castigados dentro de la Casa Municipal.

Y que, como consecuencia directa de esa práctica habitual, no se logra la debida atención para los internos en ninguno de sus aspectos. Por eso la plata de los viejitos se guardaba en una caja; por eso resultó tan sencillo robarla sin que hasta ahora se puedan encontrar a los culpables. Por eso podrían seguir sucediendo episodios desagradables en el espacio municipal para el cuidado de abuelos.

Mientras las autoridades sigan menospreciando el servicio que allí se brinda, nada debería sorprender. Hace meses se abrió una causa judicial para investigar presuntas atrocidades ocurridas con una abuela dentro de esas cuatro paredes. Nunca se supo nada sobre esa investigación. Ahora, un Hogar dirigido por un funcionario (Luis Gómes) al que Graciela Rosso desplazó de la Dirección de Recursos Humanos por ineficiencia, sufre el robo del dinero de los abuelos. Nada de lo que sucede en ese predio debe calificarse de casual.

Lo que ocurre en el Hogar Granja no tiene la crudeza de aquel relato memorable de Adolfo Bioy Casares en "Diario de la Guerra del Cerdo". Pero hay acontecimientos que remiten inexorablemente a ese texto.

Comentá la nota